Ferreyra: relato del horror

Una militante del Partido Obrero recordó ayer que Mariano Ferreyra “tenía los ojos abiertos, grandes” pero “no tenía fuerza”, cuando lo encontró tirado en la calle el 20 de octubre de 2010, tras el ataque de una patota de la Unión Ferroviaria al grupo que desconcentraba tras marchar en apoyo a trabajadores tercerizados del ferrocarril Roca.
“Lo revisé, le subí la remera y le encontré un hueco como el de Elsa”, relató entre lágrimas María Wenceslada Villalba, la primera testigo que abrió la jornada ante el Tribunal Oral en lo Criminal 21 y relató con angustia lo ocurrido ese día, cuando le tocó estar primero junto a Elsa Rodríguez en el momento que la sobreviviente recibió un balazo en la cabeza y luego ser quien se dio cuenta que Ferreyra había sido también baleado.
El testimonio fue interrumpido con un cuarto intermedio ante el llanto inconsolable de la testigo, en los tribunales federales del barrio porteño de Retiro.
Mariano “tenía una pierna arrollada, otra estaba estirada, se había hecho pis, traté de bajarle la cabeza, pero él no hablaba, tenía los ojos abiertos, grandes, pero él no tenía fuerza. Alguien me dijo ‘no lo toques’, le dije que quería sacarle la mochila y acostarlo, lo acostamos y yo le decía que ya habíamos pedido ayuda y venía la ambulancia. Le mentí, porque realmente no sabía”, contó.

Herida.
Hasta poco antes de encontrar a Ferreyra, Villalba caminaba por una calle lindera a las vías del ferrocarril con su compañera del PO Elsa Rodríguez, porque habían resuelto irse del lugar como otros manifestantes de la agrupación.
Elsa estaba herida de un piedrazo en el brazo fruto de un primer intercambio de agresiones entre los tercerizados del Roca y quienes marchaban junto a ellos y el grupo de la Unión Ferroviaria que los seguía desde arriba del terraplén de la vía del tren, desde la estación Avellaneda, en la provincia de Buenos Aires.
Villalba paró en una parrillita a comer un “choripán”, y desde allí vio cruzarse en la calle a dos patrulleros y bajar del terraplén a algunas personas desprendidas del grupo de los ferroviarios, alertó a un compañero pero éste pensó que tal vez, como ellos, “buscaban algo para comer”.

Elsa.
“Iba con Elsa volviendo para el local, no íbamos ordenados, no miré para atrás ni Elsa tampoco. Se sentía griterío, lío, íbamos conversando por la vereda, en la esquinita había agua y barro, yo salto y sigo derecho pero Elsa no, hice tres pasos y escuché ‘se resbaló Elsa’, la vi caer, me vuelvo para atrás y le digo ‘che te pegaron en la mano, no es para que te desmayes’, pensando que se había resbalado”, relató.
Y continúo: “No me da la mano cuando le di la mía, la miro a los ojos y estaban cerrados, la agarro de la pera para darle una bofetada y le veo en el costado de la frente que le cuelga, un agujero hondo en la sien. La dejé despacito, era una bala grité escóndanse que nos quieren matar”, describió

Ayuda.
Entonces dejó a su amiga en el suelo y comenzó a correr para pedir que alguien llamara a una ambulancia, ya que no tenía teléfono celular.
“Corría y gritaba, seguí corriendo y en la esquina todos gritaban, ahí les dije mataron a Elsa de un tiro en la cabeza y que quería un celular. Ahí miré para el costado y vi a Mariano, tirado contra una pared y ahí ya no me acordé de más nada, ni de los números para llamar”, refirió en alusión a que sus compañeros le habían alcanzado varios teléfonos y los tenía en la mano. (Télam)