“Nos divertimos mucho tocando”

A 46 AÑOS DE SU NACIMIENTO, GARFIO VOLVIO A LOS ESCENARIOS

En el año 1970, junto con el surgimiento de las grandes bandas de rock nacional, nació en Santa Rosa “Garfio”, una agrupación de cinco amigos de entre 14 y 15 años, que decidió rendir tributo a Alma y Vida, Pescado Rabioso, Vox Dei, y tantos otros grupos del momento.
La banda estaba integrada por Oscar Monasterio en teclado, Rubén Mielgo en bajo, Carlos González en baterÍa, y Héctor Orellano y Lalo Vermeulén en guitarras y voces. Los dos últimos ya no continúan tocando en Garfio y fueron reemplazados por Matías Roldán en voz y Claudio De Pian en guitarra y voz. Con esta nueva formación, el grupo tocará hoy en el pub Carpe Diem de Catriló, donde repasarán el repertorio de aquella época, y además un blues compuesto por De Pian. También tienen en agenda presentaciones en 25 de Mayo, Trenque Lauquen y General Pico. “En el 2016 decidimos volver a girar con la banda, tocar en el interior y divertirnos y nos dimos cuenta que sentimos la misma adrenalina que cuando teníamos 16 años”, contó a LA ARENA el baterista Carlos González. “Hemos logrado un sonido sólido; seguimos con la misma tónica que en los 70. A nosotros nos voló la cabeza en ese momento el nacimiento del rock nacional y no nos despegamos más de ahí”, dijo.
Actualmente, Garfio interpreta, poniéndole su impronta personal, canciones de bandas como Vox Dei, Manal, Pescado Rabioso, Alma y Vida; como también grupos más pop como Virus y Los Enanitos Verdes. “Cuando tocás covers tenés dos opciones: o copiás tal cual o le ponés tu impronta. Nosotros tocamos covers al estilo de Garfio, no son iguales, no nos interesa tampoco. Fundamentalmente se trata de que toquemos, que nos guste, nosotros nos divertimos mucho tocando, ensayamos 3 veces por semana, y no es un sacrificio para nada”, aseguró el músico. “Cuando hacemos un show nos divertimos nosotros y se divierte la gente, porque lo que entregás desde arriba de un escenario se transmite”.
El 2016 encuentra a un Garfio “muy sólido” y con incorporaciones que le dieron nuevos aires y fortaleza al conjunto. “Matías Roldán es de otra generación, lo vimos nacer, y con Claudio De Pian tenemos la posibilidad de tener una guitarra un tanto más furiosa que lo que Garfio tenía antes. La banda suena más power, con más fuerza”, explicó González.

Cooperativa musical.
Cuando Garfio nació en los setenta, algunos de los integrantes trabajaban y otros estudiaban. Eran cinco chicos que se conocían de la escuela, del barrio, y de la vida; ya que Santa Rosa no era muy grande y todos se conocían con todos. “Empezamos a comprarnos instrumentos porque era lo que más nos gustaba, comenzamos a ensayar tímidamente hasta que llegó un momento que dijimos ‘vamos a tocar’, y los primeros dos o tres shows no fueron la gran cosa, pero cuando seguimos tocando nos empezamos a acomodar”, contó Carlos. “Tocábamos con equipos que no existían, porque no había tampoco, era todo de muy baja calidad, pero empezamos a progresar muy rápidamente”, siguió. “En esa época teníamos algún resentimiento con los representantes de las bandas, porque los músicos no cobraban, entonces decidimos hacer una cooperativa entre 5 bandas de Santa Rosa. Copamos el Club Sarmiento, que manejaba la cantina, y nosotros nos quedábamos con la entrada”, detalló el baterista.
La iniciativa también desarrolló un intercambio con General Pico, que en ese momento vivía la vieja disputa entre ciudades por la que ninguna banda de Santa Rosa podía tocar allá, y viceversa. “Nosotros hicimos un intercambio, venía una banda de Pico y tenía que ir una para allá”. En 3 años que funcionó la cooperativa, Garfio empezó a trabajar en todo el interior de La Pampa, Córdoba, San Luis y parte de Buenos Aires. Tuvieron más de 400 actuaciones en los 3 años que duró la banda original. “Fue impresionante, y logramos hacerle escuchar a la gente toda la historia del rock nacional”, contó González. Más tarde se convirtieron en productores y trajeron a tocar al Sarmiento a bandas como Vox Dei, Alma y Vida y Grupo Uno. “Nos fue muy bien y nos quedó una experiencia tremenda”.
Finalizado ese ciclo, la banda se disolvió. Algunos se fueron a hacer la “colimba” y otros a estudiar; sin embargo los jóvenes nunca dejaron de ser amigos.

Quedan los artistas
Después de 30 años de la disolución de Garfio, algunos de los hijos de los músicos, -que también se dedican a esa disciplina artística-, les pidieron a sus padres la vuelta al ruedo. Les armaron una sala, les dieron los instrumentos, y la mítica banda de los setenta volvió a los escenarios. Con los primeros conciertos del regreso, y en los últimos dos realizados este año en la plaza San Martín y en un bar local, se dieron cuenta que entre el público había seguidores desde los primeros años. “La gente que nos seguía en los 70 sigue yendo; cada show es una emoción”, expresó Carlos. “En el último recital que dimos acá me encontré con una pareja grande de la época nuestra y me dicen ‘si tocan El gemido de un gorrión del grupo Alma y Vida, nosotros vamos’. Les dije que sí, el matrimonio fue y cuando llegó la hora de tocar esa canción, alcancé a ver a la pareja y la mujer estaba llorando. Nos pasan esas cosas que son muy fuertes”, aseguró el músico emocionado.
Garfio, hoy con tres de sus cinco integrantes originales, continuará reivindicando el rock nacional de los 60 y 70, con la impronta personal que los caracteriza y con la premisa de siempre: divertirse basándose en el respeto por la música, el público y la amistad.

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