Feliz, aunque no haya ganado Ortelli

TURISMO CARRETERA: LA FINAL DESDE OTRO ANGULO

Cada carrera tiene sus historias y la de ayer no fue la excepción. La gente volvió a vivirla de una manera especial, interactuando con los pilotos antes de la partida y disfrutando del asado, hecho al ritmo de la final.
El momento que todos estaban esperando está por llegar. El récord de Matías Rossi logrado el viernes ya suena lejano y la aún caliente final del TC Pista también es historia. Es la hora de la final del TC, la categoría en actividad más antigua del mundo, la más popular de Argentina y la que en La Pampa convoca multitudes que serían impensadas en otro tipo de actividades por estas tierras. Ya pasó el mediodía del domingo y es la hora de la definición, con todo lo que ello significa tanto dentro como fuera de la pista.
La pista se habilita y los 39 gladiadores salen al ruedo. Las primeras aceleradas erizan la piel de las más de 40 mil almas que le dan un marco ideal a una final que será inolvidable. Los autos se forman en la grilla de partida y comienza el ritual de propios y extraños.
Las promotoras toman posición buscando las cámaras; los integrantes de los equipos revisan los últimos detalles o corren en busca de algún elemento olvidado; mientras que los pilotos bajan de sus máquinas para recibir el saludo protocolar de Hugo Mazzacane y responder a las últimas requisitorias periodísticas.
Afuera, la gente también empieza a disputar su final: se pegan al alambrado, se levantan de sus reposeras, se acomodan en sus mangrullos o elevan el volumen de sus radios para no perderse detalles. Para todos, la grilla armada es una señal clave para encarar las últimas horas en el circuito.
“Cuando salen los autos a la pista, yo pongo el asado”, grafica Juan Carlos, un singular personaje que junto a un par de amigos preparaba su almuerzo para un rato después. “A la mitad de la carrera lo doy vuelta, y para cuando termina ya está para comer. Así no nos perdemos nada”, agrega el especialista, ubicado a la vera de la recta principal.
“¿Quién gana? Ortelli”, no duda, aunque sus compañeros le recuerdan que el Rey de Salto larga en el fondo y prácticamente es imposible que se quede con la final. Ellos, más concientes de la realidad, apuestan por Rossi o Werner. Pero el asador insiste con el séxtuple mientras termina de acomodar un trozo de vacío. “Gana Ortelli, y vamos a ser campeones”, asegura incluyéndose en el logro.
Unos metros más allá, en la abarrotada tribuna de boxes, la gente se impacienta al ver que los pilotos no se suben a los autos para largar. Prueban con unos aplausos como para apurar las cosas, pero enseguida comienzan a interactuar con los corredores, algunos muy concentrados y otros distendidos y hasta bromeando con colegas. La mayoría reacciona con un saludo hacia la tribuna al escuchar los gritos que los nombran y otros, como el extrovertido Josito Di Palma, levantan a la multitud con ademanes pidiendo aliento.
A las 13 en punto, finalmente, se ponen los cascos y empiezan a acomodarse en sus habitáculos ante el aplauso de todos. Enseguida la TV da la orden, se escucha el silbato de los responsables de la ACTC y los motores se ponen en marcha.
Una tensión general inunda el autódromo hasta que comienza la vuelta previa, y vuelve a hacerse presente cuando se va el Auto de Seguridad y los autos se alistan para la largada definitiva. El ensordecedor sonido de los motores es el protagonista cuando se apaga el semáforo, a la vez que da luz a un sinnúmero de rituales que se extienden a lo largo de las 30 vueltas.
Werner, Rossi y compañía ofrecen un espectáculo que no permite distracciones. Nadie saca la vista de la pista en los casi 50 minutos de competencia, excepto para ir a dar vuelta el asado, aún creyendo en el milagro de Ortelli. Aunque el final encuentra al entrerriano cruzando primero que todos la bandera a cuadros.
Muchos de los simpatizantes (especialmente los de Ford) salen disparados hacia el podio. Otros, la mayoría, comienza la caminata hacia el sector de boxes (ahora abierto), donde en algunos minutos podrán ver los autos o incluso saludar a sus ídolos.
Juan Carlos no se mueve mucho más allá de su parrilla. Sus compañeros se sientan relajados en sus reposeras y no paran de comentar la carrera que acaban de hacer sus dos candidatos a la victoria. El asador se arma un “vacipan” y sigue disfrutando del TC. Feliz, aunque no haya ganado Ortelli.

Compartir