Guido Carracedo y Telbi Vera, compañeros en la vida y en el fútbol

Guido mueve un vaso sobre la mesa y explica por qué lugar de la cancha debería moverse el delantero. Telbi retruca con otra copa y un pancito emulando el corrimiento de la defensa para anular esa acción. Enseguida se suman al partido alguna servilleta jugando de volante central, un tenedor oficiando de lateral derecho y un cuchillo parado bien de punta. Es sábado a la noche y, en la cena familiar, la dupla prepara el encuentro que Unión y Amistad debe jugar al otro día.
En la mesa todos hablan de fútbol; varones y mujeres por igual. La familia -de las grandes- es apasionada por este deporte; unos lo juegan, otros lo comentan y los demás lo viven con ese entusiasmo que tienen los hinchas apasionados. Están los más pensantes y los impulsivos; los amantes del juego asociado por sobre todas las cosas y los defensores del “ganar como sea”; entre todos se complementan y se ayudan; especialmente la pareja que conforman Guido Carracedo y Telbi Vera, compañeros en la vida y dupla técnica en la Liga Cultural.

Juntos.
Telbi (34) y Guido (30) están juntos hace siete años, formando una familia que también integra Tomás (11) y que se agrandará en unos meses. Y hace casi dos temporadas que, fuera de casa, comparten la responsabilidad de dirigir a Unión y Amistad, el más humilde de los clubes de la Primera División culturalista, que acaba de perder la categoría pero al mismo tiempo ha ganado terreno por la cantidad de chicos que se sumaron a sus filas y eligieron las tardes de fútbol por sobre las de calle.
Amistad los unió en una cancha pero hace varios años que la pasión por el deporte había comenzado a llevarlos por el mismo camino. Ambos hicieron el curso de preparadores físicos de fútbol en Bahía Blanca (cuidad natal de Guido) y comenzaron a trabajar por separado.
Telbi, ex futbolista -como hoy lo son dos de sus hermanas y uno de sus hermanos-, recibió el título de Directora Técnica Nacional de Fútbol en 2009 (en la escuela de capacitación santarroseña), y a partir de allí comenzó a dirigir a equipos femeninos, primero en Colonia Escalante y luego en la Peña Boquense Azul y Oro.
“Desde chica me encantaba el fútbol. Vivía en la cancha de Belgrano mirando entrenamientos, y cuando jugaba (de marcadora central) hablaba más de lo que corría; siempre tuve esa vocación de mandar”, dice con una sonrisa la jefa del hogar, perteneciente a una familia muy identificada con el Tricolor de Villa Alonso como los Vera, y conocida por esa condición en todo el ambiente del fútbol pampeano.
Guido, hincha de Sporting de Punta Alta -aunque por su relación con Telbi y su familia también se fue identificando con Belgrano-, comenzó a trabajar como preparador físico en el básquet del Tricolor y en el fútbol de Unión y Amistad (cuando el DT era Javier Viglizzo), y terminó como entrenador en ambos, dirigiendo a las categorías U13 y U19 de los de Villa Alonso, y a la Primera División de los del Plan 5000.
“En los dos casos me pasó lo mismo. Empecé como profe, después me ofrecieron dirigir y me animé”, asegura Carracedo, quien actualmente está haciendo el curso de DT para conseguir el título que ya tiene su mujer.
“Cuando agarré en Unión y Amistad la invité a Telbi para que trabajemos juntos, y hace ya más de un año y medio que nos hicimos cargo”, agrega el hombre de la casa, que dirige a la Primera División acompañado por su señora, quien a su vez es la entrenadora principal de las categorías cuarta y quinta. El otro DT del club es Gabriel Perazzi, encargado de la reserva.

La última palabra.
“A mi nadie me va a decir a quién tengo que poner”, marca la cancha Telbi, segura y con mirada amenazante, como para dejar en claro que las decisiones son pura y exclusivamente suyas y de sus conocimientos en la materia. Aunque enseguida remarca que ella tiene la última palabra en sus equipos de inferiores y Guido en el de Primera División.
“Los dos nos consultamos; habamos todo el tiempo de fútbol, pero cada uno toma la decisión final en el equipo que dirige”, aclaran ambos, mate de por medio y con sonrisas cómplices cuando se les plantea que, como en muchos hogares, la mujer es la que manda. “Y sí, como nos pasa a todos”, sonríe Guido; mientras Telbi lo niega y asegura que su pareja “no da muchas chances de armarle el equipo cuando tiene la decisión tomada”.
“Lo que sí es cierto es que nos complementamos porque yo soy más tranquilo y pensante, y ella es más impulsiva”, señala el varón. Y la mujer agrega: “Y también discutimos a veces a la hora de hacer los cambios, porque a mi me gustan los jugadores que meten más la pata, y a él los que tienen más la pelota”.
En ese contexto, al ser consultados sobre si esas discusiones siguen en casa, aseguran que todo termina en la cancha. “No, no la seguimos en casa. A veces comentamos algún cambio y obviamente hablamos de los partidos, pero por el fútbol no discutimos ni más ni menos que cualquier pareja. Cada uno tiene en claro cuál es su rol”, admiten, dejando en claro que forman una dupla especial, tanto dentro como fuera de la cancha.

Mucho más que entrenadores
Dirigir a Unión y Amistad no es lo mismo que ser entrenador de cualquier otro club. La joven institución del Plan 5000 es la más humilde de la máxima categoría de la Liga Cultural de fútbol, y sigue en pie gracias al esfuerzo de unos pocos, que encabezados por José Luis Gonzalía han logrado hacer visible desde el fútbol la realidad de una de las más populosas barriadas de la ciudad.
En ese contexto, ser técnico también implica compenetrarse con una entorno difícil, en el que muchas veces las necesidades básicas pasan a ser prioridad por sobre lo futbolístico. “Es imposible no involucrarse con la vida de los chicos”, dice una y otra vez Telbi Vera, que además de entrenadora es consejera, amiga y hasta en algún punto mamá de sus jugadores. “Hay que estar en todo; a veces hasta llevar algo para que puedan comer cuando vamos a entrenar”, asegura, con el orgullo de sentirse útil más allá del fútbol.
“Uno tiene que acompañar a los jugadores; estar con ellos; ver si necesitan algo, porque por ejemplo a veces dejan de entrenar porque capaz que no tienen zapatillas…”, agrega Guido Carracedo.
Y ambos coinciden en que, a pesar de los adversos -y hasta lógicos- resultados en la cancha, fuera de ella han conseguido mucho. “Una gran cantidad de chicos hoy se sienten parte del club. Son horas que le dedican a entrenar o a jugar los fines de semana, y que dejan de estar en la calle. Y eso es más importante que ganar un partido”, concluyen.

El respeto de todos
En un mundo machista como el del fútbol, la presencia de una mujer suele generar situaciones poco felices, con consecuencias desagradables para propios y a extraños. Aunque Telbi Vera, por su vinculación con este deporte desde chica, por su conocimiento del medio y por su personalidad, ha logrado romper esa barrera. “Siempre tuve una aceptación total, tanto de mis jugadores como de la gente de otros equipos. Todos me respetan como a cualquier técnico”, señala Telbi, quien junto a Guido aspiran a “seguir creciendo y tener la posibilidad de trabajar tranquilos”.

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