Casi un emblema del Deportivo Winifreda

Mario Vega – Infatigable conversador, "Coqui" Carnicero es uno de esos típicos personajes de un pueblo del interior provincial. Fue el dentista de Winifreda, jugador de fútbol y un concejal que no alcanzó a asumir.
En cada ciudad, en cada pueblo, existen tipos especiales, personas que se hacen conocidos y que, de alguna manera, a lo largo de su vida dejan una marca. Los hay de distintas características: los que despiertan curiosidad, por algo que los torna más o menos simpáticos; y otros que por trabajo, dedicación, esfuerzo, y una cuota de talento, consiguen distinguirse claramente. Eso no los llevará a ser absolutamente indiscutidos, y es muy probable que -por el contrario- resulten controvertidos personajes de una sociedad. Estarán los que apreciarán sus dones, los que estimarán lo que han realizado en su trayectoria; y también habrá lugar para los que los objeten por alguna cuestión no siempre bien especificada.
En el caso de Norberto Alejo Carnicero, "Coqui" (81), se da un poco de esas dos cosas. Reconocido profesional de la odontología, radicado hace más de 50 años en la vecina Winifreda, supo granjearse el afecto de mucha gente a la que atendió en su consultorio, o a la que frecuentó en su vida social. Pero, es verdad, también hay quienes -a lo mejor en voz baja- farfullan algún tipo de cuestionamientos, muchas veces sin precisar a qué obedecen, sin saber muy bien a qué atribuirlo. Pero es un poco así.

Has recorrido un largo camino…
"Coqui" ha llegado a una etapa en la que puede hacer un balance, y sabe que tiene muchos méritos, pero también que su carácter polémico, sus conocimientos futboleros -más allá del profesional de la medicina- que exhibió siempre con desparpajo, con desenvoltura, tanto como jugador, como entrenador o dirigente, alguna vez pudieron incomodar a algunos.
Pero es un hombre seguro de lo que hace, con un temperamento que le permite ponerse por encima de algunas críticas, y valorar que, al cabo, hizo un montón de cosas en la sociedad winifredense.
"Nací en Catriló, mis padres eran Roque y Fermina Hospital, y tengo un único hermano, Rubén Omar, que sigue allí… mi papá era español, pero llegó a los 3 años a Argentina… era un laburante que algún tiempo tuvo el reparto de diarios y revistas en el pueblo, que además fue representante de los diarios Crítica, Noticias Gráficas y La Razón. Pero no sólo eso, sino que por las tardes vendía billetes de lotería, y generalmente hacía los grandes asados: no cobraba, pero siempre sobraba algo y caía con eso a casa", rememora.

La familia.
Se casó con Teresa Pitz (fallecida en el 2.000), y tuvieron tres retoños: María Florencia, pediatra que ahora vive y trabaja en Winifreda, pero que también hace guardias en el Molas; y los mellizos Juan Manuel y Julio César (30). Uno es médico cirujano y ahora está en el Clínicas haciendo cirugía plástica; y el otro es odontólogo en el Hospital Piñero; y por estas horas está terminando cirugía maxilofacial. "Es una satisfacción que los tres, profesionalmente, me hayan superado… Pero hay alguien que a su vez los supera a ellos: Celina (1 año 5 meses), que si les ganó a todos", y casi se le cae la baba al abuelo "Coqui". Y agrega: "Es que no hay nada más lindo que llevarla en el cochecito e ir al parque y subirla a una hamaca".

