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Una profesión ingrata, pero gratificante

MAS DE 200 ARBITROS DE CINCO AGRUPACIONES PISAN LAS CANCHAS DE NUESTRO FUTBOL CADA FIN DE SEMANA

«Su trabajo consiste en hacerse odiar. Unica unanimidad del fútbol: todos lo odian. Lo silban siempre, jamás lo aplauden», escribió con maestría Eduardo Galeano en su genial ‘El fútbol a sol y sombra’.
La reflexión, bestial, resume una profesión ingrata por donde se la mire, al menos desde afuera. Ser árbitro de fútbol es exponerse a todo tipo de ataques, físicos o psicológicos; es enfrentarse a las pasiones, que muchas veces se desbordan; es pararse en el centro de la escena, pero sin hinchada. Y es, también, equivocarse, como cualquier jugador, dirigente o periodista. O quizás menos. Aunque el culpable siempre es él.
«A veces, raras veces, alguna decisión del árbitro coincide con la voluntad del hincha, pero ni así consigue probar su inocencia. Los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él. Coartada de todos los errores, explicación de todas las desgracias. Los hinchas tendrían que inventarlo si él no existiera. Cuánto más lo odian, más lo necesitan», completa el escritor uruguayo.

Gratificante.
La pantalla muestra una a una las nuevas modificaciones que decretó la International Board, encargada de las reglas de juego en el fútbol. A partir de junio, en cada torneo nuevo que comience se aplicarán los cambios. Y los primeros que tienen que conocer al detalle cada reforma son los árbitros.
Mientras el instructor explica, un grupo de jóvenes toma nota y sueña con aplicar cada norma en el campo de juego. Allí, al menos en esa clase, no se habla de los insultos de cada fin de semana.
En Toay, la flamante Escuela Municipal de Arbitraje tiene cada día más alumnos. El Instructor Nacional Daniel Carro, creador de la Asociación Culturalista de Arbitros Santarroseños (ACAS), comenzó con el dictado este año y su primer objetivo ya se cumplió: muchos jóvenes se sumaron y van adquiriendo conocimientos a la par de varios de los árbitros de ACAS que también participan.
«Siempre me gustó el fútbol, tengo cinco hermanos varones que juegan y por eso cuando surgió esta oportunidad decidí venir», cuenta Milagros Páez, que busca en el arbitraje una manera de relacionarse con el deporte. «El fútbol es una pasión y esto es un reto para mí», agrega la toayense de 19 años, que a la vez cursa la Licenciatura en Administración.
Unas sillas más allá está Yair Rivarola, que este año debutó como árbitro de Primera División en la Liga Cultural de fútbol. Con 22 años ya suma cuatro partidos en la máxima categoría del fútbol local y espera cumplir rápidamente con los siete que son necesarios para comenzar el curso nacional.
«Me acerqué al arbitraje porque me gusta el fútbol y como una salida laboral, pero enseguida se genera un sentido de pertenencia y una pasión que van más allá de los insultos o cualquier cosa que nos puedan decir», agrega el oriundo de General Pico, que cursa la carrera de Derecho en la Universidad Nacional de La Pampa.
Como el futuro abogado que ya dirige en la «A» culturalista, muchos estudiantes ven en el arbitraje una manera de seguir vinculados con el deporte que aman y a la vez la posibilidad de sumar unos pesitos para costear sus carreras universitarias. Y con el correr de las clases y los primeros partidos dirigiendo a los más chiquitos, empiezan a tomarle el gusto a una profesión que para ellos pasa de ingrata a gratificante.
«La sensación de impartir justicia, como decimos nosotros, es hermosa», agrega Rivarola, sentado al lado de algunos experimentados como Roberto Gómez.

Cinco agrupaciones.
«La mayoría de los jóvenes se suma por una cuestión económica», resume Carro junto a José Arrúa, el otro Instructor Nacional que lleva las riendas de la escuela.
El propio Arrúa remplazará a Carro como presidente de la ACAS, la más antigua de las agrupaciones de árbitros que siguen vigentes en la Liga Cultural, donde hoy hay un total de cinco asociaciones que agrupan a más de 200 jueces entre árbitros principales, asistentes y aspirantes.
Hoy, ACAS cuenta con un total de 64 árbitros que dirigen en las diferentes categorías de la Liga Cultural, (Primera, Sub 20, Inferiores e Infantiles), además de la Liga de Veteranos. Y continúa instruyendo a nuevos aspirantes cada semana a la par de la Escuela Municipal de Toay.
La otra agrupación con más años en actividad es la Asociación Independiente de Arbitros Deportivos (AIAD), presidida por Jorge Omar Duarte, que participa en la Liga Cultural, en la de Veteranos y en las diferentes ligas de fútbol organizadas por el gobierno provincial.
En los últimos años la Independiente sufrió una baja considerable de integrantes por la creación de nuevas asociaciones y hoy cuenta con una veintena de árbitros en total, entre los que se destaca la presencia de Malvina Schiel, con contrato vigente en AFA. Además, también está a cargo de la Escuela de Victorica, capacitando a aspirantes de la zona junto a Hugo Galván.

Las más nuevas.
Las otras tres agrupaciones con actualidad en la Liga Cultural se desprendieron en los últimos años de las dos anteriores. La más joven es Arbitros Pampeanos Unidos (APU), presidida por Martín Lobo, que cuenta con un total de 56 árbitros entre principales, asistentes y aspirantes.
El instructor es César González y además de los torneos culturalistas también actúan en la Liga de Profesionales y en los torneos del gobierno pampeano.
La Asociación de Arbitros Del Centro es otra de las jóvenes instituciones que alberga a árbitros en Santa Rosa. El presidente es Cristian Reinoso y cuenta con un total de 35 árbitros que dirigen la Liga Cultural y la de Profesionales. En su plantel está el otro árbitro con contrato vigente en AFA: Cristian Rubiano.
El abanico de instituciones arbitrales se completa con la Asociación Civil de Arbitros Provinciales, presidida por Paulo Arias, quien está haciendo el curso de Instructor Nacional en AFA.
Los Arbitros Provinciales suman unos 60 integrantes entre los que tienen en Santa Rosa, Huinca Renancó (Córdoba) y General Villegas (Buenos Aires), porque además de dirigir en la Liga Cultural también lo hacen en la Liga General Roca del sur cordobés y en la Liga de Villegas.
«Primero hay un acercamiento a arbitraje por una cuestión económica o por la imposibilidad de seguir jugando al fútbol. Después, con varios partidos (e insultos) en el lomo, llega la vocación y se disfruta mucho», resumen Carro y Arrúa, quienes hicieron del arbitraje una forma de vida.