El ciclo y la historia

PUNTO DE VISTA

¿Es un final anunciado? Es probable que así sea, aunque ahora, con el resultado sellado y casi camino al aeropuerto para el larguísimo viaje de regreso resulte más sencillo sacar a relucir los argumentos que provocaron el fin de fiesta. Son las reglas del juego, inútil es detenerse a pensar de qué estaríamos hablando si Argentina seguía en el Mundial.
Si nos remitimos sólo a las últimas horas, o días, y repasando nombres la cosa pintaba para creer. De irresponsables es también no haber puesto en el otro plato de la balanza el resto de la realidad, incluido el rival que nos dejó de lado ayer en la lejana Kazán. Ya sabemos el resultado y no podemos decir que no estaba entre las posibilidades más probables.
Y si repasamos, como debe ser, todo este ciclo, nada debe asombrar este final. Lo dijimos luego del cachetazo de los croatas, aquel 0-3 casi oprobioso por la manera en que se dio. Se pudo revertir, al menos, la imagen. E incluso los rendimientos individuales se situaron más cerca de lo posible.
Pero se reiteraron los fallos a la hora de planificar, de “ver” los partidos y decidir los mejores planteos. Francia desnudó claramente esa falencia y fue mejor. Así de sencillo y contundente. Y a un nuevo planteo erróneo, a la falta de una línea de juego definida endémica, se agregó ayer que otra vez algunos no alcanzaron la estatura. Luego del buen rato frente a Nigeria, Banega casi no apareció; el cambio estratégico de Pavón por afuera y Messi de “9” fracasó y sólo el retorno de Di María con algo de lo bueno que supo mostrar y lo que pusieron los que venían de atrás permitió tener alguna esperanza.
Pero sin dudas, incluso hasta en el momento en que Argentina se puso arriba con esa corazonada de Mercado, Francia fue más, e incluso ese gol de Agüero sobre el final le pone hasta un toque de cierta injusticia a la cifra final. En el trámite hubo algo más de diferencia.
Se cierra un ciclo al que sólo le faltó un título. Y que tiene el estigma de las tres finales cedidas, incluido el mundial de Brasil. Para los creadores y fogoneros de ese estigma es argumento decisivo para condenarlos a la parrilla de los fracasados. Para otros será un mérito altísimo que no tuvo la cuota de fortuna para coronarse. El tiempo, y los futuros seleccionados argentinos permitirán establecer claramente en qué lugar de la historia se ubica este meneado proceso y la trayectoria de parte de este plantel.
Ya en el final, pensamos en esa enorme legión de argentinos que llegó de maneras increíbles hasta Kazán para alentar al equipo. Aportaron la alegría, el color; simbolizaron la esperanza y después de dejar todo asistieron en silencio al triste final. Sin reproches, viendo y reconociendo en la cancha es esfuerzo y la entrega de un grupo de jugadores que, al menos desde nuestro punto de vista, han hecho una historia grande, más allá de la falta de un título. Imaginamos un largo retorno y, lo que es peor, encontrar que tal vez el Estado los esté investigando por haber derrochado tanto y que el país vuelve a hundirse y perder batallas mucho más decisivas que un partido de un Mundial. (Herues)