Campú reclamó en idioma ranquel

"ANKE LEUVÚ" (YA NO CORRE EL RÍO), UN PEDIDO ANCESTRAL ANTE LA CORTE

El “gobernador” de la Nación Ranquel vive en el oeste, junto al río que no está. Vio cómo todos se iban, incluso su madre, pero él se quedó. “Con los hermanos ranqueles queremos que vuelva a correr por su cauce el Atuel”, pidió.
Carlos Campú es el gobernador de la Nación Ranquel y ha vivido toda su vida en el oeste pampeano, junto al río Atuel. El “lonko che” de los ranqueles pampeanos estuvo el miércoles 14 en la Corte Suprema de Justicia de la Nación y con un discurso sencillo, sin grandilocuencias, contó a los magistrados cómo es vivir junto a un río que no está. “Anke leuvú”, que significa ‘ya no corre el río’, es una frase que tantas veces escuchó de sus mayores es una infancia. “Lo único que quiero decir, que vuelva el Atuel correr por su cauce natural”, reclamó el cacique ranquel a los jueces supremos.
Con un atuendo que identificaba su ascendente aborigen, y un discurso que por tono y contenido distó de los otros escuchados en la jornada, Carlos Campú se presentó ante los cinco jueces de la audiencia convocada por la Corte en su carácter de “gobernador” de la Nación Ranquel de nuestra provincia. Expuso en calidad de “amigo de la Corte” y aunque comenzó leyendo un texto, optó por improvisar su testimonio ya que, como anticipó a los magistrados, no tiene fluidez para leer.
“Vengo a exponer de lo vivido por mi persona y mis hermanos ranqueles por el corte del río Atuel por la provincia de Mendoza”, se presentó. “Les voy a hablar de lo que yo sufrí, de mis familiares, de los que me criaron, de haber vivido muy cerca, y a veces buscando agua en el río Atuel, porque tenés agua dulce, para los animales y para el consumo de nuestros ancestros. Eso era muy importante, pero de a poco fue desapareciendo”.
El lonko señaló que no tiene bien en claro “en qué momento comenzó a desaparecer (el Atuel) porque yo era muy chico en esa época”, y la gente se empezó a ir del lugar o bien a mudar su precaria vivienda en busca de la cercanía del agua.
Una de las personas que se fue del lugar fue su propia madre, que se mudó a Victorica a buscar trabajo. En el escrito que había preparado para leer a los jueces -al que tuvo acceso LA ARENA-, el lonko contaba que ya de grande le pidió varias veces que volviera al lugar, y ella, con mucha resignación, nunca quiso hacerlo. Sin haber conocido a su padre, y con su madre lejos, Campú fue criado desde niño por otra familia de la zona.

“Anke leuvú”.
El relato de Campú fue sencillo y profundo. En varios tramos usó frases en ranquel con la naturalidad de quien está habituado a hablar en esa lengua porque la escuchó de niño. “Los mayores decían ‘anke leuvú’, que quiere decir ‘está seco el río”, relató a los jueces. Y abundó: “Nelayko leuvú, ya no corre el río, ‘amutuain, nos vamos, ‘ka mapú’, nos vamos lejos, a otros campos”.
A medida que el río desaparecía y con él los bañados, “buscábamos para el lado del río, porque no había perforaciones y no había perforadoras” para buscar el agua subterránea, y si bien había algún pocero había en la zona “no teníamos con que pagarle”.
En los tiempos en que corría el Atuel “teníamos muy buena pastura para las chivas, para las ovejas, que era lo que más se tenía, y para los caballos”. Cuando el agua empezó a faltar lo primero que desaparecieron fueron los pastos que comían los animales. “Ya no podíamos tener ni 20 chivas”. Los que se quedaron fueron los que tenían una extensión de campo mayor y podían sostener un rebaño más grande.

“Era fácil vivir entonces”.
Campú sigue viviendo junto al Atuel que ya no está, “porque pensé que tenía que seguir estando de alguna manera”. Todo un compromiso con un pueblo y su historia. “Porque había que estar, porque es nuestro lugar, es nuestra tierra y es nuestra agua, que el Ngenechen nos dio. ¿Por qué lo tienen que cortar?, ¿nada más que porque hay técnica, porque hay tecnología?”, se preguntó.
Muchos perdieron sus parcelas porque en la cosmovisión aborígen la propiedad de la tierra no está atada a un documento legal. “Nosotros estábamos porque Ngenechen nos dio esas tierras, que empezaron a existir nuestros ancestros, ocupar estas tierras, todas las lagunas, con todos los ríos que tenían”. Comentó que él mismo tuvo algunas propuestas para dejar su campo, pero nunca accedió.
“Era más fácil vivir en ese entonces”, afrimó. Desde que se produjo el corte, el Atuel “se va convirtiendo en basurero en vez de ser un río con agua; y en vez de ser hogares, son taperas, que en poco tiempo no queda nada porque son como les decía, toldos de yuyos”.
“La persona que se va, no vuelve”, sintetizó.

“Esto vengo a exponer”.
“Nada más que esta poca palabra quería comentarle, por eso vengo a exponer esto”, fueron sus últimas frases a los jueces. “Nosotros queremos con nuestros hermanos ranqueles que vuelva a correr por su cauce el río Atuel, para poder mejorar la calidad de vida. Se habla tanto del mejoramiento de la calidad de vida, ¿por qué no podemos los ranqueles, si tenemos derechos, por qué no podemos tener agua, agua dulce, agua buena, del río Atuel?”.
“Lo único que les voy a pedir para que vuelva el río atuel, por su cauce natural, como era cuando vivían nuestros ancestros, que ya hace muchísimos años poblaban esas tierras, y eran como dicen muchos, son dueños de las tierras”, finalizó.

Las palabras de Morisoli.
Tal como se había comprometido en la conferencia de prensa del viernes, el gobierno provincial dio a conocer las palabras con las cuales el poeta y agrimensor Edgar Morisoli iba a cerrar la presentación de La Pampa en la audiencia de conciliación que convocó la Corte Suprema de Justicia en el marco de la demanda contra Mendoza por el río Atuel. Su testimonio se publica en la página 32 de esta edición.
Tras hacer un raconto histórico de lo sucedido con el río, los embalses que se construyeron hace medio siglo y son los responsables de su interrupción en territorio pampeano, y su impacto social en los principales afectados, Morisoli planteó el avasallamiento a los principios republicanos que conlleva la apropiación por parte de una provincia de un recurso natural compartido.
“Esa sucesión de acontecimientos implica que, en perjuicio de La Pampa y sus habitantes se han violado, larga y reiteradamente, principios que hacen a la esencia misma de nuestra concepción de la República y que consagra el Preámbulo de la Constitución: la unión nacional, la paz interior y el bienestar general”, planteó el ex secretario de Recursos Hídricos.
“Este alto Tribunal es el garante de esos principios, de su integridad, de su respeto y de su aplicación operativa”, acotó.
Las palabras de Morisoli no pudieron escucharse porque aquella mañana los jueces decidieron modificar el desarrollo que se había acordado con las provincias y hacer ellos mismos las preguntas a los abogados y patrocinantes provinciales.