Dejó un Olimpo terrenal, el de Bahía Blanca, club que le ofreció su pantalla de tevé para que empezaran a verlo y conocerlo, y llegó a un Olimpo celestial, el del fútbol argentino, el del selecto grupo de los cinco grandes, más allá del presente oscuro y tambaleante de San Lorenzo.
Acá está Julio César Furch, en la nave norte del Gasómetro II, calentando sus músculos, templando su corazón y pensando en su Winifreda natal, en la previa a su primera vez en el banco de suplentes con la número 16. Porque más allá de que una mente imaginativa lo haya apodado "El emperador del gol", asociando sus nombres con el dictador que gobernó Roma en la última centuria antes de Cristo, él sigue siendo El Ruso, el pibe que vuelve al puebo a jugarse unos picados con sus amigos cada vez que el profesionalismo le da un descanso.
La escenografía de ayer fue totalmente diferente a la que había a su alrededor cuando el técnico Alfredo Sauro lo hizo debutar en la primera del Deportivo a los 15 (hace ocho años), y también a las que vio cuando aún más chico se probó, sin suerte, en otros clubes de primera durante un viaje con el Deportivo Mac Allister.
Como él contó, cuando le dijeron San Lorenzo, no miró demasiado el bajo promedio y la angustia vivida por un descenso que no fue, los números del contrato ni que la cesión sea sin cargo. Y por si faltaba algo, las palabras de su compañero Christian Villanueva, terminaron por darle el empujoncito: "Vos sos soltero, ni lo pensés..."
Por eso hoy, después de verlo en sus comienzos meter goles con la nueve de Winifreda y de recordar con una sonrisa que Edilio Zabala no lo ponía cuando lo llevó de refuerzo a All Boys -el propio entrenador, ese hombre bonachón, se debe reír con esa anécdota-, emociona ver a este muchacho vestido de azul y rojo, como alguna vez lo estuvo el Pampa Biaggio y hoy figura entre los diez máximos goleadores en la historia del club.
El primer paso.
La primera tarde oficial color azulgrana para Furch empezó ayer a las 15.26, cuando el Flecha Bus estacionó en la puerta del vestuario local y los jugadores fueron bajando en fila india, mientras el flamante, y provisorio presidente de San Lorenzo, Matías Lammens, hablaba sin parar ante los micrófonos radiales explicando cómo está y qué pretende para el club.
Julio se dejó ver por la puerta del micro después de su amigo Nicolás Bianchi Arce y del ex Desamparados de San Juan, Augusto Alvarez. Rápidamente ingresó al camarín y su silueta de 1,89 se perdió de la vista de los curiosos. Un detalle: es el refuerzo más joven que los nueve que sumó el técnico Caruso Lombardi. Hace ocho días cumplió 23 años.
Al toque arribó el árbitro Mauro Vigliano, en un Bora negro, que también dejó en la puerta del vestuario, junto a sus tres colaboradores. En una mano llevaba un bolso con la indumentaria y en la otra un portatermo de cuero. Y enseguida llegó el revuelo. Un BMW estacionó a metros del vestuario y surgió la figura alta de Marcelo Tinelli, con su hijo y un par de custodios. Muchas fotos, muchos saludos y muchas declaraciones. Incluso habló de Furch, ante una pregunta de LA ARENA, y lo elogió.
A jugar.
Después a esperar, con la incógnita de desconocer si Caruso le indicaría a un asistente "llamalo a Furch". Y esa seña llegó faltando un cuarto de hora para el final, con San Lorenzo 2 a 0 arriba y con San Martín empujando por el descuento. A las 18.49 del domingo 5 de agosto de 2012, El Emperador de Winifreda pisó el césped del Bajo Flores en lugar de Denis Stracqualursi.
Fueron pocos minutos, pero intensos. La primera pelota que tocó fue en la mitad del campo, sobre la platea norte y de espaldas al arco. Fue un pase de Prósperi que trató de aguantar. Después le cobraron un orsay dudoso. En la jugada siguiente bajó a defender un corner. En otra fue a apretar al arquero Luis Ardente y a obligarlo a reventarla. Y quedaron una bajada de pecho, una pelota aérea que cabeceó en el círculo central, una corrida por la derecha tras pase de Buffarini que terminó perdiendo cerca del corner y otra que luchó por la izquierda y se le fue al lateral, aunque ya muy solo porque Jara había salido.
En medio de esas vivencias, llegó el gol sanjuanino, que no alcanzó a opacar la tarde soñada. Con el pitazo final, primero se abrazó con José Luis Palomino y después con Bianchi Arce. Y a la salida de los vestuarios, en medio de un clima de alegría controlada, contó sus sensaciones en un mano a mano con este diario.
"Esto es un sueño, esos sueños que no se cumplen y a mí se me dieron. Es impresionante jugar en esta cancha con tanta gente y mirando en el vestuario a los compañeros que tengo. Sinceramente, aunque hayan sido 15 minutos, los disfruté al máximo, porque aunque soy tranquilo, las cosas las siento por dentro", explicó.
Y continuó: "¿Qué me pidió Caruso? Me indicó donde ubicarme en las pelotas paradas y que tratara de peinársela a Jara, que aún tenía resto para tratar de dejarlo mano a mano. Pero no tuvimos mucho juego porque en esos minutos ellos manejaron la pelota. Igual, por suerte, pudimos ganar".
- Entre tantas sensaciones y pensamientos, ¿qué te dice la palabra Winifreda?
- Más que nada pensé en mi familia, en mi papá, en mi mamá y en mi hermano (Enzo), que siempre me apoyaron, en las buenas y en las malas. Y obviamente en el pueblo.
Un pueblo que esta vez lo dejó huérfano, porque no llegó nadie a verlo en su debut en la gran metrópolis. "Pero ya van a venir, mis amigos me dijeron que van a venir. Unos están estudiando y otros tienen sus novias acá", cerró. Recién empieza agosto, pero fue una tarde de Julio.