Cosas que pasan…

Estampida.
Con esa palabra calificó Aníbal Fernández, candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires, la sangría de dirigentes que están abandonando el Frente Renovador de Sergio Massa para volver al Frente Para la Victoria. Un pampeano usaría el título de la huella “De ida y vuelta” para hablar de tantos intendentes (ya van cinco) y diputados que abandonaron ayer nomás al kirchnerismo para pasarse al massismo y ahora vuelven con el caballo cansado. Para seguir con las comparaciones zoológicas podría decirse también que el queso del poder es infalible para atraer a los ratones. Por supuesto, los están esperando con los brazos abiertos porque se vienen las elecciones generales y todo suma. Y en el peronismo de eso saben bastante. No faltará algún pícaro que les recuerde que el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen.

Sin pánico.
El tipo es dueño de un frondoso prontuario por golpeador de mujeres. Se apareció de golpe en la casa de su ex pareja violando una restricción de acercamiento y, por si no le alcanzara, a los gritos la amenazó con volver a golpearla. Ella no se achicó ante el matón y accionó el botón antipánico. Al toque llegó la policía y de las pestañas lo encerraron en la Seccional Segunda. Ahí va a tener que esperar que un fiscal piense qué hacer con él. A la sombra tendrá tiempo de reflexionar sobre su forma violenta de tratar a las mujeres. Esperemos que esta vez aprenda la lección, se dice uno, mientras no deja de maravillarse con estos aparatitos mágicos que pueden detener a los patoteros que quieren arreglar todo a los golpes.

Muertos y muertos.
Algunas muertes violentas generan reacciones sociales de las comunidades en donde suceden. Ocurre en toda la geografía nacional y casi a diario. Sin embargo, la horrible muerte que hallaron en un incendio dos chicos de siete y diez años -hijos de inmigrantes bolivianos- en un taller clandestino de Buenos Aires, no provocó ninguna expresión masiva de dolor. Tampoco despertó la compasión de las autoridades del gobierno porteño, que se lavaron las manos cuando se les dijo que ese taller ilegal y muchos otros que funcionan en la Capital Federal, habían sido denunciados hace mucho tiempo sin que nadie hiciera nada. En esos oscuros sótanos trabaja mano de obra semiesclava con sus hijos y sus camas al pie de las máquinas. Pero como se trata de gente morocha e indocumentada y confeccionan ropa para marcas fashion que tienen contactos con el gobierno de la CABA, la cosa sigue igual. ¿Cuántos incendios y muertes más tendrán que ocurrir? (RAM).