Continuó el juicio de la Subzona 14 II

Continuó ayer el juicio de la Subzona 14 II donde se investigan delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar en La Pampa, en perjuicio de 234 víctimas. En la audiencia, llevada a cabo en el Colegio de Abogados, no estuvo el ex policía Roberto Fiorucci por cuestiones de salud. Hoy sigue el debate.
Ayer, declararon víctimas relacionadas con las detenciones ilegales a estudiantes de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Pico. “Para esa época estaba el diputado nacional, el señor energúmeno, Carlos Aragonés, que juntamente con Roberto Ponce, otro sindicalista de Bahía Blanca, era del Frejuli”, explicó Luis Alberto Barotto.
Relató que como el proyecto de “universidad sindical” de Aragonés no avanzó en el Congreso, “les dijeron que se acoplen a la UTN para armar una sola” casa de estudios, pero “ellos querían que el sindicalismo maneje el espectro universitario. Ponce entró con sus matones a la UTN de Bahía y lo mismo ocurrió en Pico con nosotros”.
Y siguió: “Aragonés fue a hablar con el decano y quería quedarse con todo lo que habíamos construido y como no tuvo lugar, trajo los matones de Ponce”. Allí, los estudiantes realizaron una toma “pacífica” de la universidad y fueron desalojados en un gran operativo con tanquetas y patrulleros.
El juez Lema les inició una causa por usurpación pero fueron sobreseídos, a partir de la intervención del abogado Ciro Ongaro.
Barotto dijo que estaban en ese momento Aguilera al mando del grupo de policías con Miskof (jefe de la Primera de Pico) quienes sacaron al decano de la facultad. También estuvieron, recordó, el comisario Campagno, Constantino -le decían “el General”-, y Schefer, y el intendente de Pico, Torres.
Después de pasar la noche en la comisaría píquense, fue trasladado junto a otros estudiantes a la Seccional Primera de Santa Rosa, que funcionó como centro clandestino de detención. Fue liberado a los pocos días porque “se les complicaba por la cantidad de gente que tenían”.
Barotto hizo hincapié en el rol de un fotógrafo del diario La Reforma que tomaba “diariamente” imágenes de los estudiantes, en distintas situaciones junto a un concejal del Mofepa. Las fotos después eran utilizadas, pero “nunca supimos cómo llegaron a la patota policial. Estábamos vigilados”, agregó.

Patovicas.
El testigo señaló que en el interior de la UTN había una guardia policial y “dos patovicas de la patota de Aragonés”, quien en un momento apareció en un patrullero de la policía e interceptaron a Rosalín Gancedo y se la llevaron detenida por unas horas, indicó.
Al señalar algunos hechos, remarcó que en octubre de 1975 la Policía “pasa a depender de las fuerzas militares y con el ‘ok’ de la Cámara de Diputados, cuyo presidente era el vicegobernador Marín pasamos a depender del proceso”, y añadió que en diciembre, detuvieron a su actual esposa y entonces novia Raquel Barabaschi.
“El responsable era un tal Taboada y también estaba el prófugo Baraldini -jefe de la Policía en ese entonces-“, señaló. La llevaron a la comisaría de Pico y después a la Primera de Santa Rosa. “Nos acompañó el diputado Gil”, indicó Barotto, que fue detenido nuevamente el 26 de marzo del 76 y alojado en la Unidad 4 pero era trasladado por la noche a la Primera donde lo torturaban.
Manifestó que en esa época los militares “vinieron a decir que iban a corregir el sistema democrático del país y comenzó un período signado por el miedo, vinieron a establecer el terror en la gente. No respetaban el Estado de Derecho, tenían impunidad para hacer lo que querían”.
Fue interrogado en una habitación “donde había una mesa con armas arriba” y reconoció al teniente Cobuta que “era un nazi hecho y derecho. Me preguntaban a qué grupo subversivo pertenecía, tenían una paranoia total, no sabía qué contestarle, y cuando estábamos presos Baraldini le dijo a nuestros padres que nos habíamos desviado de los valores nacionales”.
Les habían iniciado una causa por el robo de un mimeógrafo, que luego se comprobó pertenecía al centro de estudiantes. “Quedó aclarado que los ladrones eran ellos”, destacó.
Antes, recordó que el Mofepa había sacado un comunicado, firmado por Alfredo Cayre y Rodolfo Rogero, “que fue piloto cuando Amit fue gobernador diciendo que nosotros nos habíamos desviado del camino y teníamos que corregirnos”.

Muchos golpes.
Barotto contó que durante su detención en la U4, en la celda de un lado tenía a Nicoletti, un periodista y en la otra a Mendizábal, un estudiante. “Eramos una gran cantidad de detenidos”, afirmó y nombró entre otros a Calvo, Covella, Guinda, Oporto, los hermanos Llinás, todos de la facultad.
“Un día se lo llevan a Roma, y vuelve con el estomago negro de la semejante paliza que le pegaron, él nos hablaba de Reinhart, Fiorucci, Athos Reta, y el comisario Constantino. En el pasillo además se veía a Guevara Núñez que era jefe de la Seccional, a la celadora Elsa, a Cenizo también porque tenemos un encontronazo cuando nos tiró la comida por debajo de la puerta de la celda, era muy joven. También Yorio, que siempre iba vestido muy elegante, era secretario de Baraldini”.
Afirmó que todos los detenidos eran “ferozmente” golpeados, torturados y picaneados. “Lo más grave pasaba a la noche, pero lo más cobarde fue lo que hicieron con las chicas. No sé cómo pueden mirar ahora a sus hijas…”. Barotto recordó que fue liberado después de aclararse la situación del mimeógrafo, pero quedó con “libertad vigilada”.
Por último, reiteró que “Aragonés era cómplice, no era víctima. Lo retiraban a la noche y el señor Aimar nos dijo que no hablemos delante de él porque lo sacaban a la noche y contaba todo lo que pasaba dentro del pabellón. Estaba en línea con la patota policial y militar, fue un personaje siniestro e hizo detener a Rosalín Gancedo”.

“Que Baraldini explique quiénes eran”
Durante su declaración Barotto manifestó que cuando estuvo detenido ilegalmente en Santa Rosa fue indagado sobre la muerte de un policía en el aeródromo de General Pico -se determinó que se cayó arriba de un calentador y se quemó-, pero “nos endilgaron” el hecho a los estudiantes, advirtió.
“Ese policía de apellido Cejas fue enterrado a cajón cerrado y lo custodiaron varios oficiales. Estela Maris Barrios fue acusada de su muerte, pero (tras ser liberada) ella fue a ver a su mujer, quien le reconoce que sabía que no habíamos sido nosotros sino que era otro problema oscuro, pero no sabía qué era”, agregó.
Declaró que Barrios, quien falleció, fue una de las víctimas de delitos sexuales cometidos por los represores. “La violaron cinco policías”, dijo Barotto y le exigió a Baraldini que “explique quiénes eran” los que cometieron ese hecho “o si él estaba en ese grupo, quiero decirlo porque ella ya no está, y se que este señor es tan cobarde que nunca va a reconocer eso”.
En este segundo juicio de la Subzona 14 no se juzgan delitos sexuales cometidos durante la última dictadura, en el marco del plan represivo, aunque ello podría incorporarse en una nueva instancia.