“Julio Bocca se retiró y el cambio se nota”

Eleonora Cassano y Hernán Piquín concluirán hoy su gira por La Pampa. El viernes estuvieron en Acha y ayer en Pico. “No es necesario ser un entendido para disfrutar de la danza”, asegura la bailarina.
“Siempre me identifiqué con el proyecto que impulsó Julio de llevar la danza a recorrer las provincias”, dice Hernán Piquín, primer bailarín del Teatro Colón, en diálogo con LA ARENA. Esta noche, llegará junto a Eleonora Cassano y el Ballet Argentino –la compañía creada por Bocca en 1990– al Aula Magna de la Universidad Nacional de La Pampa. La función comenzará a las 21 y anticipa dos obras clásicas y una de tango.

La partida.
El elenco cumplió este fin de semana con una gira por nuestra provincia. El viernes se presentó en General Acha y anoche en General Pico. “La propuesta es mostrar diferentes repertorios para que el público se atreva a acercarse a la danza”, explica Cassano. La última vez que el Ballet Argentino visitó nuestra ciudad fue en abril del año pasado, para acompañar a su fundador en el maratónico tour de despedida de los escenarios del mundo, que emprendió por varios meses y concluyó a los pies del obelisco porteño en diciembre.

Tras su retiro, asumió la dirección del cuerpo artístico y, en el interior de la compañía, se percibe el paso hacia una nueva etapa. “Julio dejó de bailar y se nota el cambio”, explica Piquín, elegido por Bocca como su sucesor. Antes, era habitual entre los integrantes escuchar música y sentarse en las butacas del sitio donde trabajan para ver cómo bailaba la estrella de la danza. “Ahora hay otra gente ensayando y es Julio el que mira, pero está presente, exigiendo mucho y animándonos a emprender cosas nuevas, como lo hizo él con su carrera”, relata el bailarín que se animó a protagonizar un filme musical –“El romance del Aniceto y la Francisca”– de Leonardo Favio, que estrenará en breve.

Lo de Bocca no fue cosa de palabras. Piquín estaba en Italia, cuando le comunicó que pronto le pasaría la “corona” y sería él la principal figura masculina del ballet. “Volví a la Argentina y sabía que iba a tener esa responsabilidad”. Las puertas se abrían en varios sitios del mundo, pero compartía la idea de difundir la danza, en especial por la Argentina, que había llevado a la creación de este plantel artístico.

“Cuando el público puede acceder a propuestas más amplias de la danza, comprende que no es necesario ser un ‘entendido’ para disfrutar de un ballet”, dice Cassano, que formó parte del proyecto de Bocca desde sus primeros viajes por Latinoamérica. No se trata de tener los ojos adiestrados para descifrar cada sutileza de la técnica, sino de poder encontrarse con las emociones que irradian desde el escenario. “Los bailarines no somos sólo piruetas: hay toda una serie de lenguajes que vienen desde nuestro interior y confluyen en nuestra interpretación”, explica.

Diversidad.
Al igual que Bocca, con quien compartió sus años de formación en el Teatro Colón, Cassano emprendió una búsqueda más “ecléctica” en cuanto a la diversidad de géneros por los que transitó su carrera. El punto de inflexión fue a mediados de los ’90, cuando incursionó por el teatro musical con “La Cassano en el Maipo”, sala cuya dirección artística se encuentra actualmente a cargo de Bocca.

Siguieron “Cassano dancing” y luego, “Eva Duarte”, una obra de danza teatro especialmente compuesta para ella. Era una “necesidad interior” y la experiencia la transformó en una artista más completa, dice. “No me costó adaptarme a esa nueva rutina y, cuando regresé al clásico, lo hice con mis posibilidades expresivas muy enriquecidas”.