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Bariloche y los parecidos

Dos caras, bien marcadas, tiene este Bariloche. Su explosivo crecimiento demográfico y la falta de acompañamiento adecuado en infraestructura y servicios hacen que la otrora glamorosa pequeña ciudad dueña de unas bellezas naturales incomparables, ahora sufra en todos lados.
Por una parte esa expansión, a medida que uno se aleja del radio céntrico, deja ver las carencias de una planificación adecuada. Se suceden los barrios que muestran esa realidad económica y social, poco ayudada hoy por la crisis económica en que nos ha sumergido el gobierno de Mauricio Macri.
Porque el turismo, esa fuente de recursos y principal sostén de la ciudad y la región, no sólo ha menguado en cantidad, sino que los que llegan ya no son tan generosos con los gastos en que incurren. Sin ir más lejos, todavía se comenta el resultado del último fin de semana largo de la temporada, la Semana Santa que para esta ciudad marca el inicio de la «temporada baja», hasta que el frío intenso y la nieve atraigan a los turistas, especialmente los que llegan del exterior y a los que el valor del galopante dólar los favorece.
Algo resignada, una vendedora en una de las casas del tradicional chocolate, sintetizó todo. «Hubo mucha gente, pero gastaron poco. Las ventas no fueron las esperadas, en definitiva mucho ruido y pocas nueces», lanzó mientras mostraba ofertas.
Para los que gustamos de estos sitios fuera de temporada alta, la ciudad está perfecta para caminar, observar vidrieras y tomarle el pulso a los precios. «Nosotros, que venimos de Santa Rosa, mucho no nos asustamos», escuchamos decir a alguien cerca nuestro mientras esquivaba a un vendedor que frente al escaso ingreso a su local apeló a salir a la calle para tratar de arrimar algún cliente. Las otrora glamorosas cuadras de la calle Mitre, en las que se mezclaba el olor a chocolate con fragancias importadas y ropa de marca, especialmente la dedicada al frío y la nieve, son ahora una suerte de mercado en el que pululan las ofertas por el chocolate y otras yerbas y se mezclan con el ofrecimiento de «cambio, cambio…dólares, euros, reales…cambio, cambio».
Esta calle está mutando a peatonal. Ya lo es en los hechos, pero (cualquier parecido es pura coincidencia) la obra empezó hace cuatro años, va por la tercera empresa que se ocupa luego de la caída de las dos restantes y está algo ralentizada.
Lejos del centro, y del glamour que decae, la mayoría de los ciento sesenta mil habitantes no la pasan tan bien, entre la falta de trabajo y una ciudad que desde el Estado no ha sido acompañada por una planificación adecuada. Y aquí vale otra vez lo de «cualquier similitud es…».
Y para cerrar, no vamos a defraudar a quienes recuerdan, todavía, que Bariloche estaba junto a Santa Rosa como prioridad para el gobierno nacional por su crisis sanitaria. Se dijo que la ventaja era que aquí estaban hechos los estudios previos. Sin embargo los lugareños aseguran que nada se hizo. «Seguimos igual», aseguran.
No se ven derrames cloacales. «Acá el problema es que la planta de tratamiento de los líquidos quedó colapsada por el crecimiento de la ciudad y se los vuelca directamente al lago. Y sigue así, no hicieron nada», contó desesperanzado un comerciante consultado. (Herues)