miércoles, 28 octubre 2020
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La barbería, una vanguardia que se alimenta de lo vintage, hoy es un boom

El ritual varonil de sentarse en un sillón frente al espejo para que el peluquero disponga, vive hoy un boom de la mano de las barberías. En «Souza», Juan corta el pelo y rebaja barbas en una tendencia que va más allá de lo estético y de las edades.

La escena era más o menos siempre la misma: un silloncito desgastado y ya hundido junto a una mesita donde había alguna de las revista llamadas «del corazón», la deportiva El Gráfico o incluso algún diario pero de días anteriores. Había que prepararse para tener una larga espera y después sí, sentarse y contestar cuando llegaba la clásica pregunta «¿y cómo lo quiere? ¿las orejas tapadas o descubiertas?».

Esa antigua costumbre a la hora de ir a la peluquería se mantiene, sobre todo en los barrios o en locales que abrieron hace décadas y subsisten con una clientela que se resiste a los nuevos tiempos. Hoy el boom es atravesado por lo estético y por una palabra que, en realidad, viene desde hace siglos, la barbería. Una vanguardia que se alimenta de lo vintage y que se multiplica en cada cuadra de la ciudad.

«Desde hace unos años se impuso la tendencia entre los hombres de darle más importancia y tiempo a la cuestión de la imagen, de lo estético. Afeitarse o rebajarse la barba y hacerse peinados con otra onda hoy es algo normal, pero es cierto que hay como una explosión de barberías y está buenísimo porque es un oficio que genera muchas satisfacciones», cuenta Juan Souza (34) que desde hace tres años tiene un local que se llama como su apellido y que como él asegura, «este lugar soy yo, todo lo que hay aquí me representa».

«Siempre tuve algunas herramientas de peluquería y es algo que me gustó desde chico. Me acuerdo de que muchas veces preparaba todo en el comedor de mi casa, traía el espejo de la pieza y ahí hacía algún corte a familiares o amigos. Después ya me compré un silloncito y me fui armando. Cuando finalmente me decidí, hice cursos, me perfeccioné, aprendí y pude abrir el local, primero en la calle Alem y a los seis meses vi que esta ubicación estaba disponible. Siempre fue el lugar que me gustó, así que ni lo dudé», señala desde ‘Souza’, la peluquería y barbería de la calle Lisandro de la Torre al 700, casi en la esquina con la avenida Luro, un lugar de altísimo tránsito de gente en el macrocentro santarroseño.

«Hoy somos muchísimos los que trabajamos de esto y más allá del boom por las barbas y los cortes es cierto que es un oficio que es redituable porque podés aprender haciendo cursos y no necesitás grandes inversiones para arrancar. Podés empezar rápido a trabajar.. Al principio llegaba a hacer hasta 30 cortes por día, una locura, hoy estoy estabilizado entre 10 y 15. Me tomo el tiempo que sea necesario, es algo que no me cansa nunca, y lo importante es que el cliente se sienta a gusto y se vaya contento con lo que le hice, con mi propio estilo y mi propio sello».

Aunque lo fundamental no cambie y las brochas, las navajas y las tijeras sigan teniendo su lugar, las barberías modernas se han transformado -en muchos casos- en relucientes centros con una estética muy cuidada: sillones, pantallas LED, servicios de tragos, de cerveza artesanal, de café, música y hasta videojuegos de la era antes del 2000, como los que hay en «Souza» y de los que se puede disponer sin costo alguno.

«Como cualquier pibe, cuando era chico iba a los videojuegos y siempre el sueño era tener uno en la habitación. Se me dio un poco más tarde pero los incorporé a la barbería y fue un gran acierto. En principio como adorno, pero dio gran resultado porque muchos vienen y es como que les da nostalgia y se ponen a jugar».

Y si hay un elemento que no falta en ninguno de los nuevos locales es el clásico poste de barbero, ese cilindro blanco, rojo y azul que puede estar fijo o girar gracias a un motorcito eléctrico y que es el signo de identidad. «Es una tradición de hace muchísimos años porque en la época medieval los barberos también eran cirujanos o sacaban muelas. El poste tenía una palangana de bronce en la parte de arriba y en la de abajo otra que era donde quedaba la sangre. Ese poste del medio es el que el paciente agarraba durante el procedimiento para facilitar que la sangre fluya».

Modas

Chicos y no tan chicos que uno tras otro llegan para pedir el corte moderno de un futbolista o un «famoso», otros que quieren un platinado o distintos colores, un degradé y, por supuesto, una barba bien prolija que lo distinga. Las tendencias cambian y es allí donde el peluquero pone su estilo, su sello.

«Cada uno se distingue por algo, hay de todo: gente que viene con algo ya muy claro y otra que te pide o te deja que vos dispongas. Ahora para el verano se viene muchísimo la onda de los colores, el platinado ni hablar pero también el violeta, el verde, el rosa. Los colores de fantasía, que son los colores vivos. Las tendencias se multiplican enseguida», explica Juan, quien también brinda cursos para quienes, como él, decidieron un camino emprendedor para estar parado frente al espejo trabajando sobre un rostro o una cabeza.

Relajarse

Si bien a principios del siglo XIX los barberos realizaban extracciones dentales, luego esa costumbre fue dejada de lado y las peluquerías se masificaron. Quienes se entregaban a ese oficio comenzaron a tener status social, sobre todo por la capacidad de conversación y por la complicidad a la hora de contar secretos.

«Es cierto, acá mucha gente se suelta, se relaja, y habla de cuestiones personales o lo que sea. Se produce un ida y vuelta muy interesante y por eso también me encanta este oficio. Creo que es algo muy noble», describe Juan antes de que su sonrisa se ensanche aún más cuando menciona a quien en distintos momentos del día lo acompaña en el local, su hija Ana Emilia, de 3 años y medio de edad.

Si bien hoy los antiguos caballeros de galera y bastón que iban a las barberías ya no están, el negocio supo reconvertirse gracias a esa estética de objetos perfectamente desplegados. Lugares que sirven para tomarse una pausa en la rutina y acicalarse para que esa imagen que devuelve el espejo, se vea renovada. Un oficio que se practica con las manos pero que entra por los ojos.