Cooperativa pide urgente auxilio para no cerrar

EMISORA PAMPEANA

El estado exterior del edificio, las paredes descascaradas, la incertidumbre en que debe desenvolverse el personal que continúa trabajando en LU33 Emisora Pampeana, está provocando una situación muy preocupante para los trabajadores.
Lo cierto es que, de los 29 que comenzaron con la cooperativa hoy sólo quedan 18 que perciben un “retorno” (a modo de salario) que no supera los $8.000 mensuales. “Así no podemos seguir”, sostienen ya fatigados del desamparo en que deben desenvolverse, y con un cierto aire de desesperanza.
LU33 fue la primera AM de la provincia -luego de Radio Nacional Santa Rosa, inaugurada en los años 50- y fue concesionada primero por el gobierno nacional -estuvo el propio Carlos Menem en el acto de inauguración- a Carlos Legnani. Y lo cierto es que en poco tiempo se convirtió en referencia ineludible de los pampeanos, que pudieron escuchar las voces de sus locutores y periodistas en los confines más alejados de la provincia.

Despidos sin indemnización.
Luego que Luis Legnani -sucediendo a su hermano Carlos- le cediera los derechos de la radio a César Catena, el empresario mendocino después de algunos años decidió deshacerse de la emisora. Eso sí, no pagó indemnización alguna por su intempestiva decisión, lo que naturalmente derivó en un juicio civil que llevaron adelante los trabajadores.
Después de muchos conciliábulos se conformó “Trabajadores de Emisora Pampeana, Cooperativa de Trabajo Limitada”, que siguió operando la frecuencia de la AM 890 y de la frecuencia modulada Power 103.7.
Se trata de la radio AM más antigua, con un gran espacio de cobertura, y con una audiencia muy especial en las zonas rurales donde otras emisoras no llegan. LU33 tiene -merced al esfuerzo de su gente- una programación 100 por ciento local, desde las 6 de la mañana a 24. “Por nuestros micrófonos pasa todo el mundo”, dicen para dejar constancia de su pluralidad.

Situación muy complicada.
Pero desde hace dos años el contexto se fue complicando cada vez más, y si no ha cerrado definitivamente sus puertas ha sido, precisamente, por la constancia de sus trabajadores. Hoy los ingresos apenas alcanzan para hacer frente a sueldos, energía eléctrica, teléfono, gas, etc., y la cuestión parece haber llegado a un punto sin retorno.
Un mercado publicitario devastado -con una enorme cantidad de FM que obviamente dividen la torta entre cientos-, determina que los ingresos sean absolutamente insuficientes. “Si el Estado nacional no se hace cargo tenemos que cerrar porque no podemos pagar más nada”, dicen los integrantes de la cooperativa que, poco a poco, ven cómo la radio se derrumba.

Escasa colaboración.
“Cobramos promedio 8.000 pesos por mes, varios de nuestros compañeros trabajan además en otro lado y muchos directamente se fueron. Perdimos nuestros derechos laborales, no cobramos aguinaldos, somos monotributistas y no vemos a nadie dispuesto a ayudarnos”, reprochan.
Recordaron que la emisora es del Estado nacional -la frecuencia y el edificio-, que en su momento le pidieron audiencia al entonces gobernador Oscar Mario Jorge -que “nunca nos recibió”, se quejaron-, que efectuaron trámites ante Gabriel Mariotto cuando estaba al frente de la Afsca, y que la intención ahora es llegar al presidente del Enacom (la nueva figura que reemplaza a aquélla). “Hicimos gestiones con todo el mundo, con los diputados provinciales, con los secretarios generales de los gremios, pero salvo alguna que otra excepción nadie atendió nuestro pedido”, afirman los empleados de la radio.

Desgaste y estrés.
Señalaron que “el desgaste es importante, hay colegas que se fueron a buscar una situación mejor, compañeros enfermos por la situación, que viven con angustia, con estrés laboral, con inestabilidad y miedo de perder su fuente laboral. Todos los días aparece algo diferente”, completaron.
La frase final, llena de amargura, da cuenta en parte del porqué de lo sucedido: “En este país cualquiera manda una carta documento y se desinteresa, dejando gente en la calle sin que a nadie le importe”.

Una apelación demorada
Cuando César Catena decidió despedir a los trabajadores y directamente desentenderse de LU33, un grupo de más de 20 empleados inició acciones legales por la correspondiente indemnización. En 2011 se inició el juicio que fue resuelto a favor de los demandantes por la jueza en lo Civil, Comercial y de Minería de la primera circunscripción, Susana Fernández.
En aquel momento la acción fue promovida contra Radiodifusora Pampeana SA, César Catena -quien abandonó directamente la frecuencia y produjo los despidos-, Ikelar SA y Luceta SA.
La jueza ordenó indemnizar a trabajadores que, en algunos casos tenían 15, 20 y hasta 25 años de antigüedad; pero obviamente vinieron las apelaciones que llevaron la causa a la Cámara Civil que finalmente debería resolver. En razón de que apelaron todas las partes demandadas naturalmente se formó un expediente de varios cuerpos, que fue demorando la resolución.
Pero desde febrero de este año la causa está pronta a ser resuelta. Una especulación sostiene que la Justicia determinaría que -actualizaciones mediante- la parte demandada tenga que disponer de una suma estimada en unos 7 millones de pesos.
Como se ve, desde que se inició la causa lleva más de cinco años, aún cuando se supone que en este tipo de expedientes -donde hay involucrados trabajadores- la Justicia deba expedirse con lo que se llama “pronto despacho”.

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