Inicio El Pais Murieron el músico Jaime Torres y el escritor Osvaldo Bayer

Murieron el músico Jaime Torres y el escritor Osvaldo Bayer

DIA TRISTE PARA LA CULTURA

Falleció Jaime Torres: El folklorista Jaime Torres, uno de los más destacados ejecutantes de charango de la Argentina, murió a los 80 años en la Fundación Favaloro, tras varios días de internación con coma inducido, y sus restos no serán velados por decisión familiar.
Según trascendió, Torres, que nació en la provincia de Tucumán el 21 de septiembre de 1938, había tenido varias internaciones en el último tiempo y su deceso habría ocurrido alrededor de las 8.00. En el 2013 el popular charanguista fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires por la Legislatura porteña. Dos años después, la Fundación Konex le otorgó la Mención Especial a la Trayectoria por su invaluable aporte a la música popular argentina. El reconocido folklorista ganó una gran repercusión a nivel mundial por su destreza con el charango.
Torres, apodado el «Padre del Charango» y discípulo del maestro boliviano Mauro Núñez -quien le construyó sus primeros instrumentos- fue el mayor charanguista de la música popular desde mediados del siglo pasado. «Jaime Torres tocó con todos. Su legado es inagotable», dijo la especialista Silvia Majul. Torres le puso su sello musical a la célebre Misa Criolla compuesta en 1964 por Ariel Ramírez y con su charango grabó decenas de discos, e hizo giras internacionales. Además participó en la apertura del Mundial de Alemania en el año 1974 y también hizo la musicalización de la película «La deuda interna», que ganó el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín.

Hijos.
«Es duro, el Indio». Juan Cruz, único hijo varón de Jaime Torres, daba su parte anímico e interno tras los agitados momentos que él y su familia estaban atravesando, durante la última internación de su padre. «Pero ya está mejor, jode, se la banca». «Tuve que salir volando, literal, y acá estoy. Con él». Soledad, una de las tres hijas mujeres del charanguista, también estaba en tensión. Pero la sangre le corría más por el lado del sortilegio. «Nuestro problema, con mis hermanas, es que las tres estamos enamoradas de papá», decía y mostraba una foto de las tres (ella, Claudia y Manuela) abrazando al pattern de clan.

Su obra.
De su historia cuentan las músicas increíblemente preciosas que en 1964 aportó a La misa criolla de Ariel Ramírez, a quien un año antes también había nutrido de sonidos telúricos en el disco Folklore nueva dimensión. No podía tocar así de no haber vivenciado las altas alturas de Bolivia donde su padre, el ebanista Eduardo Torres, tras una infancia porteña, lo hizo vivir desde los diez hasta los quince años, más precisamente en Chumba Chica, un pueblo rural de las afueras de Cochabamba.
«Conocer Bolivia me marcó profundamente. Si bien yo, a esa edad, ya había percibido sus aromas, sus olores y sus lenguas a través de mis padres, era un niño de Buenos Aires que ni siquiera sabía que había nacido en Tucumán, porque me trajeron a los tres meses. Entonces, llegar a Bolivia y sobre todo al campo fue encontrarme en un país distinto y distante. Sorpresivo y nuevo. Me sirvió mucho, porque en la adolescencia uno descubre cosas bellísimas. Yo tuve que hacer un curso acelerado de quechua y aprender a nadar en las acequias. Y todas esas experiencias me sirvieron para la música. ¿Cómo olvidar las serenatas, las chicherías, las fiestas y el contacto con la gente del lugar?», decía en febrero de 2006.
Toda la obra musical de Jaime Torres es de una inmensa belleza. De una inabarcable preciosura a escala regional, pero sobre todo planetaria y universal, como si su charango mirara al mundo desde algún pico de Abra Pampa o de Villazón. Fue así siempre, Fue así desde su primer larga duración publicado en 1964 (Virtuosismo en charango); pasando por Norte Arriba (1969) y llegando hasta Altiplano, grabado en 2008 junto a Magic Malik y Minino Garay. (NA/Página12)

