“Siendo mujer la exigencia es doble”

MALVINA SCHIEL, LA PRIMERA PAMPEANA CON EL TITULO DE ARBITRO NACIONAL DE AFA

El 8 de marzo de 2015, cuando cruzó la línea de cal y pisó el “césped” de la cancha de Guardia del Monte de Toay, Malvina Schiel dio el gran paso. Ese día, la joven nacida en General Campos dirigió su primer partido de Primera División de la Liga Cultural de fútbol (Guardia vs. Deportivo Winifreda) luego de varias temporadas de estudio, esfuerzo y lucha contra el sistema.
Se conmemoraba el Día Internacional de la Mujer y para Malvina fue especial desde todo punto de vista. Por un lado, renovaba sus votos de amor por una profesión que había aprendido a querer desde sus tiempos de la primaria.
Y por otro comenzaba a transitar un enorme cambio en su vida personal luego de recibir una propuesta única: al finalizar el partido, su novio de entonces, Germán Schamber, ingresaba al campo de juego con un ramo de flores y le pedía casamiento. Desde septiembre de ese año son marido y mujer y transitan juntos por las canchas pampeanas, porque Germán también es árbitro.
“Yo siempre le digo que me quitó el protagonismo”, recuerda hoy con una sonrisa Malvina, en una especie de reproche eterno a su compañero de vida por haber copado la atención de muchos medios, que se quedaron con la historia de amor en lugar de destacar el debut de la primera mujer árbitro en la Primera División pampeana.
Pasaron casi tres años y Malvina, en silencio, fue haciendo su propia carrera en un mundo siempre difícil para una mujer. Los obstáculos fueron cada día más altos, pero Schiel redobló sus esfuerzos y hoy dio otro de esos pasos gigantes: se recibió de árbitro Nacional de AFA y a partir de ahora será oficialmente una de las representantes del arbitraje pampeano (los otros pocos ‘nacionales’ son varones) en el país, con barreras aún más altas por delante.

Desde chiquita.
El vínculo de Malvina con el fútbol se remonta, como la de casi todos los argentinos varones, desde sus primeros contactos con el mundo. “Me crié en una escuela rural, Colonia San Juan, a pocos kilómetros de Campos, y siempre fui la única nena en el grado, desde el jardín hasta que salí de la primaria”, recuerda Malvina en una charla con Radio Noticias.
Y agrega: “Entonces en los recreos jugábamos a la pelota, sin arquero porque éramos poquitos y nos quedábamos sin jugadores. Jugábamos con arco chico, uno hacía de árbitro y generalmente era yo porque me tenían confianza, quizás era la más justa”.
Hoy Malvina tiene 30 años y es, además de árbitro nacional de fútbol, abogada. “Me gustaba abogacía, y dentro de las posibilidades económicas de mi familia en aquel momento, cuando egresé del secundario en General Campos, la mejor opción era venir a estudiar a Santa Rosa”, explica.
Actualmente trabaja en el Poder Judicial de la provincia y todos los días de su vida, fines de semana incluidos, convive con la justicia en todas sus formas. Aunque al mismo tiempo, paradójicamente, sufre las vicisitudes de un ambiente muy injusto con la mujer: el del fútbol en general y el del arbitraje en particular.