Estudios y fútbol.
Norberto hizo la primaria en Catriló -de 1941 a 1947, precisa-, el secundario en el Nacional de Santa Rosa, hasta 1952. Luego habría de comenzar la carrera universitaria en la UBA, donde egresó en 1959. "Nunca me llevé una materia en el secundario, aunque especulaba bastante con las notas. Vine a la casa de una prima, casada con Rufino Domínguez (los dueños de la confitería El Centenario), que eran los papás del que ahora es médico ginecólogo y de Lacho", cuenta sobre su vida en Santa Rosa.
En esos tiempos jugaba al fútbol en General Belgrano -pese a que los Domínguez, fanas de los auriazules, querían que lo hiciera en All Boys. En el tricolor habría de compartir equipo con Lícer Moreno, uno de los crack de aquellos tiempos, y debutó a los 15 años en primera división en un partido con All Boys.
En Buenos Aires fue a vivir en casa de unos familiares en Haedo, pero le resultaba muy lejos de la facultad, hasta que consiguió lugar en una pensión a media cuadra de la UBA. "Eso me quedaba mejor pero eso sí, convivíamos 6 personas en una habitación, así que fácil no era… Eran momentos en que papá había comenzado como comisionista, y llegaba los martes a Buenos Aires, y si podía le daba una mano con las comisiones. Era estudiante bien gasolero, porque no daba para más, pero alguna vez le decía a mi padre e íbamos a la Bombonera, porque soy fanático de Boca… Jugaban el Leoncito Pescia, Carlos Sosa, Musimessi el arquero cantor, el ‘Comisario’ Colman, De Zorzi; pero después el que me volvía loco era Rojitas (Angel Clemente Rojas), que era extraordinario", evoca.
Mientras estudiaba -era su prioridad- fue a probarse a Banfield, y "cuando estaba todo arreglado la gente de Belgrano quiso que el equipo del Taladro viniera a jugar un amistoso como pago por el pase y no se hizo. Así que me dediqué a estudiar, y a jugar con grupos universitarios", sigue Norberto.

Vivir en Winifreda.
Una vez recibido volvió a Catriló, y empezó a buscar dónde empezar a desempeñarse como odontólogo: "Un día un viajante me dijo que en Winifreda estaban buscando y fui… hablé con el doctor Eloy Baldovino (la cancha de fútbol del Deportivo lleva su nombre) y me convencí que era un buen lugar. Los Domínguez me pedían que viniera a Santa Rosa
y así de paso jugaba en All Boys, pero elegí aquello", recuerda.
Y parece que eligió bien, porque enseguida se ganó un lugar como profesional -"tenía el consultorio siempre lleno", dice-, y además pudo comenzar a hacerse notar en lo que le gustaba tanto: el fútbol.
Eran tiempos de trabajo, fútbol y buena vida. "Sí, íbamos a todos los bailes de la zona: El Guanaco, Lote 13, Colonia Barón, la Delfina, Mauricio Mayer. Bailes y pasodobles… me gustaba mucho, pero había mejores bailarines que yo", admite.

Casamiento demorado.
Será por eso que le costó tanto casarse. "Estaba de novio con Teresita, pero los sábados me esperaban los muchachos y arrancábamos", dice y larga la carcajada. "Te dije, el consultorio estaba siempre lleno, tenía auto, y me gustaba salir con los muchachos…". Un combo que lo hizo resistir, hasta que Teresita vino y le dijo que estaba embarazada. "Pero no hubo ceremonia de casamiento, ni fiesta. Era un trámite que había que hacer, y por la Iglesia fue porque ella quería sí o sí que los chicos fueran bautizados y tomaran la comunión, así que también, fue un acto sencillo: conseguimos un par de testigos y el cura nos casó en la sacristía", y se vuelve a reír con ganas. "Es que no soy creyente, pero si Teresita quería no había problemas. Y fijate que no importaban los papeles que nuestra unión duró para siempre", completa con algo de razón.

Cerebro winifredense.
En el fútbol "Coqui" era un poco el corazón del Deportivo Winifreda -"en realidad el cerebro", corregirá-, donde llegó a jugar hasta los 42 años, cuando actuaban en la Liga Central, con Mauricio Mayer, Colonia Barón y otros equipos de la zona. Pero supo de muchos campeonatos en la Liga Cultural, jugando y dirigiendo a la vez a compañeros como "El Vago" Ponce, Oscar Rihl, Luis Ballester, Víctor Ojeda, Juan Carlos Benítez y Juan Carlos Adrover, entre otros. "Jugaba, dirigía, era el preparador físico y juntaba la plata para las camisetas. Dirigentes pasaron muchos, pero me gustaría mencionar a Luis Verna, quien después fue presidente de la Federación Pampeana de Bochas".
¿Cómo jugaba Carnicero? "Era un jugador cerebral, más que nada, y que corría muchísimo… no hacía muchos goles, y los pocos que conseguía eran goles lindos… el que era goleador goleador era Laurentino Koller, que siempre le convertía a All Boys", recuerda sobre aquel "ruso" peligroso que usaba la 9 del Deportivo Winifreda.
Eran tiempos de la cancha llena, con un entusiasmo de los simpatizantes que desbordaba los cuatro costados; con los camiones llenos de gente y los autos de todo el pueblo en largas caravanas para acompañar al Depo hasta donde fuera necesario. Y si era para enfrentar a All Boys, mucho más.

