Mejor obra de autor pampeano en el salón de grabado del Museo Verde

Hace quince años que se dedica a la xilografía y está tratando de “armar” su taller. En una entrevista, describe su búsqueda dentro esta disciplina y las dificultades que enfrenta como plástico en nuestra provincia.
“Quiero conversar sobre políticas culturales: los plásticos no sólo tenemos que hablar de nuestro trabajo”, dice Horacio Paturlanne, apenas atiende a LA ARENA. Recientemente, una de sus xilografías, “Etipeck”, fue distinguida como “mejor obra de autor pampeano”, en el marco del Salón de Grabado, que estrenó el viernes 16, en el Museo Provincial de Artes, con creaciones provenientes de varios sitios del país.

La técnica.
Paturlanne trabaja en xilografía desde hace quince años. “Cuando comencé, no había en La Pampa una trayectoria en esta disciplina, como sucedía en otras expresiones de la plástica y no tenía un espacio adonde encontrar esta formación específica”, relata. Egresado del Instituto Provincial de Bellas Artes a principios de los ’90, tiempo después, continuó sus estudios en el Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA) y obtuvo una beca de la Fundación Centro Internacional Estampa Contemporánea en España en 2001. Al regresar, fue director del Museo Verde durante dos años, entre 2003 y 2004.
“Etipeck”, que le llevó un mes y medio de trabajo, la obra premiada en esta misma sala la semana pasada, sintetiza buena parte de sus experiencias en la xilografía. “Es la técnica que, desde el punto de vista expresivo, me resulta más confortable y esa afinidad me ha llevado a un conocimiento más profundo y a una resolución más rápida de lo que quiero decir”, asegura.
Los colores que dominan la composición son, salvo excepciones, el blanco y el negro, sencillamente porque los demás tonos de la paleta “lo distraen” y lo llevan por caminos que “no le interesan”, explica. “Me gusta manejarme con elementos mínimos y aprovecharlos al máximo en trazos más complejos, como parte de la poética de mi obra”.

Dos miradas.
La composición de sus trabajos juega habitualmente con las escalas. Por ejemplo, en “Etipeck” el grabado está dividido en cuatro piezas dentro del cuadro, que muestran diferentes tamaños de una trama al espectador. En tres de ellas, el diseño se ve en detalle y muy cerca, como si se aplicara un “zoom”, y en la cuarta, las mismas formas se ven de lejos, en ínfimas dimensiones.
“La propuesta de las dos miradas al observador forma parte de la identidad de mi trabajo”. Otro de sus grabados, “Subyace”, que expuso hace un mes en la muestra “Arte de La Pampa”, divide horizontalmente la estampa en dos partes, una que combina zonas blancas y negras y la otra, predominantemente oscura. En el centro, se incluye un cuadro que muestra la totalidad de la obra en pequeño formato. La fragmentación de la obra obedece a la necesidad de orientar el recorrido por estas escalas, indica.
La temática de las xilografías no es figurativa. La realidad inmediata está allí, pero no a primera vista, sino a través de la simbología propia del autor. En “Etipeck”, habla de la energía, pero a través de su lenguaje personal como artista. “No hay elementos que estén allí en representación de otros”, dice el plástico.
En este grabado, las cuatro estampas que lo componen presentan una pequeña curvatura. “Lo que me está pidiendo la obra últimamente es trabajar el volumen, ingresar en la tridimensión, a través de pliegues que me permitan corporizar un movimiento”.

Tras bambalinas.
Por esta creación, Paturlanne recibió una suma de dinero por parte de la Subsecretaría de Cultura, que adquirió la xilografía. “Etipeck” ahora formará parte de la pinacoteca del Museo Verde, como ocurre con los trabajos distinguidos en los salones que organiza periódicamente.
Los montos se encuentran “totalmente desactualizados” y constituyen “una falta de respeto al artista”, sostiene el plástico. “Me están pagando 2.750 pesos como premio, pero yo les estoy entregando una obra, que se eligió con el asesoramiento de tres especialistas, que conformaron el jurado de este certamen”.
Para el plástico, no es posible “sostener una política de museos en base a los concursos”, en el sentido de que estas convocatorias agotan prácticamente el campo de crecimiento de los artistas. “Este premio lo puede obtener alguien que recién se inicia: yo ya lo recibí hace muchos años, pero ahora no me queda otra que presentarme porque no tengo manera de pagar los materiales para seguir trabajando y yo dependo de mi obra”, dice Paturlanne, quien relata que hace enormes esfuerzos para terminar de armar su taller.
El artista encuentra que no hay instancias superiores, como becas o programas gubernamentales, para estimular el desarrollo en las disciplinas visuales y se genera una demanda de los salones por creadores que deberían contar con otras posibilidades. Responder a estos llamados tampoco resulta sencillo, ante la ausencia de políticas que se ocupen, al menos, de aspectos vinculados a la logística de la actividad cultural: “Hay gente que no puede participar porque no le alcanza para pagar los marcos o que no acude a convocatorias de otros lugares del país porque no le es posible afrontar los gastos de envío”.
El Museo Verde está “bien equipado” y Paturlanne considera positivo que se convoquen a salones y se muestre lo local y lo perteneciente a creadores de otras latitudes, pero insiste en que se deben instrumentar estrategias para la difusión y formación de los artistas de la provincia. “En el caso de la xilografía, seremos cinco plásticos y es difícil pensar en una generación dedicada a esta disciplina de acá a quince años porque no existe un movimiento constante y homogéneo de producción en el tiempo”.