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De campeón de karate a futbolista de Primera

El cronómetro marca 36 minutos del segundo tiempo. All Boys acaba de hacer su segundo gol y el técnico de Atlético Santa Rosa decide poner en cancha un delantero más para intentar remontar el 0-2 en el clásico capitalino de la Liga Cultural de fútbol.
Con el 16 en la espalda y un corte de pelo que acusa su «bautismo» en la máxima categoría, Joaquín Calbelo se para sobre la línea de cal y entra a la cancha principal del estadio Mateo Calderón para reemplazar al experimentado Ariel Abrigo. El pibe corre, se entrega, se mueve por todo el frente de ataque, pero poco puede hacer para torcer la historia del partido, que termina favorable al Auriazul.
Los hinchas de Santa Rosa se retiran tristes por la derrota clásica, pero reconocen el esfuerzo y las ganas de los juveniles que conforman gran parte del plantel. Entre ellos está Calbelo, que tiene 16 años y acaba de hacer su debut en la Primera División.
Es prácticamente un desconocido para el mundo del fútbol porque apenas jugó un puñado de partidos de manera oficial. Pero a la vez es un chico muy respetado en el ambiente deportivo pampeano, a tal punto que fue cuádruple campeón argentino, participó en un Mundial y ganó un Caldén de Plata como el mejor de su disciplina: el karate.

Colgó el karategi.
Joaquín Calbelo comenzó a relacionarse con el karate a los 9 años e hizo de este arte marcial un estilo de vida. Se sumó a la escuela Itaya Dojo que conducen Rolando Hussein e Isabel Alvarez y creció rápidamente en la disciplina de la mano del múltiple campeón Federico Hussein.
En 2015 participó de un Campeonato Sudamericano en Brasil y al año siguiente de otro torneo continental en Chile, donde logró el subcampeonato sudamericano de su categoría en la modalidad kumite.
En 2017 se destacó en el Campeonato Argentino con cuatro medallas de oro (kata individual, kumite individual y ambas modalidades por equipo) y además viajó al Mundial de Irlanda, en el que logró un quinto puesto en kumite.
Fue ese el año de su gran despegue y le valió el Caldén de Plata, al ser reconocido como el mejor karateca de la provincia de La Pampa. Y a la vez fue su despedida, porque decidió dejar la actividad para dedicarse a su otra pasión: el fútbol.
«No fue fácil dejar el karate, pero tenía ganas de jugar al fútbol y las dos cosas no las podía hacer», dice Joaquín, que cursa el colegio secundario en el Santo Tomás (doble turno) y tiene solo parte de la tarde para hacer deportes.
«A mis viejos al principio no les gustó mucho que haya dejado el karate, pero igualmente me apoyaron como siempre. Y ahora están contentos», admite con una sonrisa.

Se puso los botines.
Con la cabeza rapada («para acomodar el desastre que me hicieron el día que debuté»), el cinturón negro multicampeón sobre una mesa y una pelota de fútbol bajo el brazo, Calbelo habla de su decisión de cambiar de deporte y de sus inicios -tardíos pero vertiginosos- como futbolista.
«Había jugado muy poquito al fútbol en La Barranca antes de empezar con el karate, pero desde los 9 años hasta ahora solamente jugaba de manera recreativa cada tanto», reconoce el joven santarroseño, que en 2018 se sumó a las filas de Atlético Santa Rosa pero no pudo debutar oficialmente porque ya era tarde para hacer la ficha habilitante de la Liga Cultural.
«Tuve que esperar hasta este año para jugar», reconoce Joaquín, que hizo su debut oficial como futbolista en la Cuarta División del Albo en el actual torneo de inferiores. Pasaron cuatro partidos en esa categoría y llegó la convocatoria para subir a la Reserva, en la que hizo su estreno ingresando unos minutos (con gol incluido) en la victoria 2-1 ante Atlético Macachín.
El jueves pasado volvió a la Cuarta (0-1 ante Mac Allister) y horas después del partido le comunicaron que al día siguiente iba al banco de Primera en el clásico Santa Rosa-All Boys. «Se me dio todo muy rápido; la verdad es que nunca me imaginé que podía pasarme todo esto en poco más de un mes. El debut fue algo hermoso. A pesar de la derrota fue una experiencia muy linda para mi», comenta el centrodelantero. «Me gusta jugar de ‘9’ o también por afuera», agrega.
«Cuando empecé con el fútbol me faltaba mejorar la parte aeróbica porque el entrenamiento en karate es totalmente diferente. Pero físicamente estaba muy bien, con fortaleza en brazos y piernas, y pude adaptarme rápido. Aunque obviamente me falta sumar entrenamientos y partidos. Recién estoy empezando», reconoce Calbelo. Deja el cinturón negro a un lado, se pone la ropa de fútbol y se va al club a entrenar, ya con la Primera División.

Humildad y disciplina
El karate es reconocido como un deporte que exige una destreza física particular y que la vez permite desarrollar el carácter y la personalidad de quienes lo practican. Esos valores son lo que Joaquín Calbelo destaca especialmente al referirse a las enseñanzas de las artes marciales que puede aplicar en el fútbol.
«Lo principal es la humildad que siempre me han inculcado en el karate, que me sirve para manejarme con respeto en todos lados. Eso y la disciplina para entrenar son cosas que se valoran mucho en el karate y que sin dudas son clave para cualquier deporte», explica el hoy delantero de Atlético Santa Rosa.
En el mismo sentido se expresa su mamá, Claudia, al destacar que los valores incorporados en la escuela Itaya Dojo de mano de la familia Hussein «fueron muy importantes para su formación como persona y su disciplina en el deporte. Siempre estaremos agradecidos».