Pérdidas en la cadena de valor

TRABAS DE EE.UU. A LA EXPORTACION DE BIODIESEL

La medida tomada por los Estados Unidos para limitar la importación de biodiésel argentino elaborado a partir del aceite de soja puso en tensión a fabricantes de biocombustible, exportadoras y productores.
El problema es que puede bajar el precio del poroto de soja local, que oscila entre 4.300 y 4.200 pesos la tonelada y también descender, por sobre existencia, el valor del aceite de soja, materia prima del biocombustible.
La cuestión es que el Gobierno de Donald Trump estableció aranceles de ingreso que varían, según las empresas, entre 55 y 64%, lo cual implica en la práctica un virtual cierre del mercado.
La decisión se argumenta en el hecho que las retenciones de la soja argentina son en la actualidad del 30%, en tanto que sus derivados están gravados con el 27% y el biodiésel con 0%.
De esta forma, se alega que existe un subsidio directo a la exportación de este sustituto del diésel, que limita la competencia interna de ese país.
Estados Unidos era el principal destino de exportación del biodiésel argentino, luego de que la Unión Europea limitara sus compras hace aproximadamente tres años por razones similares a las expuestas por los americanos.

Cae valor agregado.
Por lo tanto, un volumen muy importante de aceite de soja que se dedicaba a la transformación de biodiésel deberá ser canalizado en ese estado, “reduciéndose así el valor agregado de un producto diferenciado como el biocombustible”, indicó Gustavo López, de Agritrend.
“Recordemos que la Argentina es el principal productor y exportador de aceite de soja del mundo y su liderazgo se resume en un “market share” cercano al 50% del total, por lo cual al crecer su oferta disponible, es muy probable que se reduzca el precio final de este derivado, e impacte en las cotizaciones de toda la cadena (materia prima y derivados)”, señaló.
López dijo que “sin duda el problema, ya limitado a aspectos diplomáticos, deberá solucionarse a la brevedad, a fin de evitar fuertes caídas en los precios de los granos, que en definitiva los soporta el productor, reduciéndose la rentabilidad de su operación”.
Recordó que “a su vez, el aporte fiscal, a partir de los derechos de exportación alcanza a 5.000 millones de dólares”.
“Este conflicto, a su vez, tiene un efecto social de relevancia, en una industria muy eficiente y pujante como la oleaginosa”, manifestó.
Resaltó que “se estima que en la actualidad, la capacidad de procesamiento de soja supera las 200 mil toneladas diarias (cerca de 65 millones de toneladas anuales) con una capacidad específica de elaboración de biodiésel cercana a los 5 millones de toneladas, la que demanda una cantidad de mano de obra calificada muy importante”.

Conflicto.
Por su parte, Pablo Adreani, de Agripac, considera que hay una puja en los integrantes de la cadena de valor porque “cada uno está avisando que viene el lobo”.
Del lado de las empresas, hay nerviosismo con departamentos comerciales afectados por la falta de exportación del producto y se trata de empresas nacionales como la Aceitera General Deheza, Molinos y Vicentín, la multinacional Cargill, además de las europeas Glencore y Dreyfus.
La provincia de Santa Fe concentra el 80% de la producción de biodiésel, ahora sobra aceite de soja y en el futuro quedará libre el poroto de la oleaginosa.
El Gobierno encaró conversaciones con Estados Unidos por el biodiésel y mientras tanto, obtuvo el compromiso de China de importar 500.000 toneladas de aceite de soja con la promesa de elevarlas a 1,5 millones, aún cuando en 2009 compraba 2,4 millones de toneladas de aceite argentino, en 2016 no hubo ningún embarque. (NA)