Gustavo Morales: de La Pampa al mundo

En su taller santarroseño Gustavo Morales elabora cuchillos de alta gama, un oficio que lo convirtió en un referente a nivel mundial por su calidad y detalles de lujo. Un emprendedor que a través de Facebook vende a España, Bélgica, Alemania y EE.UU.
Fue un amor a primera vista. Llegó para visitar el campo de unos amigos y el flechazo fue tan fuerte que le hizo cambiar el rumbo. La seducción fue en silencio y ese nombre de mujer se le impregnó tanto que al poco tiempo se instaló para la aventura de la vida en pareja. Una convivencia que sigue hasta hoy y en la que su media naranja, La Pampa, le dio un lugar, un trabajo y una familia.
“Fue la gente la que me trajo. Desde el primer día que vine se me puso en la cabeza venirme, así que apenas acomodé un poco las cosas me instalé en Santa Rosa”, recuerda Gustavo Morales sobre aquel día en el que dejó su vida en Pipinas -una pequeña localidad bonaerense que está a 100 kilómetros de La Plata-, la ciudad donde intentaba avanzar hacia la Odontología.
“Había empezado a estudiar Veterinaria pero en realidad no estudié nada. Después empecé Odontología y cuando necesitaba comprar el instrumental decidí no pedir más plata en casa, así que por necesidad arranqué a trabajar, hacía changas, lo que sea. Un amigo tenía una armería y como yo algo sabía me ofreció hacer unos cuchillos y ponerlos a la venta. Me empecé a meter en el tema y me gustó. Descubrí un mundo y arranqué con todo”, dice Gustavo sobre el oficio artesanal que lo llevó a un sitial de privilegio en el mundo de la cuchillería.
Una visita a una feria de armas le permitió descubrir un mercado con múltiples posibilidades, con coleccionistas y amantes de cuchillos con sello personal y detalles de lujo.
“Arranqué encavando cuchillos, llegué a tener cuatro empleados, fui a una feria a España y ahí surgió un nicho de ventas muy importante. Iba dos o tres veces a España a vender, en rondas de cazadores y coleccionistas, e incluso fui a Alemania a la feria IWA de Nüremberg, la más importante de outdoor ( deportes y actividades al aire libre), pero el gran mercado para mí era España, hasta que se deprimió la economía”.
El cimbronazo español y la compra de su casa se combinaron para una etapa difícil, de bolsillos flacos. “Fueron años de remarla duro”, admite Gustavo, que tuvo que prescindir de sus empleados y lo obligó a recalcular la dirección de su emprendimiento. Dejó de hacer cuchillos en serie y se enfocó en “algo más personalizado, más exclusivo”.

Acero damasco.
“Tenía un martinente casero con el cual empecé a forjar acero damasco, un amigo me regaló una prensa y eso me cambió el panorama. Empecé a forjar y en 2010 fui a una feria en Buenos Aires y ahí despegué de nuevo con otro tipo de cuchillería, son todos de forja, de alta gama”, señaló Gustavo, que pasó de hacer 400 cuchillos a 18 o 20 por mes para clientes que se desparraman por la Argentina, España, Holanda, Bélgica, Alemania o Estados Unidos.
“Hoy tengo 20 pedidos y ya no tomo nuevos porque un turno lo puedo dar de acá a un año, por el tiempo que lleva”, aseguró Gustavo, que en cada trabajo se aplica casi obsesivamente por los detalles. Su interés por perfeccionarse lo llevó a hacer un curso de joyería para trasladar esos conocimientos en la confección de cabos, hojas, guardas, etc.
Morales forja y templa distintos aceros según el cuchillo que vaya a hacer, pero principalmente trabaja en acero de damasco, lo cual requiere un gran talento artesanal para alcanzar un alto grado de estética y calidad.
“En realidad es acero de Damasco, por la ciudad de Siria donde se hacían las espadas, que se destacaban por reunir cualidades de dureza y flexibilidad . Se conservó la técnica más que nada por su belleza que por prestaciones técnicas”, explicó Gustavo que trabaja con materiales como colmillos de hipopótamo y marfil de mamut.
“Lo más caro de un cuchillo es la mano de obra; podés tener el acero más caro pero la mano de obra es la clave, más que los materiales del cabo o la vaina. El marfil de mamut hay que comprarlo en el exterior. Como el mamut ya se extinguió el comercio es legal. Hay dos grandes yacimientos, uno en Canadá y otro en Siberia, donde los desentierran con unas hidrolavadoras muy potentes”, revela Gustavo sobre un mundo fascinante, propio de documentales de l a National Geographic.
¿Cómo llega a vos un cliente de Bélgica o Estados Unidos?
“No tengo dudas de que al que inventó Facebook hay que hacerle un monumento. A los artesanos, a los artistas, nos dio una herramienta de venta fabulosa. Cuando fui mostrando trabajos de jerarquía empecé a tener cada vez más repercusión, en los foros, en los grupos de cuchilleros a nivel mundial. En España conocí al dueño de Muela, que es la cuchillería más grande del mundo. Es como los pintores, si tenés renombre tus trabajos van a tener cada vez más valor. Me convocaron para un casting de History Channel para un reality (‘Forjado a fuego’) para forjar espadas, pero no me interesó, por eso digo que la difusión y comunicación se va multiplicando”.
Gustavo está en pareja con una pampeana y tiene una hija de tres años. En su casa tiene el taller, que también sirve para dar clases a alumnos que van desde los 24 a los 62 años y que vienen hasta de Puerto Madryn (“en ese caso viajan una o dos veces al año y hacemos clases intensivas durante diez días seguidos”).
“Siempre digo que mi principal competencia soy yo, si vos hacés algo mejor que yo, te felicito. El sol sale para todos, y si hacés algo mejor también es un desafío para mí. Todos llegamos hasta donde podemos, todos tenemos nuestro techo, y si el otro tiene capacidad de hacer algo mejor bienvenido sea”, deja en claro Gustavo sobre la decisión de enseñar su técnica y secretos.
¿Qué tipo de clientes busca un cuchillo de alta gama?
“La mayoría son coleccionistas. Lo que se busca es la imagen. Por ejemplo ahora tengo un trabajo que es todo un desafío porque es una daga integral en acero damasco con un cuchillo haciendo pareja en una caja. Va a ser algo muy especial. De todas formas para mí hay una premisa y es que no tiene que dejar de ser un cuchillo, por más lindo que sea. Quizás al nieto del que lo compró le queda como herencia y lo quiere usar, entonces tiene que seguir siendo un cuchillo”.

Cerveza artesanal.
Gustavo Morales tiene el ADN de un emprendedor. Aunque juegue en la NBA de los cuchilleros no se queda quieto, por eso hoy buena parte de su tiempo lo pone en un nuevo proyecto: la elaboración de cerveza artesanal. Detrás de su taller ya tiene casi todo listo, con instalaciones flamantes para la producción. “Me meto en un tema y soy un estudioso, hago todo yo”, afirmó quien para sus cuchillos hace un trabajo tan artesanal como perfeccionista.
“Hago todo en forja de mezcla de acero, hago tres capas San Mai (tipo de acero o forja de origen chino y que luego los japoneses lo tomaron para forjar sus famosas katanas). El acero damasco es lo que más jerarquía tiene. Los aceros se caldean como se soldaba antes, por golpe y temperatura, y de acuerdo a lo que hagas durante el proceso después lo revelas con un ácido, uno va a quedar más brilloso que el otro y así sale el dibujo característico”, explicó.