Crece el número de personas sin techo

HOGARES Y PARADORES NO DAN ABASTO, ORGANIZACIONES ASEGURAN QUE LOS SUBSIDIOS HABITACIONALES NO ALCANZAN

Aunque las cifras oficiales de 2018 habla de 1.066 personas en situación de calle, las organizaciones sociales estiman que ya hay alrededor de 8.000. “Otra vez son trabajadores no calificados, empujados a la calle por el cierre de fábricas”, aseguran.
Hace un año y medio Cristian Daniel Bernal tenía cuatro hijos, una esposa, un trabajo y un lugar donde dormir. Ya no. Su esposa se fue. Lo echaron del trabajo y, consecuentemente, de la casa que alquilaba en Florencio Varela porque ya no podía pagarla. Hace un año y medio que el hombre, de 38 años, y sus hijos de 11, 9, 6 y 4 duermen sobre unos colchones bajo el umbral de un edificio frente a Plaza de Mayo, se bañan en una iglesia y comen donde pueden, lo que les dan.
La imagen de Bernal y de sus cuatro hijos no tiene sentido: es la noche de un miércoles de calor insoportable en la Plaza del Congreso y hay tres filas de media cuadra cada una con hombres y mujeres y niños que esperan por un plato de polenta o uno de arroz y un vaso de jugo o de agua.

“Cada vez más”.
Si hay algo en que coinciden organizaciones sociales, asociaciones civiles, grupos de amigos de buena voluntad y el gobierno porteño es que la cantidad de personas en situación de calle crece día a día como una herida que en lugar de cicatrizar se abre. Lo dice el propio Cristian: “Acá somos cada vez más, yo vengo cada vez más temprano porque si llegás tarde a la fila te quedás sin comida”.
Gisela duerme en el Parque Lezama. Tiene tres hijas pero sólo vive en la calle con la más chica. Mora, de casi tres años, nativa sin techo. Su mamá ya dormía donde podía cuando fue a dar a luz a un hospital público de Ezeiza. “Tengo una sábana y nada más. Ando con eso y ropita para la nena, que no está escolarizada. No sé cómo voy a hacer para escolarizarla, de alguna forma”, cuenta.

“No alcanza”.
Lourdes es una chica joven encargada de entregar uno a uno los platos de comida, colabora en la organización Manos que ayudan. “Está cada vez peor. Antes con dos bidones de agua nos alcanzaba para todos. Ahora no llegamos ni con tres. Antes traíamos una contenedora con 32 litros de polenta. Ahora traemos dos y no alcanza. La mayoría de los que vienen son hombres y gente grande, pero cada vez vienen más familias. La decadencia se siente”, comenta.
Las últimas cifras oficiales sobre personas en situación de calle son de 2018. Diseñadas por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, indican que para esa fecha había 1.066 hombres, mujeres y niños sin techo en Capital. Un censo alternativo, armado por 50 organizaciones sociales y el Ministerio Público de la Defensa porteño en 2017, marcó que había 4.394 personas que vivían en las calles porteñas, y 5.872 si se integraban al dato aquellos que duermen bajo los techos de la red de alojamiento transitorio nocturno. Lucila Amuchástegui, integrante Asociación Civil Ni Una Persona Más en la Calle, asegura que las organizaciones estiman una cifra cercana a las 8.000 personas.

Paradores públicos.
La gente de la calle no quiere saber nada con los 30 paradores públicos. La Asociación Civil Ni Una Persona Más en la Calle explica que “los paradores te expulsan”. Cuenta que días atrás tuvieron que interceder para que no separen a una madre de unos 65 años con su hija de 30 y pico, ambas en situación de calle. “La mamá tenía problemas de salud, casi no podía caminar, y le querían sacar los medicamentos porque consideran droga a todo, la mujer no podía vivir sin su hija al lado”, comenta.
Una de las opciones que ofrece el Gobierno porteño es acceder a un subsidio habitacional. El Estado entrega a personas que lo pidan y pasen los filtros entre 2.500 y 4.000 pesos por mes. Las organizaciones coinciden en que no alcanza.

Revista solidaria.
La revista Hecho en Buenos Aires trabaja desde el año 2000 con personas en situación de calle. Son ellos quienes venden los ejemplares en las esquinas de Buenos Aires. Este medio autogestionado da una oportunidad de generación de ingreso y ofrece servicios sociales formativos, ducha, ropero, alguna merienda. “Entendemos que lo importante es la actividad laboral, el trabajo desde una óptica de producción social. Si vende pocas revistas no importa, está activando su situación, sale a socializar, a sentirse útil, lo importante es entender que la revista permite a la persona activarse”, comenta Patricia Merkin, directora.
Para Merkin se volvió al mismo tipo de población en calle que en los años ’90. “Otra vez son trabajadores no calificados, empujados a la calle por el cierre de fábricas, por la pérdida de empleo. Es gente que conoce lo que es trabajar, y muchos jubilados que ganan dos mangos”, detalla. Su diagnóstico es bravo: “Se incrementa la demanda y la cantidad de problemas que trae cada uno de ellos. Es un tema muy complejo y es la primera vez en 19 años que vemos hambre en la calle”. (Infobae.com)