Un cantor pampeano por el norte del país

LOBOS SE PRESENTARA EN EL FESTIVAL DE "LA TROJA CANTA"

Guitarrero y cantor, Mario tiene una riquísima historia que merecería ser más conocida. Santarroseño, laburante de un oficio tan duro como el de albañil (hoy jubilado), supo recorrer con su trabajo distintas localidades de la provincia, e incluso otros lugares del país; pero también llegó con su oficio a París -nada menos-, La Coruña, Alicante, y hasta la lejana Toronto, allá en Canadá.
Por estos días, ya presto para viajar hacia el norte del país, Lobos llegó con esa humildad que parece un rasgo distintivo de su personalidad, y contó de su entusiasmo por volver a participar del Festival de “La Troja canta”, un hermoso paraje salteño.
“Se hace todos los años, y esta vez será los días 22 y 23, y allí estaré”, cuenta. La fiesta consiste en desfile gaucho, degustación de comidas regionales, actuación de músicos de todos lados que llegan especialmente para el acontecimiento, juegos de destreza criolla y un sin fin de actividades para transformar al festival en uno de los más importantes. Todo organizado por Javier Jiménez, cantor que a modo de homenaje a su tierra se convierte en el organizador.

Compositor de sus propios temas.
Mario Lobos, por su parte, es un destacado músico, guitarrero, que ha acompañado a los mejores con su instrumento; aunque también compone y entona sus propias letras, que suenan en distintas radios todo el tiempo.
Así le tocó estar en Cosquín, acompañando a Ariel Moyano; se adjudicó el Pre Laborde con sede en Santa Rosa en 2014, y fue tercero en premio instrumental en la misma localidad cordobesa.
“Siempre trabajé de albañil”, menciona. “Un día hace varios años llegué de Pico, donde había estado por un tiempo, y salí a buscar trabajo. Me encontré con Mingo D’Atri (hasta hace un par de años trabajador de este diario), que no sólo me dio laburo sino además me cobijó en su propia casa”, reconoce.

En las Europas.
Trabajó duramente y varios años, hasta que ingresó a trabajar en una empresa petrolera en Rincón de los Sauces. Después, de la mano de esa misma compañía, saltó a Europa y se dio el gusto de conocer varios países… y con él siempre el canto, y su guitarra: “Siempre va conmigo”, afirma por si hiciera falta.
Casado con Elsa, tiene dos hijas, Sonia y Carina; y ahora, desde que está jubilado, tiene todo el tiempo para dedicarle a lo que más le gusta: andar por el camino de la música. Aunque no fue todo lo que hizo, porque fue ferviente deportista -a partir de un accidente que lo privó de la voz-, para recuperarse y volver a cantar: “Hice mucho ciclismo, y hasta incursioné en el boxeo”, agrega con ese modo de voz casi queda que tiene para decir.

Por el norte del país.
Autor de diversas canciones que grabó en su CD, que denominó como “Un vuelco en la vida”, recuerda algunas, como “Adiós a Gonzalito”, “Bailarines de mi pueblo”, “El regreso del cantor”, y varias otras, reconoce que en los festivales donde le ha tocado presentarse no deja de hacer “Milonga Baya” (Bardino Domínguez) y la “Huella de ida y vuelta”, de Roberto Yacomuzzi y Lalo Molina. “Son casi como un himno de la pampeanidad”, resume.
Desde mañana Mario estará recorriendo escenarios de Santiago del Estero (Fiesta del Bombo), de Tucumán, hasta llegar a La Troja, en Salta, donde seguramente disfrutará de momentos maravillosos.
Siempre por el camino del canto y la guitarra… esa actividad que se le metió e el cuerpo, y en el alma. Para siempre.