“Con Malvinas hay 32 años de impunidad”

Hace pocos días retornó de su tercer viaje a ese lugar en el que vivió y padeció el horror de una guerra absurda. Ernesto Alonso tenía 18 años y estaba a punto de terminar el Servicio Militar Obligatorio cuando en 1982 fue convocado por la dictadura militar para ir a las Islas Malvinas y participar de la invasión armada, una decisión que además de sus terribles consecuencias para cientos de jóvenes “no hizo otra cosa que alejar” a la Argentina del reclamo histórico por ese territorio ocupado por Gran Bretaña.
Alonso es presidente de la Comisión Nacional de Ex Combatientes, dependiente del Ministerio del Interior, y socio fundador del Centro de Ex Combatientes de Malvinas de La Plata (Cecim). El próximo jueves estará en esta ciudad para brindar la conferencia “Malvinas: memoria, presente y futuro”, dirigida a estudiantes secundarios, universitarios y público en general.
El diario LA ARENA, junto al Ministerio de Educación de la provincia, organizan el encuentro que es auspiciado por la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam) y que se realizará desde las 10 en el Aula Magna de esa casa de estudios, con entrada libre.
“Retornar a Malvinas siempre tiene un significado especial, porque uno no va a cerrar nada sino que sirve para seguir teniendo presente que se trata de una usurpación militar. Gran Bretaña tiene una población de colonos como excusa para manejos muy concretos, no cualquiera va a vivir a las islas, es el lugar más militarizado del mundo porque cada dos civiles hay un militar en un territorio de 12 mil kilómetros cuadrados”, describió Alonso en diálogo con LA ARENA.
En ese sentido, consideró que la presencia militar británica representa una “seria amenaza a la paz” no solo de la Argentina sino de toda Latinoamérica. Y remarcó que la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) utiliza las Malvinas como su base nuclear.
“La base de Mount Pleasant es una fortaleza con un equipamiento militar absolutamente desmesurado, y allí se visibiliza claramente la presencia de la OTAN, cualquiera que pueda viajar lo puede observar. Por eso decimos que es una amenaza para la paz regional, y además quedó claro que más allá de las barbaridades que cometieron, los militares nos alejaron muchísimo de Malvinas. Embargaron gran parte de nuestro futuro en las islas porque antes del 2 de abril del ’82 teníamos la presencia de YPF, los vuelos comerciales, toda una relación que se cortó abruptamente y nos hizo retroceder décadas”, amplió Alonso.

Abusos
En sus dos meses en Monte Longdon, Alonso fue testigo de cómo los militares torturaban y sometían a los peores abusos a sus compañeros. Soportó la muerte de su mejor amigo desde la infancia, Dante Pereira, y estuvo muy cerca de fallecer por el estallido de una bomba. Los daños psicológicos del conflicto bélico se llevaron a otros cientos que decidieron suicidarse, imposibilitados de sobrevivir a semejante aberración.
“Tuve que ver cómo estaqueaban o metían en pozos de agua a mis compañeros y fui testigo de la muerte de un soldado por congelamiento. Los peores castigos eran porque robábamos comida para poder alimentarnos. En realidad los militares llevaron a las islas la misma metodología del terror y la tortura que aplicaban en los centros de detención clandestina. Nosotros fuimos las últimas víctimas colectivas de la dictadura militar, de sus terribles abusos y vejámenes”, lamentó.
La designación de Alonso al frente de la Comisión Nacional de Ex Combatientes significó un fuerte impulso para lograr que esos oficiales y suboficiales que cometieron abusos contra su propia tropa sean llevados a la Justicia.
Desde 2007 se inició una causa que investiga más de 120 casos de torturas de militares a soldados durante el conflicto bélico en el Atlántico Sur. Luego de cinco años de avance, el expediente recibió un revés de la Cámara Nacional de Casación Penal, que consideró que estos delitos prescribieron.
“Frente a esa decisión se presentó un recurso de queja a la Corte Suprema de Justicia de la Nación para que, tal como lo hicieron una jueza de primera instancia y la Cámara de Comodoro Rivadavia, ratifique que estos delitos son de lesa humanidad. Es una asignatura pendiente, con Malvinas hay 32 años de impunidad, el poder judicial tiene que dar ese paso en este marco de memoria, verdad y justicia que el Gobierno nacional impuso en estos años”, reclamó.

