Acoso y daños en el Plan 5.000

Desde que rompió con su novio, Laura M. no vive tranquila. Recibe llamados a cualquier hora de la madrugada e insólitos mensajes de texto de un número desconocido, lo mismo que sus familiares. Del otro lado del teléfono suele escucharse una voz deformada, que intenta copiar en vano el acento de otras provincias. A veces no dice nada, solo deja sentir su respiración. Laura dice -sospecha con fundamentos- que el autor de los llamados es su ex pareja, al que denunció el pasado 7 de junio y que, pese a una notificación, no entra en razón.
Ayer la mujer volvió a denunciarlo: cuando regresó a su casita del plan 5.000 después de una larga jornada de trabajo, el frente de su vivienda, esa en la que vive sola y cuyo frente había sido pintado hace meses de color rosa y amarillo sus hijos, apareció íntegramente manchado con aceite quemado, un liquido viscoso y sucio muy difícil de remover.
“El 7 de junio hice la primera denuncia en la Seccional Sexta por acoso. En esos días a mi hermano le habían pintado el frente de la casa de la misma manera que a mí hoy (por ayer), pero no pensamos que podía ser mi ex. La verdad que ya no sé qué hacer. Cambié de teléfono, lo denuncié, pero no pasa nada”, dijo la mujer a LA ARENA.
-Usted expuso su caso en las redes sociales, ¿tiene miedo de que le suceda algo malo?
-No, miedo no, mientras que no se metan con mis hijos y mi familia. Pasé por tantas cosas que ya nada me asusta. Yo lo que quiero es vivir tranquila, que la Justicia haga algo. En estas últimas semanas, varios casos salieron a la luz y da la impresión de que el machismo está recrudeciendo y la Justicia no está a la altura de esta problemática.

Nombre.
El 28 de abril de 2010, el nombre completo de Laura -quien pidió no ser expuesta en esta oportunidad- apareció en los medios de comunicación también por causa de un hombre: su ex marido, con el que estuvo ocho años casada y tuvo tres hijos, se había esfumado con los chicos sin dejar rastros. Después de varias golpizas ella lo denunció y el hombre decidió alejarla de lo que más amaba. La mujer estuvo dos años sin ver a sus hijos mientras ellos vivían en Catamarca adonde habían viajado sin siquiera documentos.