“Al principio preguntaban qué éramos”

CIEGOS

“Al principio, cuando arrancamos y entramos por primera vez al Cenard, nos miraban y preguntaban qué éramos”, recuerda hoy con una sonrisa Darío Lencina, emblemático arquero de Los Murciélagos, el seleccionado argentino de fútbol para ciegos que en base a esfuerzo y títulos se ganó el respeto de todo el mundo.
Con 37 años, Lencina es hoy arquero de Estudiantes de La Plata -uno de los equipos que jugó ayer en Santa Rosa una nueva fecha de la Liga Nacional de la especialidad-; también trabaja con los planteles femenino y masculino del Instituto Román Rosell de San Isidro -otro de los que ayer estuvo en La Barranca-; además de desempeñarse como entrenador en la escuela de fútbol de la Federación Argentina de Deportes para Ciegos (Fadec) y continuar como arquero de la Selección mayor.
“Llevo muchos años en esto y he visto una gran progresión en todo sentido”, sintetizó Lencina al referirse a sus casi 20 años en el fútbol para ciegos y especialmente en Los Murciélagos, con los que logró tres títulos mundiales, tres medallas en Juegos Paralímpicos y muchas más en Parapanamericanos y Copas Américas.
“Cuando empezamos fue difícil, pero con trabajo y esfuerzo nos ganamos el reconocimiento de todos. Ahora somos una familia más dentro del Cenard y nos respetan y nos agradecen por lo que hacemos en todos lados”, dice con orgullo quien antes de llegar al fútbol para ciegos hizo inferiores en Villa Dálmine.
“La Liga Nacional ha crecido mucho y hay muchos chicos que he visto crecer. Acá tengo amigos, hermanos, compañeros… A muchos los recuerdo que llegaban a la escuela del Cenard con un bastoncito, que me llegaban al ombligo, y hoy están jugando en primera conmigo. Son personas fascinantes, con historias muy lindas y que afrontan la vida sin prejuicio de nada, tomando al fútbol como profesionales”, señaló Lencina mientras miraba a sus compañeros.

– Formaste parte de los emblemáticos Murciélagos capitaneados por Silvio Velo y ahora estás con la nueva generación. ¿Cómo ves el futuro de la Selección?
– Hay un muy buen futuro. Muchos de los chicos que vienen en proyección ya están entrenando con la Mayor; hay un plantel amplio, con mucho recambio y mucho talento. Y eso nos reconforta a los más grandes, que formamos parte de esa selección mitológica que creó todo esto, porque muestra que nuestro trabajo valió la pena.
– ¿Qué significa el fútbol para todos estos chicos?
– Es una puerta hacia la sociedad y parte importante de la inclusión. El fútbol es clave para la vida de estos chicos; de los que juegan en la Selección, de los que vienen a sumar, a hacer un grupo de amigos y a disfrutar. Fijate que en esta Liga hay 24 equipos de todo el país, son casi 250 personas que juegan al fútbol, y eso está buenísimo.

El fútbol, la música y la varita mágica.
David Peralta es una de las figuras de Estudiantes de La Plata. Con 36 años, el volante nacido en Comandante Luis Piedrabuena, Santa Cruz, ya lleva casi diez años en la Selección Nacional, con la que participó de dos Juegos Paralímpicos, dos Mundiales y tres Copas América.
Su vida es, literalmente, el fútbol, porque además de defender los colores del Pincha en la Liga Nacional, juega en un equipo brasileño la liga de ese país y también está en Los Murciélagos. “Me siento tocado por la varita mágica, porque me siento un profesional y puedo vivir de esto”, resumió Peralta, que a los 5 años perdió la visión de un ojo por un accidente y a los 12 también quedó ciego del otro a causa del mismo problema.
“Mi vinculación con el fútbol llegó de grande y hoy me siento un agradecido por el reconocimiento de la gente y por el orgullo que significa para mi familia”, destacó el sureño, que estudió el profesorado de música en Buenos Aires y hoy, además de futbolista, toca la guitarra y el piano.
“Nunca imaginé que podría pasarme esto, porque la gente nos ha tomado a Los Murciélagos como un ejemplo de que ante la adversidad todo se puede superar. Ese cariño te llega, te emociona y te da fuerzas”, cerró.