Un acto de justicia en el Español

ROBERTO YACOMUZZI JUNTO A LA BANDA SINFONICA

Los caminos del arte -que sólo procura la belleza- raramente se cruzan con los de la justicia. Sin embargo, lo que ocurrió el pasado jueves a la noche en el Teatro Español bien merecería el calificativo de “acto de justicia”.
Una sala colmada como pocas veces, aplaudió a rabiar el concierto de Roberto Yacomuzzi, quien junto a sus músicos Juan Cruz Santajuliana (guitarra) y Daniel Camilletti (piano) se dio el gusto de interpretar sus canciones más conocidas con el soberbio acompañamiento de la Banda Sinfónica Provincial.
Estos encuentros entre músicos populares y “la academia” se van haciendo cada vez más frecuentes. Las resistencias caen de ambos lados. Y así es como Yacomuzzi pudo cantar, por momentos en un tono lírico, bajo la dirección del maestro Manuel Gerez, los músicos de la Banda demostraron también su afinidad con los géneros populares.
Unos arreglos sabiamente a medio camino entre el clasicismo y lo contemporáneo -especialmente logrados en “Confesión del viento”- permitieron el lucimiento de la Banda como cuerpo, prácticamente sin necesidad de apelar a sus buenos -y varios- solistas, con la excepción de Carolina Crawley en el vibráfono.
¿Cómo es que la Banda Sinfónica, ese ente público tan castigado por el desmanejo y la subfinanciación, se las arregla para producir belleza como lo hicieron el pasado jueves? Evidentemente por la presencia mayoritaria de una pasión que renuncia a analizar el presupuesto o el recibo de sueldo.
De Yacomuzzi, poco es lo que pueda agregarse ya. Su estatura de compositor mayor, de prócer de la música pampeana, se agiganta con cada demostración, de su parte, de que por cada nuevo clásico que sale de su pluma, su actitud se hace más pequeña y humilde. Al punto que, en un marco tan propicio para la autoindulgencia, su única intervención con la palabra fue para reconocer la labor de sus socios y compañeros de la composición.
Probablemente “El Yaco”, ese músico universal, que se resiste a olvidar su Quemú Quemú nativa, nunca vaya a vivir de la música, como lo tendría merecido. De las decenas de versiones grabadas de su huella “De ida y vuelta” -al menos hasta hace pocos años- jamás vio un centavo.
Sin embargo, hubo un momento durante la noche del jueves, en que la comunión del público con su música desafió los cánones mercantilistas. Cuanto “Muchi” Gerez condujo el coro de las cuatrocientas personas presentes, cantando, con encomiable afinación y dedicado recuerdo de la letra, aquella huella fundacional. La emoción de Roberto era palpable. Si eso no es el éxito, habrá que buscar una nueva definición para esa esquiva y ambigua palabra. (AA)