Rugby en la cárcel

El número 14 no mira hacia atrás. Abraza la guinda contra el pecho y corre. Corre con los ojos bien abiertos hacia la línea de fondo. Detrás quedaron los dos backs del Santa Rosa Rugby revolcándose en el suelo duro. Corre y escucha los gritos de sus compañeros. Corre erguido para frenarse justo detrás de los postes y apoyar la pelota con suavidad. Van 5 minutos del primer tiempo y Sacrificio XV, el plantel de rugby de la Unidad Penitenciaria 4, acaba de anotar el primer try de su historia. Detrás de los alambrados se escuchan aplausos. Después viene un silencio prolongado, el trinar de una bandada pájaros, el runrún de un auto que pasa a toda máquina, hay siesta en Villa Alonso y el cielo está limpio.
Sacrificio XV (así bautizaron los presos al equipo antes de salir a la cancha porque hasta ayer no tenía nombre) se midió por primera vez contra un equipo santarroseño en el patio de la Colonia Penal después de dos meses de entrenamiento. Diez jugadores del Club Santa Rosa Rugby se prestaron al desafío que en principio iba a ser en formato seven (siete jugadores por equipo) pero que terminó siendo de ocho contra ocho.
El encuentro se dio en el marco de un programa impulsado desde Nación, tras la exitosa experiencia de los Espartanos, el equipo de Rugby que en el 2010 se conformó en el Penal de San Martín, en Buenos Aires.

El partido.
Para llegar al patio de la Colonia Penal hay que atravesar cinco puertas y ocho rejas por un pasillo largo y penumbroso que comunica a todos los pabellones. Pero antes hay que dejar el DNI, el celular y las llaves en la casilla de un guardia. Después pasar los bolsos por un escáner. Camino al patio el sonido metálico de los pasadores se oye sobre un rumor de voces, estremece el murmullo típico de las cárceles, la cantidad de agentes penitenciarios. Son las 3 de la tarde y en el aire perdura el olor del almuerzo.
Lejos del césped verde y cuidado del SRR, el patio de la cárcel es duro, salpicado de gramilla, con cascotes en los bordes. A falta de postes (las típicas “H” de las canchas de rugby) hay dos arcos de fútbol pequeños, con las redes descosidas.
Por casualidad o ironía del destino, el único juego de camisetas que consiguieron los presos para la ocasión es rayada, blanca y azul, con las bandas horizontales: ocho camisetas que los jugadores irán rotándose a medida que se hagan los cambios.
En el equipo Sacrificio hay tres que se distinguen: un dominicano grande como un ropero que tiene las rodillas vendadas, un uruguayo que es el motivador del grupo y un flaquito muy ligero de pantalones largos de color rojo que encima se puso un short negro.
Antes de iniciarse el juego, el equipo carcelero arma un círculo, se da fuerzas y ve en la pantalla de un celular un vídeo motivacional que Daniel Hourcade, el mismísimo entrenador de Los Pumas, les envió para la ocasión. “Me enteré que hoy juegan su primer partido y les deseo que se diviertan que la pasen bien que hagan vínculos y disfruten del deporte. Desde acá los apoyamos porque sabemos que también ustedes nos apoyan a nosotros”.
“Nos parece muy importante que estos jugadores no nos discriminen por lo que hicimos y que nos den la posibilidad de reinsertarnos, que vengan a compartir con nosotros”, dice el Uruguayo.
“Que vengan con confianza a la prisión es muy bueno. Toda esta gente podría estar en otra parte, con sus familias, con sus hijos, en sus trabajos, pero están aquí”, dice el dominicano con todo su acento caribe.

Profes.
Sacrificio entrena martes y jueves en el patio del penal y cada quince días con Santa Rosa Rugby. Dos meses atrás, cuando comenzaron las prácticas no había jugadores ni para un partido de truco pero hoy son 25. Mario González, el profe del penal, estima que cada vez van a ser más.
“Hoy bajaron 22 de los 25 que son. Se armó un grupo homogéneo que manifiesta su interés. El deporte los despeja mucho, libera sus tensiones. Así que además de generar un beneficio fisiológico, también tiene un efecto psicológico”, dice el profe, que hace 11 años trabaja en la U4.
Antes de radicarse en Santa Rosa, Javier Sequeira vivía en Buenos Aires y entrenaba al Liceo Naval, un club que juega actualmente el torneo de la URBA. En La Pampa, el hombre juntó trabajo y el deporte. “Yo siempre separé, el trabajo de rugby. Pero acá se dio la posibilidad de entrenar a Santa Rosa y también de hacer algo acá, en el penal. La verdad es que en el club hay una conciencia social que no hay en otros lados. El grupo humano es muy heterogéneo, de distintas extracciones sociales y creo que eso es muy importante”, dice Sequeira que es delegado de asuntos penales del Servicio Penitenciario Federal.
“A la mitad de este equipo los condenamos nosotros”. Las palabras de Ignacio Rodríguez Berdier, secretario del Tribunal Oral Federal de Santa Rosa, deben entenderse literalmente: la mitad de los jugadores que integran Sacrificio XV están allí por una decisión judicial, la mayor parte por infracción a la Ley de Drogas, condenas que se tramitaron en el juzgado de Santa Rosa.
-¿Cómo es hacer rugby con gente a la que conoce de antemano en una circunstancia que nada tiene que ver con el deporte?
-Ellos saben que acá venimos a jugar al rugby. En un primer momento me pedían cosas referidas a sus causas, pero después entendieron que podían hablar conmigo fuera de la cancha.
-¿Piensa que este tipo de actividades le sirven a los presos?
-Absolutamente. Está demostrado que la mayoría de los que se metieron al rugby no han reincidido. Yo siempre repito una frase: con el pasado no podemos hacer nada, solo podemos hacer algo en el presente para tener un mejor futuro.

Tercer tiempo con facturas
Una de las tradiciones del rugby es el tercer tiempo, el epílogo del partido en el que ambos planteles comparten una reunión y dejan de lado la rivalidad deportiva. Ayer por la tarde, Santa Rosa Rugby y Sacrificio XV compartieron el ritual con gaseosas y facturas.

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