Mariano Massolo Quinteto sorprendió con su propuesta de jazz

Magna Jazz celebró su séptima edición con la presencia de dos grandes del jazz a nivel nacional e internacional. Alrededor de las 21.30, se abrió el telón del Aula Magna de la Unlpam y entonó sus primeras melodías Deborah Dixon, acompañada por tres músicos maravillosos. Entre ellos, el pianista Carlos Patán Vidal, reconocido en la escena jazzística nacional. Vidal formó parte, entre otras bandas, de Willy Crook & Funky Torinos.
Por su parte, Deborah Dixon, ex integrante de la banda Blacanblus, que se disolvió en 2006, emocionó con su inconfundible voz, repasando un amplio repertorio musical que abarcó la fuerza y diversidad de la música negra. Además, junto a la cantante tocaron los músicos Mauro Ceriello en bajo y Alejandro Maraviglia Dixon en batería.
El público respondió de la mejor manera tanto a Dixon como a Massolo, con aplausos, silbidos y exclamaciones de aliento. La iluminación del lugar, realizada a través de tonos violetas, azules y colorados sobre los telones que rodean el escenario, logró una ambientación intimista, liberadora y llena de paz.

Massolo.
Luego de un momento de dispersión en el hall de entrada al Aula Magna, en donde se ofreció a los espectadores champagne y pequeños bombones de chocolate, le tocó el turno a Mariano Massolo Quinteto.
Este gran armonicista, uno de los mejores de América del Sur, ofreció canciones de su último trabajo discográfico “Dark Eyes”, además de temas de su repertorio anterior.
“Somos un quinteto medio mentiroso”, dijo Massolo al presentar a los músicos que lo acompañaron, ya que no son cinco, sino seis artistas. Gabriel Wajnerman (“Manos rápidas” según palabras de Massolo) en guitarra; Eduardo Prado (tío del armonicista y “payaso” de la velada) en clarinete; Eduardo Manentti (músico no vidente) en trombón; Germán Faviere en guitarra y Sergio Suárez (artista local, bautizado por Massolo como “El Muro”) en contrabajo.
Estos, en su mayoría jóvenes artistas, demostraron que el jazz no es música para intelectuales, sino para toda la familia, para chicos y grandes, para entendidos del género y para personas que por primera vez lo escuchan.
La continua energía de Mariano Massolo sobre el escenario, trasmitida a sus músicos y al público, sumado a su gran labor con la armónica, cerraron una noche inolvidable de Magna Jazz, que año a año se supera en su organización y producción de contenido.