Un pingüino sorprendió en Las Grutas y fue un turista más

El pasado domingo 17 de febrero mientras los pampeanos concurríamos a las urnas a votar por las elecciones internas, a unos pocos kilómetros de La Pampa un amistoso pingüino arribaba a las costas de Las Grutas, en Río Negro.

Lo llamativo del hecho es, primero, que se trataba de un ejemplar de Penacho Amarillo, una especie que no es común que se haga presente por esa zona porque la colonia más cercana está a 900 kilómetros de allí, en la isla Pingüino en Santa Cruz.

La curiosa novedad fue difundida por el diario Río Negro. La crónica señala que el animalito, perteneciente a una especie que mide 52 centímetros y pesa 3 kilos en promedio, rápidamente se hizo compinche de las familias y personas que se encontraban disfrutando de la playa.

“¡No lo toquen, puede lastimar con el pico!”, alertó un hombre, aunque otro de los testigos relató al medio rionegrino que “el pingüino estaba lo más pancho, parecía que buscaba mimos”. Y así pareció, porque después de que los chicos, y algunos grandes, se sacaran fotos con él, decidieron dejarlo tranquilo, pero el diminuto animal los siguió.

Personal del Área Natural Protegida Bahía San Antonio fue informado de la aparición y concurrió al lugar para revisarlo, tras lo cual afirmaron que el pingüino estaba en perfecto estado y mencionaron que cuatro días antes habían encontrado un ejemplar similar por la zona. “Es muy probable que sea el mismo”, consideraron los guardas ambientales.

Como sea, el Penacho Amarillo siguió participando de la tarde de playa como uno más, en cercanías de los veraneantes, completamente tranquilo. Su estado únicamente se alteraba ante el acercamiento y ladrido de algún perro, ante los que reaccionaba tirando picotazos.

Pero la gran sorpresa de la jornada ocurrió cuando llegó el atardecer y la gente empezó a irse del lugar. El pingüino en vez de ir para su hábitat natural, el mar, se fue tras los pasos de la última familia que abandonó la playa. Se las rebuscó con sus cortos pasitos, saltó rocas, trepó un médano y se plantó ante la puerta de entrada de la casa.

En un principio los moradores de la vivienda no lo dejaron entrar, pero al ver que una tormenta amenazaba desde el cielo, decidieron abrirle la puerta. Como un integrante más de la familia, el pingüino ingresó y no sólo eso, sino que también pasó la noche allí, durmiendo en el interior de una caja.

Al día siguiente, la familia lo depositó en la arena de la playa y caminaron hacia el mar para que los siguiera. Una vez dentro del agua, el pingüino nadó con ellos un rato y luego se interno mar adentro.

Se desconoce a ciencia cierta porque el animalito apareció en Las Grutas y a qué se debe su comportamiento tan sociable con los seres humanos, pero el día quedó marcado a fuego en los afortunados testigos.

“Dejó un recuerdo difícil de borrar”, manifestó un turista, en tanto que los niños que lo vieron no dudaron en definir a la jornada como “el día más feliz” de sus vidas.

El pasado 7 de enero había aparecido otro ejemplar de pingüino penacho amarillo también en una de las bajadas de Las Grutas, según publicó el diario La Mañana de Neuquén.

Al igual que su compañero, provocó una gran atracción y entusiasmo entre la gente que lo divisó. Una de las rescatistas lo retuvo y luego fue trasladado a una veterinaria para su revisión. Una vez que se constató que estaba en perfectas condiciones de salud, fue liberado para que continuara con su vida de pingüino.

En aquel caso el animalito no decidió pasar la noche en tierra firme y priorizó volver a su nido que, según el medio neuquino, podría encontrarse en Santa Cruz, Tierra del Fuego, Isla de los Estados o Islas Malvinas. 

Fotos: www.rionegro.com.ar
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