Recibido de profesor de Danzas a los 70

SI "CHIQUI" SÁNCHEZ NO ES UN PERSONAJE...

Es a su manera un personaje. De esos que se hacen querer, y al que se lo puede querer matar en algún momento porque se mandó alguna. Lo conozco desde hace tantos años que ya perdí la cuenta de cuántos son… si pienso un poco creo que de cuando él era “cronista deportivo” del desaparecido diario La Capital. Participamos juntos en alguna redacción de La Arena, pero también el ámbito deportivo que nos hizo compartir algunos viajes…
El inefable Ignacio “Chiqui” Sánchez lo hizo otra vez: ahora se recibió de profesor de Danzas, cuando tiene más de 70 años cumplidos, en una carrera que le demandó nada menos que 16 años.
Se conocen de “Chiqui” mil y una anécdotas, algunas de los cuales lo hacen un tipo querible, y otras que… dan ganas de matarlo! Pero la verdad es que le tengo afecto… aunque por ahí todavía se mande alguna de las suyas.
La última vez que lo vi fue en la fiesta de los Caldén de Plata, donde junto a un grupo interpretó y obviamente charlamos un poquito. Lo suficiente para que me contara, naturalmente muy contento, que hace poco se recibió de profesor de Danzas en el CREAR.
Pero la cuestión es que “Chiqui” tiene más de 70 (¿escondió un poco el dato preciso?), y recibirse le demandó nada menos que 16 años.
Le comento que es raro tardar tanto para una carrera cuya cursada común es de 4 años. No es tan común que alguien se reciba, en cualquier estudio de que se trate, pasados los 70 años, pero además que se tarde para llegar al título 16 años…
¿Qué pasó?, le digo. “Y sí, es raro, porque me llevó cuatro veces más que la cursada común… ¡pero me recibí!”, contesta alborozado.

El inefable “Chiqui”.
Los más jóvenes no deben saber quién es Ignacio “Chiqui” Sánchez, pero es muy conocido en el medio por diversas circunstancias. Me une con él una buena amistad y alguna vez nos reímos juntos cuando en la Redacción de este diario sabíamos decirle -en una de esas bromas que permanentemente nos gastábamos entre periodistas- cómo podía ser que “siendo morochito” (como yo) le gustara tanto el ballet. Una broma que, lejos de pretender ser racista, o discriminatoria, se hacía entre risas en una ronda de mate.
Fue periodista muchos años, teatrero, bailarín de folklore y hasta se animó a tratar de pegarle a la pelota de sóftbol, lo que pocas veces conseguía. Decía de él que tiene infinidad de anécdotas, y vale la pena recordar una: “Chiqui” jugaba al sóftbol en el equipo del Club Estudiantes, y no tuvo pudor en publicar en el diario La Capital una foto en la que aparecía él, pero que en el epígrafe decía más o menos así: “Chiqui Sánchez, el peor jugador del partido, tratando de llegar a una base”. La cuestión parecía ser poner su foto, aunque tuviera que reconocer que el sóftbol no era lo que mejor hacía…
Volviendo a sus estudios contó: “La escuela, o sea el CREAr, se abrió en 2005. Yo tenía 58 años y con muchos compañeros de ballets folklóricos nos inscribimos en gran cantidad, creyendo que era otra forma del Polivalente de Arte que generó en su momento muy buenos bailarines y muy buenos artistas. Pero no era sólo zapatear y bailar el gato o la chacarera -siguió-, porque además estaban las benditas materias pedagógicas, muchas de nombres raros y difíciles algunas”.

Difícil estudio.
Explicó “Chiqui” que esa situación “hizo que paulatinamente los primeros alumnos se fueran alejando de la institución, acobardados por Piaget o por Mediación o Didáctica, u otras materias que los complicaban, porque no era lo que habían pensado”, más allá de reconocer el valor de lo que se podía aprender.
Y también además “otra cuestión jugaba en contra: Materia cuya cursada no era aprobada por el profe de turno, a recursarla. Eso me pasó muchas veces, pero me doblaba, me enderezaba y seguía” cuenta y con el correr de los años se transformó en casi un hábito concurrir al instituto donde obviamente era ya personaje corriente.
Cuenta que a veces se cruzaba con ex compañeros que abandonaron que le preguntaban “¿te recibiste loco?”. “No, pero sigo” era su constante respuesta. Y siguió, con una perseverancia digna de admiración. Y vio pasar profesores, compañeros viejos y nuevos que se inscribían en un determinado momento, y que lo dejaban en el camino y se recibían. Pero “Chiqui” no se amilanaba, y como dicen que todo llega en la vida, y más si se es consecuente con una idea, tuvo su día: el 22 de diciembre de 2016, cerca de la medianoche soportó sin pesar el tradicional enchastre de harinas, huevos, agua y pintura, en tanto su familia y amigos lo recibían al grito de “¡profe, profe, profe!”.
“Me río porque ahora resulta que algunos me ponen como ejemplo, y vos me conocés bien y sabés que soy un ser humano débil como todos, con mis muchos defectos y poquitas virtudes”, pretende mostrarse modesto.

Un tipo feliz.
Lo cierto es que, por cuestiones de edad y estar jubilado hace varios años, no puede estar frente a una clase ni primaria ni secundaria. “Pero podes poner una academia, dar clases privadas” le comento. “No, cumplí mi sueño… estoy cansado, quiero disfrutar de los pocos años que me quedan, escribir… tengo dos libros en borrador, viajar y disfrutar de mi familia”.
Al hablar de sus hijos cuenta con orgullo: “tengo la mayor Silvia, médica; el varón, Miguel, diseñador gráfico, además de ser músico y poeta; y la más chica, Julieta, también profesora de Danzas junto a su esposo Miguel. Y el ‘capo’de la familia, Lautaro, que el año que viene termina el secundario y posiblemente se vaya a General Pico a estudiar alguna ingeniería”.
Sus anécdotas exceden en mucho las posibilidades de esta nota, pero a pedido rescata una que, asegura, “fue otro orgullo” en su vida de estudiante. El día de la colación de grados de su hija, ocurrido en el Concejo Deliberante hace muy poco, hubo que reemplazar los abanderados y fue elegido por no pocos profesores presentes y auxiliares del Crear como escolta de la bandera: “Casi me muero”, indica el profe. Profesor a los 70. Felicitaciones “Chiqui”… te diste un gran gusto. (M.V.).