La familia más futbolera de La Pampa

NUEVE HERMANOS

“No juego con Messi ni con Maradona, pero juego con mis hermanos y eso es lo más lindo que me puede pasar”. La frase pertenece a Ramiro Calderón y es toda una declaración de amor; por la familia y por el fútbol.
Ramiro es uno de los hermanos “del medio” de los Calderón. Antes y después llegaron Julio, Liliana, Roberto, Rodrigo, Daniel, Macarena, José María, Joana, Joaquín y las mellizas Karen y Cecilia. Los doce son hijos de Pedro y Olga.
Todos son de Pichi Huinca, una localidad de unos 350 habitantes (“contando la zona rural”, aclaran) del norte de la provincia y en la que, como en todo el país, la mayoría juega al fútbol.
En ese contexto, la familia Calderón parece haber nacido y crecido para mantener el alto porcentaje de futbolistas por cantidad de argentinos. De los doce hermanos, contando mujeres y varones, nueve (el 75%) juegan al fútbol, y la mayoría de ellos lo hace juntos defendiendo la camiseta de su pueblo en la Liga Municipal masculina y el Torneo Provincial femenino.

De toda la cancha.
Ramiro tiene 26 años, juega como mediocampista por las bandas y es empleado de la Comisión de Fomento de su pueblo. Junto a él trabaja su hermano José María (33), que en la cancha es lateral por la derecha.
Roberto (35), que se gana la vida en una distribuidora de General Pico, es el cerebro en el medio del campo, parado como el típico ‘5’ y con la cinta de capitán en el brazo. Más atrás, en el lateral izquierdo, suele ubicarse Julio (38), que trabaja en el campo y ya se pasó para la categoría de veteranos. El distinto es Joaquín (18), el más chico, que se mueve como enganche y es estudiante.
Los cinco hermanos juegan en el equipo de Pichi Huinca que desde hace tres años participa en la Liga Provincial de Fútbol Municipal, y que en pocos días estará jugando en Santa Rosa la fase final, cuando se pongan en marcha los octavos de final.
El equipo que dirige el profe Ezequiel Rinaudi tiene además otro Calderón en sus filas, Alexis (18, estudiante), volante por derecha, sobrino de los demás e hijo de Liliana, una de las pocas integrantes de la familia que no juega al igual que Rodrigo y Daniel.
Las otras cuatro hermanas sí son futbolistas: en Pichi Huinca juegan Macarena (31), que vive en Arizona (San Luis) y viaja cuando hay paridos, más las mellizas Karen y Cecilia (17), que estudian; mientras que Joana (21) defiende los colores de Estadio Municipal de Santa Rosa, ciudad en la que estudia.
“El mejor es Joaquín (el enganche), es el que nos hace ganar los partidos; los demás acompañamos cada uno con lo suyo”, dice con una sonrisa Ramiro, a quien le gusta moverse como carrilero por izquierda.
“Sí, Joaquín es el distinto”, asiente el entrenador Rinaudi, que trabaja en la Comisión de Fomento del pueblo y está obligado a llamarlos por el nombre cuando da la formación. “En el plantel son unos veinte y tenemos seis Calderón, así que hay que tener cuidado”, sonríe, y recuerda que en un partido clave contra Agustoni jugaron todos juntos.

Más unidos.
En una familia como los Calderón, el fútbol y los lazos de sangre se confunden, especialmente desde que hace tres años el equipo del pueblo empezó a jugar la Liga Municipal y los reunió a todos bajo una misma bandera.
“Mi papá ha jugado alguna vez, como todo el mundo, pero a él le tira más el campo que la pelota; no es muy futbolero que digamos”, asegura Ramiro para desmoronar la idea de que el amor por el deporte llegó por mandato o herencia familiar.
“No, por papá seguro que no, pero jugamos todos desde siempre, desde que somos chicos; no sé en realidad de dónde salió la pasión por el fútbol”, agrega el volante de Pichi Huinca, al tiempo que recuerda los picados familiares a los iban sumando hermanos y hermanas a medida que crecían.
Con el paso de los años, los varones fueron encontrando sus lugares en diferentes equipos de la Liga Pampeana, hasta que la Liga Municipal los volvió a reunir. Hoy, cada uno tiene su trabajo y muchos han formado sus familias, pero el fútbol los fundió para defender los colores del pueblo.
“Cuando empezó a formarse el equipo para la Liga empezamos a juntarnos todos los chicos del pueblo y nos dimos el gusto de jugar todos los hermanos juntos. Acá no juego con Messi ni con Maradona, pero juego con mis hermanos y eso es lo más lindo que me puede pasar”, dice Ramiro con un dejo de emoción. Aunque enseguida rompe el encanto: “Además los podés putear más fácil que a cualquier otro…”.
Hoy entrenan juntos durante la semana (cuando los horarios de sus trabajos se lo permiten) y corren alrededor de una pelota como cuando eran chicos y vivían todos en la casa de Pedro (65) y Olga (59). Y cada domingo, cuando la Liga los convoca, se ponen la camiseta del pueblo y aportan lo suyo para una familia aún más numerosa, la de Pichi Huinca.

Pichi Huinca en carrera
Pichi Huinca terminó en el cuarto lugar de la Zona “B” en la Liga Provincial de Fútbol Municipal, por lo que se clasificó para disputar los play off que tendrán lugar el fin de semana del 15 y 16 de este mes en Santa Rosa.
Con 14 puntos, el equipo de los Calderón terminó cuarto detrás de Metileo (22), la Maruja (19) y Speluzzi (14), los otros tres clasificados de esa zona.
En los octavos de final, Pichi Huinca chocará con Santa Isabel, y el ganador de ese encuentro se medirá en cuartos de final con el vencedor de Falucho ante Quehué.
Los otros duelos de octavos serán Metileo vs. Maisonnave, La Maruja vs. Speluzzi, La Humada vs. La Reforma, Abramo vs. Mauricio Mayer, Van Praet vs. Vértiz y Gobernador Duval vs. Colonia Santa María.
En el Provincial femenino, en tanto, las chicas de Pichi Huinca jugaron en el combinado con las de Arata, pero no pudieron llegar a la fase final del torneo, que fue ganado por Soem de General Pico.

Los Brown de Alumni
Cuando de hermanos futbolistas se habla, la gran referencia histórica la marcaron los Brown, que brillaron en masa en Alumni, el gran campeón del amateurismo nacional. Los Brown eran once hermanos, de los cuales seis (Jorge, Alfredo, Carlos, Eliseo, Tomás y Ernesto), más un primo (Juan), integraban aquel equipo que deslumbró en los inicios del siglo pasado.