Pesar por la muerte de Osvaldo Bayer: A los 91 años falleció Osvaldo Bayer. El reconocido periodista, escritor e historiador fue un gran defensor de los pueblos originarios. Autor de «Los vengadores de la Patagonia trágica», fue una figura emblemática para el pensamiento latinoamericano.
El escritor, historiador y periodista Osvaldo Bayer, autor de grandes libros como «Los vengadores de la Patagonia trágica», murió el lunes a los 91 años de edad. La noticia de su deceso provocó hondo pesar no sólo en el ámbito cultural sino también en el político, con infinidad de condolencias y muestras de dolor expresadas en las redes sociales. Fue su hija, la cineasta Ana Bayer, quien comunicó el deceso este lunes pasado el mediodía en la red social Facebook: «Una noticia muy triste, falleció mi papá».
Anarquista y defensor de los pueblos originarios, Bayer fue una figura emblemática del pensamiento latinoamericano y su deceso ocurrió en su casa del barrio porteño de Belgrano.
Además de «Los vengadores de la Patagonia trágica», que derivó en el guión de la película «La Patagonia Rebelde», otra de las grandes obras de Bayer fue la biografía de «Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia». Nacido el 18 de febrero de 1927, el escritor también vivió junto a su familia en Berlín, ciudad en la que se exilió antes de la última dictadura argentina.
«Osvaldo Bayer, periodista, escritor, historiador. Lucidez y coherencia. Un gran «Canalla». Lamentamos su partida. Desde la tercera bandeja seguirá defendiendo nuestros colores», fueron las palabras que eligió el club Rosario Central, del que era hincha, para despedir a Bayer.

«La Chispa».
A finales de la década del 50, Bayer trabajó en Chubut, más precisamente en la ciudad de Esquel. Cuando le preguntaban por aquella experiencia no tenía inconvenientes en relatar cómo actuaba la censura por entonces, con la Gendarmería como brazo ejecutor.
«Yo entré a trabajar en el diario El Esquel, fui contratado para dirigir el diario; y organicé el diario porque estaba totalmente desorganizado, y comencé a trabajar en una información muy amplia sobre la gente pobre, de las peonadas, artículos sobre la forma de vivir y la explotación que sufría la gente allí. Hasta que a los 9 meses vino el dueño del diario y me dijo: ‘usted se va a ir del diario. Yo hice el diario para informar a la gente que quiere ser informada, no a la gente de abajo’; entonces, dije: ‘bueno, no hay ningún problema…'».
Y así fue como en 1958 fundó el semanario «La Chispa». «Habían pasado 15 días desde que me habían echado. La gente me apreciaba mucho en Esquel, me paraban en la calle y todo eso, así que yo tenía futuro. Y comencé a defender a la gente de abajo en La Chispa, hasta que una mañana vinieron dos oficiales de Gendarmería y me dijeron: ‘Usted tiene 24 horas para dejar Esquel porque está trayendo mucha confusión en la población y mucha inquietud, así que tiene que irse ya mismo». Y no hubo caso. Les dije: «Inícieme juicio», y me respondió: «no, es una resolución del comandante de Gendarmería».

Clarín.
El reconocido anarquista tiempo después ingreso a trabajar en el diario Clarín, «el día que volví, fui a caminar por Avenida de Mayo para ver un poco la ciudad de nuevo y me encontré con un cronista que había sido compañero en Noticias Gráficas y me dijo: `Escuché por radio lo que te pasó´ -porque me habían hecho un reportaje- y me dice `¿querés venir a trabajar a Clarín?´, yo digo `bueno, voy´. Y así entré a Clarín, dónde estuve 10 años trabajando con un cargo alto, Secretario General de redacción. Estuve ahí hasta que murió (Roberto) Noble, que fue el hombre que me había traído. Y la viuda trajo otros socios que le hicieron cambiar todo, yo dirigía también el suplemento literario que salía los jueves, y entonces entró el que ahora es casi el dueño de Clarín, (Héctor) Magnetto, me llamó y me dijo que no quería que estuviera más en el diario. Me pagaba la indemnización y que me fuera, y me tuve que ir de Clarín. Y así terminé con el periodismo, o sea seguí, pero con el periodismo libre, colaboraciones para diarios y revista, y mis libros…».

Luchador.
Bayer siempre estuvo presente reclamando ante cada hecho de injusticia, desde la publicación de su libro sobre los asesinatos en la Patagonia, hasta la lucha por la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado. «Me he propuesto no tener piedad con los despiadados. Mi falta de piedad con los asesinos, con los verdugos que actúan desde el poder, se reduce a descubrirlos, dejarlos desnudos ante la historia y la sociedad y reivindicar de alguna manera a los de abajo, a los que en todas las épocas salieron a la calle a dar sus gritos de protesta y fueron masacrados, tratados como delincuentes, torturados, robados, tirados en alguna fosa común». (NA/Elpatagonico.com)