Pena de 50 años para violador serial

La Cámara de Casación Penal confirmó la condena de 50 años de prisión para Marcelo Angel Fasano, más conocido como “El Sátiro de la Bombacha”, quien había sido acusado en 2011 por un tribunal oral porteño de haber abusado sexualmente de 13 mujeres en distintos barrios porteños, se informó ayer.
La resolución fue firmada el miércoles último por la sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal, integrada por los jueces Gustavo Hornos, Juan Carlos Gemignani y Mariano Hernán Borinsky, quienes rechazaron un planteo de la defensa de Fasano y, de esta manera, confirmaron el fallo del Tribunal Oral en lo Criminal 18, que lo había condenado el 25 de agosto del 2011.
En el fallo, al que tuvo acceso Télam, los jueces entendieron que la condena y la pena impuesta se encontraban ajustadas a derecho y a las pruebas obrantes en la causa, y rechazaron la solicitud de inconstitucionalidad de la reincidencia, tal como lo planteó la defensa.

Pena máxima.
En el 2011 Fasano fue juzgado dos veces y fue declarado reincidente, por lo que recibió la máxima pena establecida por el Código Penal a partir de la denominada Ley Blumberg.
El 16 de mayo de ese año, el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 5 de San Isidro lo sentenció a 30 años de cárcel por cinco hechos caratulados “abuso sexual con acceso carnal reiterado y robo agravado por escalamiento”, en viviendas de Olivos, Martínez, San Isidro y San Fernando, en el norte del conurbano bonaerense.
El 25 de agosto, es decir tres meses después, el TOC 18 de Capital Federal lo declaró reincidente y lo condenó a 50 años de prisión, por 13 abusos sexuales “con acceso carnal y robo agravado” cometidos en distintos barrios porteños, principalmente, en Palermo, Belgrano, Núñez y Saavedra.

Claves.
Una de las claves para llegar a condenar al acusado, fue el “modus operandi” que implementaba: escalaba e irrumpía en departamentos de pisos bajos -del primero al cuarto-, siempre entre las 1 y las 5 de la madrugada, mientras las víctimas dormían.
Las despertaba amenazándolas o golpeándolas con un arma, las ataba de pies y manos y les vendaba los ojos o las encandilaba con una linterna para que no lo vieran, señala el fallo que lo condenó en Capital Federal.
Uno de sus apodos, “El Sátiro de la Bombacha”, la policía se lo puso porque tenía la obsesión de revisar los cajones y elegir la ropa interior que debían colocarse sus víctimas para la violación.
Pero además de los tatuajes o el hecho de que siempre tenía olor a tabaco o fumaba delante de las mujeres, el sello más característico del “Hombre Araña Violador” era una frase mentirosa con la que intentaba calmar a sus víctimas: “No soy asesino ni violador, soy sólo un ladrón”.
Es que el hecho siempre empezaba como un robo -de dinero, joyas y artículos electrónicos-, pero continuaba con las violaciones. (Télam)