La nadadora que desafió a los límites

Nació hace 41 años con espina bífida, una lesión en la médula que le dejó graves secuelas para caminar. Decidió decirle “no” a la silla de ruedas y lo logró. Comenzó a nadar como parte de la rehabilitación y hoy es reconocida a nivel mundial.
Nadó en los lagos Aluminé, Chocón, Gutiérrez, Lácar, Correntoso, Espejo y Nahuel Huapi. Se tiró al Río Negro, al Colorado y al Quequén. Unió la Isla Mujeres con Cancún, en México. Abrió y cerró el mundial Capri-Nápoles de aguas abiertas, en Italia. “Mirá si me hubiera resignado a la silla de ruedas, como me decían los médicos…”, reflexiona hoy Karina Fassi.
Nació hace 41 años en Cabildo -un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires- con espina bífida, una lesión medular que en su caso le dejó serias secuelas para caminar. Los diagnósticos médicos indicaban que iba a estar toda su vida en una silla de ruedas. Y la alentaban a no bajar los brazos, porque aún así iba a poder desarrollar una vida normal.
Pero ella fue más lejos. Luchó contra todas las adversidades. Superó varias operaciones fallidas y obstáculos de todo tipo. Estudió, se preparó y se recibió de Contadora en la Universidad Nacional del Sur (UNS), en Bahía Blanca. Nunca se resignó a la silla de ruedas. Buscó y buscó hasta que una nueva intervención le permitió mejorar su calidad de vida. La recuperación la llevó a la natación, y fue como si volviera a nacer.
Hoy es reconocida en todo el mundo por su lucha, su fortaleza y su tenacidad para desafiar los límites. Fue recibida en la residencia de Santa Marta por el Papa Francisco, quien destacó su entereza: “Dios sabe que tenés fuerza para enfrentar lo que sea, y si algún día sentís que la perdiste, buscala, porque está dentro tuyo”, le dijo.
Su historia de vida está resumida en el libro autobiográfico “El Poder de Querer”, que fue editado este año y que el próximo viernes será presentado en Santa Rosa. La cita será a las 20 en el auditorio del Centro Municipal de Cultura, donde Fassi intentará transmitir que “si uno no baja los brazos, se pueden lograr muchas cosas”.

El libro.
“¿Qué hubiera pasado si yo bajaba los brazos y decía bueno, está bien, y me quedaba con lo que decían los médicos? ‘Kari, la vida continúa, en una silla de ruedas, pero la vida continúa’, me decían. Mirá si me quedaba con eso y elegía la silla de ruedas y no intentaba superarme”, señaló ayer Fassi en una charla en Radio Noticias, adelantando la presentación de su libro.
“Si bien fue difícil y hubo muchas cosas que salieron mal; lo que queda es que si uno intenta, a la larga las recompensas llegan”, comentó la nadadora. Y sobre su libro agregó: “Decidí contar mi historia de vida para compartirla con la gente, abrir mi corazón y contar lo que me había pasado, porque sentí que a través de mi historia podía motivar a otras personas”.
Cuando escribió su historia, hizo tres copias que fueron para los médicos del Fleni (donde fue operada con éxito la última vez), para el Papa Francisco y para la editorial de la UNS. “El médico del Fleni que me trató, Juan Carlos Couto, me dijo que el libro era una caricia para el alma. El Papa me contestó con una carta, me agradeció, me invitó a su residencia y me pidió que rece por él. Y la tercera copia fue la editorial, donde decidieron publicar mi libro como un mensaje motivador”, describió Kari.
“Hoy, después de presentarlo en varios lugares, puedo decir que mi libro llega, que el mensaje llega y motiva a muchas personas que no están pasando un buen momento. Y a los que están bien también, me dicen que los ayuda a luchar por sus sueños”, concluyó Fassi.

El camino hacia su pasión.
Cuando Karina Fassi nació, el 3 de octubre de 1974, los conocimientos y tratamientos para la espina bífida eran aún precarios. Sus primeros años en Cabildo no fueron fáciles. La lesión había afectado sus piernas desde las rodillas hacia abajo, por lo que sus músculos y huesos eran muy frágiles.
A los dos años fue tratada en un centro de rehabilitación, donde le pusieron unas botas ortopédicas con unos ‘fierritos’ para poder comenzar a caminar. Y pese a que muchos niños en esa misma condición no lo consiguen, ella dio sus primeros pasos.
Igualmente, lo médicos le recomendaron el uso de una silla de ruedas porque la fragilidad de sus extremidades podía causarle severas lesiones, muy difíciles de recuperar. Pero Karina no se resignó y apostó a las botas ortopédicas.
En plena adolescencia, con todo lo que ello implica en cuanto a la “autoestima”, fue operada porque su situación se había agravado, pero las cosas no salieron bien. Su pierna izquierda se resintió aún más y empezó a pisar directamente con el tobillo.
Mientras seguía lidiando con sus problemas para caminar y su físico se debilitaba, comenzó a estudiar la carrera de Contador Público Nacional en la UNS, donde se recibió en 2002.
Cuatro años más tarde dio con la Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (Fleni), donde el doctor Juan Carlos Couto la comenzó a atender hasta decidir una nueva operación en 2009. Esta vez fue exitosa. Las botas con “fierritos” dieron paso a unas valvas de prolipopileno, más livianos y aptos para caminar.
Como parte de la rehabilitación le indicaron hacer natación. Y allí encontró su pasión. Empezó en el club Uno de Bahía Blanca y no paró más. Nadó en ríos, lagos y mares, dejando un mensaje en cada brazada.

Un encuentro único.
La decisión de que una de las tres copias que originalmente hizo de su libro fueran a manos del Papa, terminaron con un encuentro soñado. Karina Fassi le envió una carta a Francisco contándole su historia, y un tiempo después fue invitada a la residencia de Santa Marta, en el Vaticano, donde pudo entregar sus escritos y vivió un momento único.