El director técnico, como se podía.
"Coqui" se lesionaba seguido, y eso le hizo pensar más de una vez en abandonar, pero su pasión era más fuerte. "Como director técnico hacía lo que podía: leía los diarios de Buenos Aires y copiaba lo que hacía Independiente, que en ese tiempo era el rey de copas: hicieron tal trabajo, se alimentaron de tal forma… imagináte, no había Internet, ni nada que se le parezca. Si para entrenar a los muchachos hasta me venía a Santa Rosa a hablar con Chito Teves, que entrenaba boxeadores…", dice sobre aquella "locura que tenía por el fútbol".
Después, "para saber cómo era", hizo el curso de entrenador en Santa Rosa, y dirigió a Winifreda hasta 2005. "Quería ascender al equipo, pero el presidente de entonces no me dio tiempo".

Jugar a los 81.
Ahora Norberto va cada domingo a ver al equipo de sus amores, pero ya no dirige… aunque sigue jugando: "Al lado de la cancha grande tenemos una a la que le pusimos ‘el Azteca’, y nos juntamos todos los sábados". A los 81 despunta el vicio, da órdenes, indica, grita… y también se lleva algunos reproches: "Sí -vuelve a reír-, soy re hincha, y algunos me dicen ‘no vengas más’. Pero que se olviden, voy a seguir. Además no me pueden echar porque soy el organizador, y tengo hasta las pelotas con las que se juega", casi desafía.
Se lo ve impecable, y no es para menos: "vengo tres veces por semana a Santa Rosa, voy al gimnasio, hago natación, y en el pueblo salgo a andar en bici… mi vida hoy son mis hijos, y sobre todo mi nieta Celina. Estoy jubilado, tengo una renta por un campito que alquilo… De qué me puedo quejar en la vida. Si a los 81, todavía juego al fútbol".
Qué lindo, que lindo llegar así, "Coqui".

El concejal que nunca fue.
Norberto Carnicero es una persona interesada en la realidad social, y obviamente la cuestión política no le es ajena, aunque no milite en ningún partido.
"No soy peronista ni radical, pero una vez intervine en política: cuando Néstor Ahuad se impuso a Pacheco Berhongaray para gobernador… esa vez participamos de las elecciones con una Unión Vecinal de Winifreda. Nuestro candidato a intendente era un señor Kramer, que había hecho muy buena gestión en la Cooperativa, y yo iba como primer concejal. Cuando se hizo el recuento ganó el PJ, pero el concejo deliberante quedó con dos integrantes justicialistas y dos de la UCR, y también me tocaba ingresar a mí".
¿Y qué pasó? "En la Unión Vecinal se les había antojado que yo tenía que ser el presidente del concejo, el que de alguna manera desempataba; pero a mí me parecía que eso no estaba bien, que le correspondía al PJ que había sacado más votos. Me asesoré, hablé con Carlitos Oriani, me fui a Catriló a verlo a Rolando Bompadre y ellos coincidieron en que era como yo decía. Renuncié antes de asumir", resume.
Brevemente repasa una anécdota: A los winifredenses se los sindica como los "inventores" de "la charasca" (esto es comer semillas de girasol en la cancha), y de una frase ingeniosa: la hinchada de All Boys llevaba un bombo en cada partido, y golpeaba el parche a más no poder ante un gol de su equipo. Cuando Winifreda, en ese tiempo más de una vez, le convertía un gol a los auriazules -cuentan los alboyenses- los "rusos" les gritaban: "¡Toqui bombo, ahora!, "¡Toqui bombo…", en un atravesado castellano que, obvio, no era tal…