Que los yuyos no tapen el ascenso

GONZALO SALVATIERRA, CAPITAN Y EMBLEMA DE SARMIENTO, LUEGO DEL REGRESO A PRIMERA "A"

“¿Qué hacemos, entrenamos o cortamos los yuyos?”, se preguntaron los jugadores de Sarmiento allá por febrero de este año, cuando se reunieron en el Fortín de Villa Elisa para comenzar con la pretemporada. Por delante tenían un año más en el torneo de la Primera “B” de la Liga Cultural de fútbol, y esa duda inicial dejaba en claro que no iba a ser para nada fácil.
Los esperaban muchos meses de esfuerzos, de resignar horas con la familia, de entrenamientos en condiciones inadecuadas, de viajes a canchas difíciles, de un desgaste físico y mental propio de un futbolista que juega un torneo totalmente amateur, y que debe compartir su pasión con las obligaciones laborales.
El objetivo era claro: llevar a Sarmiento a la máxima categoría de la Liga Cultural, devolverlo a su lugar, al que históricamente ocupó. Y esa meta, por demás exigente, le sumaba una presión a los jugadores, al cuerpo técnico y al grupito de dirigentes. Entre todos debían hacerse cargo de llevar la pesada mochila. De cortar los yuyos y de lograr el ascenso. Y después de más de siete meses, lo consiguieron.

Camino largo.
“La verdad es que estoy sin palabras”, dijo emocionado Gonzalo Salvatierra, capitán y emblema de Sarmiento, instantes después de conseguir el ascenso luego de la igualdad sin goles con El Elyon en el partido correspondiente a la última fecha del certamen.
“Luchamos mucho por esto desde que el 8 de febrero nos pusimos a trabajar”, agregó el zurdo. Y enseguida recordó esos comienzos de temporada: “Cuando llegamos al primer entrenamiento no sabés lo que era la cancha, nos miramos y dijimos, ‘¿qué hacemos, entrenamos o cortamos los yuyos?'”.
“Pero de a poquito -continuó- fuimos haciendo el camino que nos llevó a este ascenso. Tuvimos muchos escollos, muchos problemas para ensamblar el equipo, porque el técnico (José Edgardo González) nos daba un mensaje claro, pero faltaba que nosotros supiéramos tomar ese mensaje. Nos costó al principio, pero agarramos viaje”.

Comienzo difícil.
El inicio del Azul fue preocupante. Empate como local ante Unión Deportiva Campos de General Acha (1-1), otra igualdad en casa contra Unión Acha (0-0) y derrota como visitante de la Escuela Daniel López de Caro Quemado (2-3). Iban apenas tres fechas y el objetivo se alejaba, mucho más teniendo en cuenta que en la divisional había equipos como Campos, Deportivo Penales, Guardia del Monte de Toay o El Elyon, que se habían armado con el mismo plan.
Pero esa derrota en Carro Quemado fue un click para el grupo. Una semana después llegó el primer triunfo, 1-0 ante un rival directo como Penales, y a partir de allí Sarmiento hizo un verdadero campañón, que se cerró con quince victorias, seis empates y aquella derrota, después de la cual los del “Topo” González sumaron diecinueve partidos sin caer.
“Cuando nos tocó perder contra Carro Quemado, en la tercera fecha, nos cambió la cabeza. Nos dimos cuenta que el equipo tenía con qué, que había materia prima. Y sabíamos que gracias al trabajo de la pretemporada, con el correr de los partidos podíamos encaminarnos y lograr el ascenso”, resumió Salvatierra.

El gran final.
Sarmiento arribó a la última fecha del torneo con dos puntos de ventaja sobre El Elyon, justamente el rival al que debía recibir en su cancha de Villa Elisa. Y El Fortín fue una fiesta, con un marco acorde a un partido definitorio y con los dos mejores equipos cara a cara.
Y aunque al Azul le alcanzaba con un empate para quedarse con el título y el ascenso, lo jugó como si esa ventaja no existiera. “No salimos a aguantar el empate. Enfrentábamos al que a mi entender es el equipo más duro de la ‘B’ y por eso no nos teníamos que relajar, teníamos que plantearlo de igual a igual”, explicó el capitán. “Después, la ansiedad de que se terminara y la intención de no perder el partido nos llevó a retrasarnos un poco, pero lo pudimos cerrar bien”, agregó al referirse al 0-0 definitivo.
Finalmente, Salvatierra hizo una mención especial a las familias de todos los integrantes del plantel, y en especial a la suya. “Todas nuestras familias nos apoyaron y nos acompañaron desde el principio; ellos saben de nuestro esfuerzo, de lo que significa ir a entrenar después del trabajo, y por eso los festejos”, comentó a modo de homenaje. Y cerró, al borde del llanto, con una dedicatoria especial: “Esto es para mi viejo; él es la persona que me guía desde que estoy jugando acá, el que me cuida siempre. Va dedicado a él y a mi vieja”.

Sarmiento, “de Villa del Busto”
Había muchos de aquellos el domingo, pero no estaban todos… “Lalo” Suárez Cepeda, “Rulo” Cisneros, los González, y tantos. Pero faltaban muchos otros, es verdad. Estaba lleno el estadio sarmientino para ver volver a los azules al círculo privilegiado: de un lado los hinchas de los dirigidos por el “Topo” González; del otro la gente de El Elyon.
Alguna radio señalaba que el equipo “de Villa Elisa” estaba regresando a primera división, y muchos de los más veteranos simpatizantes del azul se trenzaron en una discusión: “Sarmiento es Villa del Busto”, decían sin dejar lugar para la duda.
Pero es que la cancha se erigió -eso sí- en terrenos de Villa Elisa, pero el club fundado en 1955 tuvo y tiene aún su sede en la calle Raúl B. Díaz, y naturalmente hay una larga historia que los emparenta con la populosa barriada.
Es que no se pueden dejar de lado los recuerdos, las emociones, aquellos tiempos de club de barrio epicentro de las más diversas actividades. Desde los populosos bailes que reunían multitudes, pasando por distintas disciplinas deportivas que supieron desarrollarse en su gimnasio: desde voley, pasando por básquet y hasta boxeo. Y obviamente el sóftbol en algún momento como insignia de la institución del barrio.
Pero yendo más atrás en el tiempo como no rememorar aquellos baby fútbol que fueron furor de otros tiempos, donde brillaron jugadores de la talla de “Lando” Matus, Calvito, Chiquito Rodríguez, los hermanos Sombra, los Andino, los Díaz, y tantos magos de la pelota… muchos de ellos después jugadores de la primera división.
Sarmiento fue, por años, un equipo de fútbol que se nutrió, precisamente, de ese baby y de los potreros de la Villa del Busto… Y sino que lo digan los Sasía, los Stickar, Ranocchia, Cufré, y cientos de jugadores de la zona.
Alguna vez, y por bastante tiempo, el azul supo hacer de local en cancha de All Boys, y a nadie se le ocurrió entonces que era el equipo de “la avenida Spinetto”.
Es cierto, la cancha de Villa Elisa es propia y eso podría cambiar un poco las cosas, pero lo cierto es que digan lo que digan Sarmiento es… de Villa del Busto. Lo marca la historia. Nada más, ni nada menos… (M.V.)

Compartir