Campaña presidencial en Kiev

Kiev, la misma ciudad que hace poco tuvo más de un millón de personas en las calles, la misma que acaparó la atención del mundo al protagonizar el segundo levantamiento popular en diez años, vive hoy a un ritmo casi provinciano, indiferente a una campaña presidencial que no moviliza ni a su candidato favorito.
A cinco días de las elecciones presidenciales, y con dos provincias que declararon su independencia y demandan su secesión, es imposible encontrar al líder multimillonario Petro Poroshenko, el hombre que todas las encuestas indican que arrasará en las urnas, quizás sin necesidad de un ballottage.
El partido de Petroshenko, Solidaridad, no tiene página web, sus teléfonos no están publicados en internet y tampoco se conoce dónde está su centro electoral. Consultados por Télam, varios periodistas ucranianos e internacionales reconocieron que no sabían donde estaba la sede del empresario multimillonario. Además, la página web personal del candidato no funciona.
Télam intentó comunicarse con voceros y asesores del séptimo hombre más rico del país, pero solo consiguió hablar durante unos segundos con Andrew Zhygulin. El “encargado de prensa” del magnate chocolatero se limitó a disculparse por tener mala señal y cortó.
Hace unos días, el diario electrónico local Ukrayinska Pravda, uno de los medios que acompañó los levantamientos pro occidentales que desembocaron en el derrocamiento del último democrático en febrero pasado, calificó al partido de Poroshenko como “un mito”.
Lo poco que se sabe del posible futuro presidente ucraniano es que está recorriendo las provincias del país. Ni siquiera está claro aún si cerrará su campaña esta semana en Kiev.

Clima electoral.
El clima electoral se enrarece aún más cuando se intenta conciliar la apatía y la frustración que se respira en las calles con la profunda politización que muchos ucranianos dicen haber adquirido tras los últimos meses de protestas, el derrocamiento del gobierno anterior y los continuos rumores de guerra con Rusia.
“La verdad es que casi no hay campaña electoral. Yo no soy una experta en política, pero creo que los candidatos tienen miedo a decir qué piensan y qué proponen para no ponerse en contra a ningún sector de la sociedad”, explicó Victoria, desde el interior de un pequeño kiosco.
La joven de 30 años, que trabaja a metros de la cancillería donde luce una enorme bandera de la Unión Europea en su imponente fachada, confesó que todavía no eligió candidato.
“Tenemos muy poca información sobre ellos, sobre quiénes son realmente y qué proponen hacer y cómo”, concluyó.
En cambio, en la parte vieja de la ciudad, donde los edificios señoriales de la época zarista muestran sin pudor el devastador paso del tiempo, Liana Kamenaya, ya se decidió por Poroshenko.
“No me gusta que haya oligarcas en el poder, pero quiero que el próximo presidente gane en primera vuelta. Estamos siendo atacados desde afuera. No podemos perder tiempo votando a alguien que nos gusta más, pero que no va a ganar en primera vuelta”, sintetizó la mujer de 45 años, mientras intenta vender cuadros en la calle.
Según Kamenaya, llegó a esta conclusión luego discutir el tema con su hija de 23, que está por terminar la carrera de sociología “en una de las universidades más progresistas del país” y que formó parte del grupo de estudiantes que comenzó las protestas que terminaron con el derrocamiento del gobierno anterior. (Télam)