Barbosa reemplaza a Levy

RENUNCIO MINISTRO BRASILEÑO

El ortodoxo ministro de Hacienda de Brasil, Joaquim Levy, partidario de un drástico ajuste fiscal que reunió críticas del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) y de los grupos sociales y sindicales que apoyan al gobierno, fue reemplazado ayer en el cargo por el titular de la cartera de Planificación, Nelson Barbosa, un economista de sesgo más desarrollista y estrecha llegada al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
En un comunicado de prensa, la presidenta Dilma Rousseff dijo que “agradece la dedicación del ministro Joaquim Levy, que tuvo un papel fundamental en el enfrentamiento de la crisis económica y le desea mucho éxito en sus desafíos futuros”.
Rousseff quería retener a Levy hasta enero del 2016, pero la irritó una entrevista que concedió el ministro al diario O’ Estado con críticas al gobierno, según la agencia de ese mismo grupo de medios.
Los rumores de la salida de Levy crecieron en los últimos días después del desacuerdo del ministro y su equipo económico sobre la meta fiscal del 2016.
La gota que desbordó el vaso fue la decisión del gobierno de enviar el martes al Congreso un proyecto de Presupuesto para 2016 que contempla un déficit fiscal equivalente al 0,5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), en contra de la opinión de Levy, que proponía un ajuste de gastos mayor.

Caida.
Un día después de que el proyecto arribara al Congreso, la agencia de calificación de riesgo Fitch le retiró al país el grado de inversión, tal como lo había hecho en septiembre la agencia Standard & Poor’s.
La caída de Brasil al grado especulativo por parte de una segunda agencia calificadora precipitó la salida del ministro, quien asumió el cargo con el rol de garante del gobierno de Rousseff ante el mercado financiero.
A lo largo de 2015, Barbosa y Levy tuvieron serias divergencias, debido a la defensa por parte del ministro de Planeamiento de un ajuste fiscal más leve que permitiera una recuperación mayor de la economía, según su criterio más desarrollista.
Esos choques hicieron que el ministro, llamado “manos de tijera” por su férrea defensa del recorte de gastos para garantizar superávit fiscal, impidieron que aplicase a tiempo las medidas que a su entender eran indispensables. (Télam)