“Ideologico”.
-¿Por qué cree que cuesta tanto que la Justicia juzgue a los responsables?
-Es que hubo toda una construcción. Después del conflicto las Fuerzas Armadas estructuraron un relato épico sobre cómo había sido la guerra. Un relato que no tenía nada que ver con lo que nosotros habíamos vivido y visto, pero que se impuso al punto de que ningún soldado fue citado a declarar en el juicio a las Juntas Militares. Nos pusieron en el bronce y así nos deshumanizaron. Y trataron de imponernos un pacto de silencio. Y si bien, por miedo o porque no había lugar, muchos soldados se callaron, apenas empezó la democracia, otros creímos necesario reconstruir lo que nos había pasado y, como parte de eso, planteamos la necesidad de formar una comisión bicameral que investigara los hechos ocurridos en Malvinas. Con todo lo recopilado podemos decir que en todas las unidades militares de Malvinas, fueran del Ejército, de la Fuerza Aérea o de la Marina, en todas hubo por lo menos un caso de tortura.
Alonso afirmó que los hechos tuvieron que ver con una cuestión “ideológica”, porque en realidad los militares trasladaron a las Islas lo que se vivía en el Servicio Militar.
“La denigración era una constante. Nosotros éramos sus sirvientes y además, por no ser militares, éramos inferiores, Ellos eran la casta militar, seres superiores dueños de la vida y la muerte de todos. Y eso no cambió por el hecho de estar en una guerra. En Malvinas valía más la vida de una oveja que la de un soldado. Entonces, un soldado podía morirse de hambre, pero no matar a una oveja para comérsela. Hubo torturas terribles por matar a una oveja. Se ordenaba no tener hambre y se ordenaba no tener frío, decían que eso era psicológico. Mientras, ellos tenían comida y abrigo, por supuesto. Entonces teníamos dos frentes: los ingleses, que solo los vimos un rato, y estos tipos que nos atacaban todo el día”.
En la causa judicial cada denuncia tiene dos testigos. Las torturas incluyen estaqueamientos, inmersión en pozos de agua helada, muerte por hambre, simulacros de fusilamiento, picaneo con los teléfonos de campaña, abusos sexuales y toda clase de vejámenes y humillaciones.
En cuanto a los imputados, son unos 80 militares.

Un cambio de paradigma.
Ernesto Alonso fue nombrado por la Casa Rosada como titular de la Comisión Nacional de Ex Combatientes en mayo de 2012. Dicha comisión había estado, desde el gobierno de Carlos Menem hasta 2003, a cargo de los sectores de veteranos con un discurso más belicista, de reivindicación de la guerra. Desde la llegada de Néstor Kirchner al poder la comisión estaba intervenida.
Además de designar a Alonso como su nuevo presidente para normalizarla, el Gobierno le dio un cariz civil ya que la Comisión se ocupa de los reclamos de los ex conscriptos y del personal no militar. El manejo de las políticas para los militares que estuvieron en la guerra quedó, desde entonces, a cargo del Ministerio de Defensa.
“Se está construyendo un nuevo paradigma sobre Malvinas, se trata de poner en el eje del reclamo la democracia y la soberanía. La guerra fue la acción más desmalvinizadora de nuestra historia. No podemos recuperar la soberanía reivindicando la dictadura ni la guerra”, afirmó Alonso.
La Comisión Nacional de ex Combatientes nació por el reclamo de los veteranos. Su creación comenzó a ser pedida a fines de los ’80, ante la necesidad de tener un espacio desde donde generar políticas públicas para los sobrevivientes de la guerra y los familiares de los caídos. Este planteo fue reconocido por Carlos Menem, que siendo presidente creó la comisión, pero entregándole su manejo a los sectores de veteranos ligados a los carapintada. Durante muchos años, la Federación de Veteranos de guerra estuvo bajo el liderazgo del fallecido líder carapintada Mohamed Alí Seineldín.

Encuentro con Chávez.
El martes 29 de marzo de 2011, Ernesto Alonso estuvo con el fallecido ex presidente venezolano Hugo Chávez, a quien le dio un obsequio especial: tierra traída desde las Malvinas. El líder bolivariano había llegado a La Plata para recibir el premio Rodolfo Walsh de la Universidad de la capital bonaerense y estuvo mano a mano con Alonso, quien le comentó el trabajo para impulsar la causa judicial contra los militares y la tarea de identificación de los más de 120 soldados argentinos enterrados como NN en el cementerio de Darwin.