Senegaleses que viven en Santa Rosa festejaron el triunfo ante Polonia

“¡Ehhh, amigo; acá!”, grita Tala desde 40 metros para dar a conocer su ubicación. Faltan unos minutos para el mediodía en Santa Rosa y los dirigidos por Aliou Cissé ya pisan el campo de juego del estadio del Spartak de Moscú. Es el momento de debutar para el quinto equipo africano clasificado al Mundial de Rusia y, quizás el senegalés más fanático de los que viven en la capital pampeana, no quiere perderse ningún detalle.
Descalzo, en pantalones cortos y con musculosa, Tala apura el paso para recorrer rápidamente el largo pasillo que va desde la puerta que da a la calle hasta su departamento. “Por acá”, indica impaciente, mientras despeja el camino pateando alguna pilcha. “Ya arranca, vamos”, agrega sin esconder la sonrisa ni detener el ritmo.
Unos pasos más y la puerta de su dormitorio da lugar a su propio estadio, el espacio en el que vivirá la segunda participación de Senegal en un Mundial y desde el que se conectará con su tierra con el fútbol como puente. Dos de sus compatriotas, los hermanos Cheikh, esperan ansiosos el comienzo del juego, uno sentado en la cama y el otro en una silla de ruedas.
Una bandera con los colores de Senegal decora la mesita que sostiene el televisor, a modo de santuario futbolero. Una túnica clara que cuelga de una percha junto a una bolsa con ropa, unas cuantas camperas desparramadas por toda la habitación y un ventilador de pie también forman parte del paisaje.
Guardados como corresponde descansan los relojes, anillos y pulseras que cada día ofrecen en diferentes lugares del centro santarroseño, donde los senegaleses se ganan la vida como vendedores ambulantes.

Negro, oscuro.
Las imágenes en la tele muestran la fiesta senegalesa en las tribunas del Spartak Stadium y Tala la traslada rápidamente a su departamento en el centro santarroseño. “¡Mane, Mane!”, grita y aplaude cuando las cámaras muestran en primer plano el rostro del delantero del Liverpool, figura y capitán del elenco africano.
“Lewandowski”, dice con tono serio uno de los hermanos Cheikh -y le pone freno a la euforia de sus compatriotas- cuando se ve al temible delantero del Bayern Munich, goleador de Polonia y que llega al Mundial en un gran nivel.
La transmisión oficial repasa las formaciones iniciales de cada equipo y la mayor ovación en la casa de Tala se la lleva Aliou Cissé, hoy entrenador, y quien en Corea-Japón 2002 fuera capitán del equipo que hizo su estreno absoluto en mundiales con un triunfo en el debut a Francia, que llegaba como campeón.
“Entrenador negro, negro…, oscuro”, se esfuerza por destacar Tala en su trabado castellano, mientras señala al DT de las rastas. “Entrenador negro en Mundial”, insiste, y por fin su interlocutor entiende el fondo de la expresión: Cissé es el único técnico ‘negro’ en el Mundial de Rusia, además de ser un incesante luchador para que sean cada vez más los DT afrodescendientes. Y para cada senegalés, como los que viven en Santa Rosa, eso es motivo de orgullo.

La predicción.
Tala es uno de los tres senegaleses que unos días antes del comienzo del Mundial charló con LA CHUECA sobre el torneo en Rusia y la manera de vivirlo lejos de su país natal, en una ciudad como Santa Rosa. En la nota, publicada en la edición del domingo 10 de junio bajo el título “Una pasión que supera las fronteras”, tanto Tala como sus compañeros (Khadim y Billy) vaticinaron un triunfo de Senegal en el debut ante Polonia, como finalmente ocurrió ayer.
Aquella vez, Tala predijo un 2-1 a favor de los suyos, pero ayer, envuelto por la emoción del partido, elevó la apuesta a un 3-1. Tampoco dudaron en augurar un triunfo de Senegal los hermanos Cheikh (2-0 y 3-1) y Akon (3-0), quien se sumó a último momento a la reunión, cuando ya se movía la pelota en Moscú.
Aplausos, gritos, comentarios en su idioma y muchas sonrisas acompañaron el minuto a minuto de lo que ocurría en el Spartak Stadium, donde finalmente Senegal le ganó 2-1 a Polonia en su debut en el Grupo H del Mundial. La habitación estalló cuando Idrissa Gana Gueye, volante del Everton inglés, remató y la pelota se desvió en Thiago Cionek para transformarse en el primer gol senegalés.
Los festejos, con volteretas en la cama incluidas, se multiplicaron tras el tanto de M’Baye Niang que puso el 2-0 parcial, aunque la tensión se apoderó del ambiente cuando Grzegorz Krychowiak descontó sobre el final.
El partido terminó con Tala celebrando de rodillas y vaticinando un nuevo triunfo para el duelo ante Japón, el domingo en Ekaterimburgo. Y con más elogios para Cissé, el DT de las rastas, el que sorprendió en 2002 como jugador, el que hoy vuelve a hacer historia como entrenador y el que, por su condición de ‘negro’, enorgullece a todos los senegaleses del mundo.