La Cámara en lo Criminal Primera de Neuquén condenó ayer a Salvador Pucci a 20 años de prisión por el asesinato de la joven Miriam Flores, quien fuera su pareja al momento del hecho y cuyo cadáver fue hallado hace poco más de dos años en un campo de la zona de Casa de Piedra, en La Pampa.
Pucci, de 59 años, recibió la condena por "homicidio simple". La Fiscalía había solicitado que se lo condene a prisión perpetua como autor del hecho, señalando que el delito se cometió con alevosía, sin embargo la sentencia fue de 20 años de prisión, según informaron ayer al mediodía los medios neuquinos.
Vale recordar que Pucci fue juzgado en dos oportunidades por estar sospechado de haber matado a sus parejas. La primera vez fue en 1989, en la localidad rionegrina de Chos Malal, momento en el que se lo acusó y condenó a prisión perpetua por el homicidio de su esposa.
El cuerpo de la mujer nunca fue hallado pero los peritos concluyeron, durante las audiencias de debate, que el hombre la asesinó efectuándole un disparo en su cabeza y que luego enterró el cadáver.
Poco más de 20 años después y mientras gozaba de libertad condicional se lo acusó y condenó por haber asesinado a Miriam Flores, de 25 años, asfixiándola tras haberle obstruido sus vías respiratorias.
La joven paraguaya, que mantenía una relación sentimental con Pucci, desapareció el 5 de mayo de 2010 y el cuerpo apareció poco menos de un mes después, el 1 de junio, semienterrado a la vera de la ruta 152, entre Casa de Piedra y Puelches. Tenía un billete de un dólar en su boca.
A lo largo de las audiencias, los fiscales Alfredo Velasco Copello y Sandra González Taboada dejaron acreditado que fue Pucci quien asesinó a la joven. Se apoyaron en una huella dactilar que fue levantada de la camioneta del hombre que halló el cadáver de la víctima y que, además, trasladó al acusado hasta un lugar donde lo esperaban dos hombres en un auto.
Otra de las pruebas fueron las llamadas telefónicas que realizó el imputado con el celular de la joven y también se tomaron en cuenta varios de los testimonios que dejaron entrever que Miriam le tenía miedo a Pucci y otros que situaron al acusado en el lugar donde encontraron el cuerpo.
Por otro lado, el defensor basó su alegato en algunas circunstancias que la fiscalía no pudo dar luz durante la investigación. La hora de muerte de Miriam, el lugar donde habría sido asesinada y dónde habría sido ocultado el cuerpo hasta que fue hallado fueron algunos de los argumentos que utilizó el defensor para desvincular a su cliente del hecho.
La defensa había pedido la absolución al considerar que existieron huecos en la investigación.
El día de los alegatos, Pucci tuvo la última palabra y la utilizó para volver decir considerarse inocente y acusar a quienes lo acusaron.