Dos gigantes contra Washington

(Beijing) – China y Rusia condenaron ayer el plan de Estados Unidos de instalar un sistema de defensa antimisiles, en una nueva señal de los esfuerzos de ambos países por contrabalancear la supremacía global de Washington.
Los presidentes de ambas potencias anunciaron una ayuda de Moscú a Pekín para construir una planta de enriquecimiento de uranio y provisión de combustible nuclear por un valor total de más de 1.000 millones de dólares, tras una cumbre entre los presidentes de ambas potencias en Beijing. Tras reunirse en Beijing, el presidente chino, Hu Jintao, y su nuevo par ruso, Dmitri Medvedev, dijeron en un comunicado que el escudo misilístico que Estados Unidos planea instalar en Europa “no ayuda a mantener el balance estratégico y la estabilidad”. El plan de Washington tampoco contribuye a “robustecer los esfuerzos internacionales por el control de los armamentos y de la no proliferación” nuclear, prosiguió el texto. “Expresamos nuestra preocupación por esta cuestión”, agregaron los mandatarios en el comunicado.
Medvedev prueba la importancia que los dos gigantes dan a una relación que ven como contrapeso a la control mundial de Estados Unidos.

Escudo.
Washington propuso instalar un radar en la República Checa y misiles interceptores en Polonia como parte de un escudo global de defensa contra países a los que considera una amenaza, como Irán y Corea del Norte. El gobierno checo aprobó el plan el miércoles pasado, pese a la oposición de Rusia y otros países de la región. Estados Unidos también quiere construir un escudo antimisiles similar en cooperación con Japón, que está preocupado por Corea del Norte -que disparó un misil por sobre su territorio en 1998- y por el rápido incremento del presupuesto militar de China. En años recientes, China y Rusia emprendieron medidas de acercamiento político altamente simbólicas, incluyendo ejercicios militares conjuntos y conversaciones al más alto nivel con el objetivo de crear un “mundo multipolar”.
Ambos países adoptaron una postura coordinada en varios otros asuntos globales además del escudo estadounidense, como una oposición conjunta a la independencia de Kosovo y un frente común en la crisis por el programa nuclear de Irán.
Desde la caída de la Unión Soviética en 1991, Moscú viene obteniendo importantes beneficios de la exportación de tecnología para el desarrollo de energía atómica. Medvedev también busca en China apoyo para la oposición rusa a la extensión de la OTAN hacia las ex repúblicas soviéticas de Georgia y Ucrania. (Télam)