“Los Tinguiricas” y la otra puerta para entrar a la magia

Un grupo de “actores músicos” ofreció un espectáculo para todo público y “también para chicos”, como bromean a la hora de definir al niño en el que piensan desde el escenario. “Merecen tanto respeto, como los adultos”, sostienen.
“Con muy poquitos recursos y sin mandar a los chicos a que compren alguna cosa, es posible jugar y pasar un buen momento con ellos, a partir de la comunicación que se establece desde el escenario”, asegura Marcos Gowda, uno de los actores que llegó esta semana junto al grupo cordobés “Los Tinguiricas”. El elenco visitó nuestra ciudad, en el marco de los diez años que celebra por estos días el taller de arte para niños y adolescentes “Rayuela”, y se unió a los festejos con diversas actividades.
El programa de cumpleaños había comenzado el fin de semana, con el estreno de la muestra multidisciplinaria, que reunió distintas producciones de los chicos, en el Centro Municipal de Cultura y que continúa en exhibición. “Los Tinguiricas” tomaron la posta el lunes en el Parque Oliver, donde coordinaron un encuentro de expresión lúdica y creación, titulado “Entre tanto, canto”. El martes presentaron su espectáculo, “Caleidoscópico”, en el Teatro Español, junto a distintas representaciones, preparadas por los integrantes del espacio artístico, que dirige Nora Urquiza.
El proyecto que vino desde la docta también está cerca de completar una década. Hace nueve años que el trabajo y el estudio reunió en la capital mediterránea a los cinco “actores músicos”, como les gusta definirse, aunque se podría agregar bailarines, cantantes y autores. Si bien viven en Córdoba, ninguno nació en esta ciudad. Esquel, Bariloche, Sunchales, Resistencia y Buenos Aires son los sitios que dejaron para encontrarse en esta aventura de investigar sobre las tablas.

“Reaprender” a jugar.
La música es la columna vertebral de las propuestas, que se entrelaza con el movimiento corporal, la plástica escénica, los cuentos y el juego. Lo lúdico constituye una de las prácticas, que estos actores intentan “reaprender” ellos mismos, desde su búsqueda teatral, y junto con los espectadores durante la comunión que se vive en cada función.
Sus funciones son “para todo público y también para chicos”, aclara Marcos. Es que todo parte de la construcción del niño como una persona “completa”, que puede entender lo que ve y participar, si lo desea, igual que un adulto. “No diseñamos una pieza más liviana porque está destinada a la platea infantil: merece tanto respeto como los grandes”, apunta Paula Lombardelli, otra de las integrantes del grupo.
El trabajo de “Los Tinguiricas”, tanto sobre el escenario, como en sus talleres artísticos, intenta sumergirse en las maneras espontáneas de hacer de los chicos y empaparse de su naturalidad para relacionarse, hasta encontrar “otra puerta para entrar en la magia”, como dicen. “Trabajamos desde lo desprovisto: nuestras puestas no abundan en estímulos euforizantes y se dirigen a un público que no es masivo, sino pequeño e íntimo, una atmósfera que cuidamos en cada detalle, desde la luz, hasta el vestuario”, aclara Paula.
Esta exploración no los convierte en “intérpretes privilegiados” del mundo de los chicos, advierten. “Como artistas, a medida que crecemos, tenemos las mismas resistencias que cualquier adulto para experimentar la realidad y el juego con la actitud de la niñez, una mirada que puede ser redescubierta y, en ese camino, el contacto con el público es fundamental”, concluye Marcos.