Camino difícil.
“Ser árbitro no fue fácil. Se ponía más difícil a medida que uno iba estudiando y mostrando ciertas cualidades. Estábamos con otra chica y a medida que íbamos creciendo nos empezaron a bajar de categoría, y las respuestas o excusas no coincidían con la realidad. Además, en las clases las mujeres respondíamos y participábamos más que los varones, y eso no gustaba…”, resume Schiel al referirse a su complicado camino en el arbitraje.
“Es un ambiente de mucho celo, de mucha envidia, de decir ‘por qué aquel dirige y por qué yo no’, y especialmente si una es mujer”, reflexiona Malvina, que empezó su curso en 2009 y lo cortó transitoriamente un año después, cansada de tantas trabas y porque además la facultad le demandaba mucho tiempo. En 2012 volvió, en 2014 se recibió de abogada, en 2015 debutó como árbitro en la Primera División culturalista y en 2017 se recibió de árbitro nacional.
– ¿Cuánto más difícil es ser árbitro siendo mujer?
– Siendo mujer la exigencia es doble, tanto física como intelectualmente. En lo físico, porque somos mujeres y por una cuestión natural no podemos correr lo mismo ni a la misma velocidad que un hombre. Y dirigimos a hombres, por lo que tenemos que entrenar el doble para correr al lado de ellos; con el agravante que hoy los jugadores debutan cada vez a menor edad, son muy jóvenes y van muy rápido; nada que ver con lo que era antes.
– ¿Y por qué intelectualmente?
– Porque reglamentariamente siempre van a estar esperando que pase algo, que tengamos un error, para apuntarnos. Entonces hay que estar muy bien preparadas en todo sentido.
– ¿Te sentís respetada por el resto de los árbitros?
– Sí, entre mis pares me siento igual, en las mismas condiciones para desempeñarme; pero entiendo que a muchos desde afuera les llame la atención que los dirija una mujer. De los vestuarios para afuera es otra cosa. Las cosas van cambiando, se están acostumbrando a verme y siempre fui bien aceptada, pero para algunos aún hoy es raro.
– ¿Y el trato en la cancha?
– El mensaje de las tribunas es terrible, muy violento. Se gritan muchas barbaridades, mensajes machistas y muchas veces son mujeres las que me gritan… Pero adentro es otra cosa, el trato es muy bueno, nunca tuve problemas con los jugadores ni con los entrenadores por mi condición de mujer. Siempre me han respetado.
– ¿Sos de tutear a los futbolistas, de establecer empatía con una sonrisa?
– No, siempre con cara seria y sin tutear porque al jugador le gusta que lo traten de usted, de señor… Les encanta que le digas señor porque los hace sentir importantes. Yo escucho al 90 por ciento de los árbitros que se tutean con los jugadores, pero yo no. Cuando les digo ‘señor’ es como que marco un límite.
– ¿Cómo te protesta un jugador, cómo se para frente a vos en un momento caliente del partido cuando entiende que lo que cobraste estuvo mal?
– Depende del jugador, del ambiente, de lo que se está jugando… Hay muchas cosas que no se escuchan porque el jugador es muy vivo para eso, para protestar. Igualmente, cuando arranqué tenía cinco o seis tarjetas amarillas garantizadas por exceso verbal; y hoy no las tengo. Creo que gané credibilidad, confianza de los jugadores, y cuando me equivoco pongo cara de seguridad… (risas)
– ¿Se puede vivir del arbitraje?
– En este medio (el fútbol pampeano) no, pero en una división superior sí; de hecho los árbitros de Primera viven del fútbol y están dedicados exclusivamente a eso porque no tienen tiempo para otra cosa. Pero acá no, incluso cuando termina un partido muchas veces la gente le grita a los dirigentes ‘no les pagués, que son un desastre!’. Y yo les digo que si nosotros dirigiéramos por lo que cobramos, me quedaría el domingo en mi casa comiendo un asado… Y me evitaría salir a las 10 de la mañana y volver a los 8 de la noche; que me insulten, que me moje si llueve, que la pase mal si hace calor, que me escupan, que no me paguen…, pero sin embargo vamos porque nos gusta.
– ¿Y tenés amigos dentro del ambiente?
– No, es difícil tener amigos en el arbitraje. Hay mucha envidia, recelo por ver a quién designan y a quién no. Los árbitros vamos a las finales a ver al árbitro, y he visto y escuchado a compañeros de ese árbitro esperando que dirija mal… Dentro del campo de juego esas cosas tratan de eliminarse; se trabaja en equipo, pero después la relación que uno tenga fuera de la cancha es otra cosa.

Cómo llegar o solo llegar
“Hay una frase que dice ‘no importa cómo se llega, sino importa llegar’, y en el arbitraje pasa…”, asegura con tristeza Malvina Schiel cuando es consultada sobre los supuestos “arreglos” a los que se pueden prestar algunos árbitros. “Quiero creer que no los hay, pero un arbitro puede hacer cosas para que un equipo obtenga ciertos beneficios”, advierte. “A mi me importan ambas, llegar y el cómo, porque es mi personalidad y mi esencia. Yo no tengo amigos en el arbitraje, pero con los pocos que hablo les digo que hay que llegar por méritos”, sintetiza.

“A muchos los escuchás y son Pitana”
Malvina Schiel firmó este año una pasantía con AFA que le permitió ser designada como árbitro asistente en el Torneo Federal “A”, y ahora ese abanico se abrió aún más con su título Nacional, lo que le da la posibilidad de ser jueza principal en categorías superiores.
Sin embargo, lograr una designación en ese nivel no es simple para una mujer. “AFA está complicada, han cambiado muchos instructores y hay que hacerse conocer otra vez dirigiendo. Pero estamos en una zona geográfica complicada por la lejanía con los equipos que tienen fútbol”, explicó Malvina.
A la vez, elogió a Horacio Elizondo como cabeza del arbitraje nacional (hizo debutar a tres mujeres como asistentes), pero dijo que “estamos muy lejos” de ver a un mujer como árbitro principal en la Superliga. “He escuchado a dirigentes decir ‘sí, dirige bien, pero no tiene que haber mujeres en el fútbol’, y así es difícil”, comentó.
“Necesitamos partidos, hacernos ver y seguir creciendo aceptando las críticas. Al árbitro no le gusta que lo critiquen, a muchos los escuchás y son Pitana…; no hay autocrítica”, cerró.