Cierra Benito Bruno tras 45 años

El cierre de la firma es inminente, y se está en una etapa de liquidación del stock existente. Hubo muchas otras parecidas que, al cambiar los métodos de comercialización, también cerraron sus puertas.
La decisión está tomada: Benito Bruno y Cía, en pocos meses más, como tantas otras firmas parecidas antes será nada más que un recuerdo. Nada menos que 45 años pasaron desde que la empresa se pusiera en marcha.
Carlos Bruno -diputado provincial de la UCR-, que participa desde prácticamente los inicios confirma que “no hay vuelta atrás. Una vez le pregunté a don Aref Diab, dueño de la tienda La Moderna -en calle Quintana- por qué la cerraba si era exitosa, y me contestó: ‘fijate en una regla cuánto he recorrido y cuánto me puede quedar por recorrer. Uno debe saber cuando llegó al límite… ahora a vivir tranquilo. La verdad que en ese momento mucho no entendí, pero hoy me doy cuenta cuánta razón tenía, todo tiene un límite, y hay que saber encontrarlo”.
Y agrega: “Paradójicamente me pasó que en vez de encontrarlo yo me lo pusieron mis hijos, porque a veces los jóvenes la tienen más clara que uno”.

Historia.
Fue el 1 de febrero de 1971 que abrió sus puertas en Santa Rosa la sucursal de Federico Calandri y Cía, con sede central en Eduardo Castex. Al frente de la misma y como socio estaba Benito Bruno, junto con Edmundo Bolla y Carlos Bruno hijo, como empleado. La firma estaba en calle Lisandro de la Torre 229, frente a la Escuela 1, y tenía la representación de John Deere, Maracó, en maquinarias; a la vez que acopiaba cereales y vendía artículos de corralón.
En 1979 se trasladó a Avenida Luro 1105, y en 1986 Benito Bruno y su hijo Carlos, adquirieron el paquete accionario y la firma pasó a desempeñarse bajo el nombre de Benito B. Bruno y Cía SA. “Continuamos como concesionarios oficiales de John Deere, Crucianelli y varias marcas de implementos agrícolas”, rememora Carlos. En los buenos tiempos estuvo ocupando el amplio local de Luro y Paul Harris, pero la política liberal de los ’90 se quedó con la esquina y la firma siguió funcionando un poco más acotada sobre esta última arteria.
Si alguien merece una mención especial es don Benito Bruno. Tenía nada más que tercer grado de primaria en una escuela rural y llegó a ser presidente de la Cámara de Comercio de La Pampa cuando la entidad estaba en sus 30 años de existencia e, impensadamente, cuando llegó a los 60 el presidente sería su hijo, Carlos Bruno.
En 1997 fallece don Benito Bruno y Carlos quedó al frente de la firma junto con personal con muchos años, en muchos casos más de 30, como Clemente Jaca, Luis Sosa, Hugo Fraile, Jorge Capello, Gloria Garmendia, Fabián Bideplán y Gabriel Fosasecca, entre otros; en tanto se sumaba Federico Bruno, nieto de Benito.

Fin de una etapa.
Los hijos de Carlos y de su esposa Inés, Federico, Romina y Fernando, les han dicho que ya es hora de descansar. Cada uno de ellos tiene su trabajo y ninguno va a seguir con la empresa, por lo tanto le han pedido que piensen en disfrutar de los nietos y de la vida.
“¿Qué digo yo? Después de analizarlo y procesarlo llegué a la conclusión que los chicos tienen razón. Hace años tuve un infarto, hoy tengo cuatro nietos y uno en viaje para disfrutar, a mi madre con sus rozagantes 86 años y mi esposa que me acompañó siempre, y es momento de dedicarles tiempo. Eso sí, puse una condición, seguir un tiempo más con la profesión de rematador y con mi pasión por la política”, cuenta.
“No es fácil la decisión, pero quiero agradecer a los clientes, con muchos de los cuales cultivamos una amistad, a los proveedores que siempre confiaron y, por supuesto, al personal y su familia que acompañaron, en las buenas y en las malas. Seguiremos unos meses más hasta liquidar el stock y dar por concluida una etapa de la vida”, concluye.

“De tranquera a tranquera”.
Cambiaron los tiempos, cambió el mundo. En casi todos sus aspectos. Los mayores deben recordar la plenitud de aquellas grandes firmas que tenían un impresionante movimiento comercial: García Gómez Rouco, Torroba y Comas, Casa Tierno, Casa Lordi, Calandri en Castex, Tamagnone en Pico y Benito Bruno y Cía en Santa Rosa, por mencionar algunas.
Todas, una a una fueron quedando en el camino y constituyen recuerdos de otros tiempos. Vendían desde tractores, pasando por autos, implementos agrícolas, artículos de corralón y ramos generales. “Era todo muy distinto, las ventas se hacían de tranquera a tranquera, recorriendo los campos. Pero con el tiempo todo cambió”, sonríe comprensivo Carlos Bruno.
Es que no eran tiempos ni de celulares ni de Internet, elementos éstos que se incorporaron y fueron modificando todo. “Hoy los jóvenes que se ponen al frente de un establecimiento rural manejan toda la tecnología, y a lo mejor para comprar un tractor usado desde La Pampa a Santa Fe o Buenos Aires lo hacen por una página web”, ejemplifica el empresario.
Recordó que en los ’80 John Deere “debe haber tenido más de 70 concesionarias en todo el país, y hoy no debe tener más de 20. Se manejan con mega concesionarias que se mueven en amplias zonas.
En otros tiempos la relación con los clientes era casi personal, y de tal manera que tenían cuentas corrientes que usaban durante todo el año, hasta que llegaba el tiempo de las cosechas y con el producido hacían frente a sus compromisos.
Como pasó con otras grandes firmas que se manejaban en el mismo rubro, también llega el final para Benito Bruno y Cía. El paso del tiempo todo se lleva… y deja solamente recuerdos…