“La magia de los títeres sigue intacta”

Ayer se vieron en el Centro Municipal de Cultura cuatro funciones de la obra infantil “La leyenda del caballero Jorge y el dragón”. La autora de la pieza habló sobre la vigencia de los protagonistas de “trapo” en el teatro.
“Los chicos son pura expresión y reciben con los brazos abiertos a los muñecos en cada función”, explica Viviana Rogozinski maestra y titiritera, que llegó esta semana a nuestra ciudad para dar un taller de capacitación docente, organizado por la Subsecretaría de Cultura y la Dirección de Educación Inicial de la Provincia. La actividad se desarrollará durante el día de hoy y tiene como propósito difundir las posibilidades de un arte “ancestral” en el proceso formativo (ver aparte).
Una de las obras de Rogozinski pudo verse ayer en cuatro funciones en el Centro Municipal de Cultura. “La leyenda del caballero Jorge y el dragón” congregó después de muchos meses, a alumnos de nivel inicial en un escenario local para ver teatro.

Medio expresivo.
Rogozinski recaló en los títeres luego de varios años de trabajo como docente y la experiencia le permitió encontrar un nuevo disparador de múltiples estrategias educativas y vivencias estéticas. “Los maestros aceptan con facilidad los muñecos, pero habitualmente se los utiliza como recurso para prácticas pedagógicas y no como un medio expresivo en sí mismo”, señala.
En sus talleres, hace hincapié en la sensibilización de los docentes con respecto a los títeres. “Cuando se interpreta un personaje a través de un muñeco, el desafío más grande es dotarlo de vida, animarlo, darle un alma”, sostiene. En este proceso, es fundamental que el cuerpo se encuentre involucrado con ese protagonista de “trapo”, que lo acompañe y que toda la energía del actor esté a su disposición.
¿Cómo hacer para que el actor guarde una relación más estrecha con su personaje? “Debe tomarse el tiempo necesario para explorar y conocer los movimientos del títere, más allá de que fabrique o no sus muñecos”, explica.

Sin restricciones.
Otra de las perspectivas que se propone recuperar Rogozinski en el aula se vincula a los aspectos lúdicos del teatro de marionetas. “Los títeres siguen despertando una fascinación milenaria en los chicos y también en los grandes, quienes se dejan llevar y creen lo que sucede en el escenario”. Su impacto visual y riqueza a la hora de contar una historia “han mantenido intacta su magia”, asegura. En este sentido, los docentes pueden convertirse en verdaderos “facilitadores del juego” con los muñecos.
“No se trata sólo de hablar: hay toda una serie de lenguajes que demanda la representación de un determinado rol y a los que se debe estar atento”. El de los muñecos es un mundo donde “todo es posible”, dice Rogozinski. Como género, tiene “menos restricciones” en los movimientos y esa particularidad constituye una posibilidad interpretativa muy amplia, con respecto al mimo o la danza por ejemplo, donde los pasos o desplazamientos están sujetos a ciertas reglas.
No obstante, los más populares o “folclóricos” en la Argentina son los títeres “de guante” -necesitan ser manipulados por los dedos del actor -, los que menos acciones permiten desplegar. “Son los que más sintetizan el concepto de títere porque dejan realizar pocos movimientos, pero que deben ser aprovechados al máximo en función de la obra y exigen más a quien lleva el personaje, para saber despertar la imaginación en el público”.
La conexión con los espectadores “no puede perderse” porque hay un “canal abierto” de comunicación con ellos, que es más intenso por momentos. “Debe ser flexible para volver con facilidad al espectáculo y evitar que la participación del público se devore la obra”, aclara.

“Buen momento”.
¿Cómo se encuentra el género en nuestro país? Atraviesa un “buen momento”, explica Rogozinski. “En los últimos años, se nota que ha ido ganando espacio, tanto para chicos, como para adultos, con toda clase de propuestas”.
Este despegue se proyecta en la profesionalización del oficio: la figura del titiritero “multifunción” en una puesta ha cedido paso a un trabajo en equipo con directores, guionistas, iluminadores, entre otros roles vitales en el teatro. “Con respecto al resto de Latinoamérica, la Argentina tiene una gran tradición y numerosos maestros, que atraen a muchos actores desde otros lugares del continente, que llegan para formarse en este arte ancestral”.