Edición del 10/5/2009
Jorge Marziali regresó con su poesía a Santa Rosa
El cantautor cuyano visitó este fin de semana nuestra provincia. El viernes acompañó a "Los Ranquelinos" en el Teatro Español y anoche ofreció un recital en General Pico. "La música no es un rebusque, sino una elección", asegura.
Crear y componer no es carrera, sino tarea, una construcción diaria, dice Jorge Marziali, un cantautor que se reconoce fuera de "las reglas del mercado y la difusión desesperada". Hace casi tres años que no visitaba Santa Rosa, aunque su obra muy a menudo es evocada desde los escenarios por las voces de los artistas locales y de los que llegan desde otros sitios del país.
En aquella oportunidad, había llegado para participar del ciclo dedicado a la canción infantil, organizado por la Dirección de Cultura Municipal, en forma conjunta con el Movimiento de Música para Niños (Momusi), que integra. Esta vez, vino para cantarle a los grandes y se unió al recital que brindó el viernes en el Teatro Español el dúo "Los Ranquelinos", junto a los guitarristas Osvaldo Lagos y Eduardo Del Viso y el ballet de la academia "El Chúcaro".
Este viajecito por La Pampa concluyó anoche en General Pico, donde sacó nuevamente esa "mezcla" de clásicos y temas que tiene por grabar. "No veo diferencia entre el público de Buenos Aires y el interior: lo más difícil de este oficio es sentirse querido cuando se llega a un lugar y tener que irse y mantener esas relaciones tan lindas a la distancia", dice el cuyano, oriundo de Guaymallén, que se la pasa yendo y viniendo de su casa en Capital a las provincias.
Intuición.
Dejó Mendoza en 1976 por "intuición", resume para ahorrarse una historia que dice es muy larga. "Tenía un buen trabajo, pero sentí que me debía ir".
La primera obra que llevó al universo del disco y el casete fue "Como un gran viento que sopla", en 1983, donde comenzó a mostrar su arte de fino vuelo conceptual y su siempre elogiada síntesis poética. En aquellos años, comenzó a andar el país y vinieron otros trabajos -"Marziali cerca nuestro" (1986) y "Marziali de diario" (1990)-, que lo fueron ubicando dentro del recoleto grupo de creadores, que se conecta con su gente sin las mediaciones propias del circuito comercial.
El soporte CD acogió a "El niño de la estrella" (1997), "Miradas" (1999), "Padentrano" (2004) y "San Lagente" (2007). Ningún verso apareció por obligación, más bien por "acumulación" de imágenes, sonidos, aromas, lecturas y palabras, que el poeta escucha por la calle. "Se me pasan las horas caminando y hablando con la gente". El entorno natural también hace un gran aporte, "enseña más" que cualquier cosa. Todo eso sale de pronto un buen día, sin plan, y "la canción estalla como un llanto o una risa".
El esfuerzo.
Detrás de la poesía, la espontaneidad y el esfuerzo. "Es un trabajo de todos los días, que demanda convicción". No es "un rebusque", sino "una elección de vida". La mayor parte de la tarea sucede fuera del escenario, el hábitat "natural" de un artista, donde "todo es fácil". Al bajarse, hay que estar atento, saber con quién asociarse y autogestionarse "para ser lo más libre que se pueda".
¿Es posible vivir de la música de esta manera? "Sí, siempre que vivir signifique sencillamente alimentarse, vestirse y pagar la luz y los impuestos, también hacer amigos entrañables, conocer el país y representar el sentimiento de la gente".