Cuando hacer periodismo se hace pasión

Mario Vega – El oficio de periodista no debiera ejercerse sin pasión por buscar la noticia, por elaborar de la mejor manera una frase, y por expresar un concepto más o menos crítico con una pizca de inteligencia.
Un viejo periodista -de esos maestros que había antes en algunas redacciones- limitaba la definición de periodistas sólo para aquellos que escribían, los gráficos, los que dejaban plasmados en el papel sus ideas, sus opiniones… y sin desmerecer la tarea de quienes hacían radio o televisión consideraba que en aquéllos estaba la verdadera esencia del oficio. Tenía alguna explicación que no recuerdo muy bien ahora, pero que me costaba compartir. Y mucho más con esta aparición explosiva de nuevas formas de expresarse, en esta era de la comunicación, en este ciberespacio que, sin la imaginación de Julio Verne, jamás percibimos que iba a existir alguna vez.
Por eso, me parece, la concepción de periodista alcanzaría a un espectro amplísimo, muy alejado del concepto de aquel viejo maestro de la profesión que tuve la suerte de conocer.
La carrera de Periodismo en la UNLPam graduó a gran cantidad de jóvenes ávidos de realizar la actividad. No muchos hallaron trabajo, o se dedicaron finalmente a la actividad. Más allá que la formación es importante -como negarlo-, lo cierto es que, a veces, en este oficio, con el título no alcanza. También que, con el título en la mano, más de uno buscó otros rumbos y cayó en la cuenta que, en realidad, la carrera lo había formado pero terminó por no gustarle. Algunos hay en estas condiciones.

Viejos y nuevos tiempos.
Recuerdo antiguas épocas -llevo 35 años en esto-, cuando a una conferencia de prensa íbamos sólo tres o cuatro cronistas. Hoy suelen ser decenas de periodistas rodeando a los protagonistas. Hubo una explosión en ese sentido, y muchos que abrazaron este hermoso oficio.
Algunos se incorporaron a los medios gráficos, otros a canales de televisión, y muchos hicieron sus experiencias en las FM que proliferaron por doquier. Todavía hoy, en toda la franja del dial, se escuchan voces nuevas.
Y están los que enseguida muestran grandes condiciones, otros que no tienen tantas pero reemplazan con esfuerzo, y también algunos que están en el camino del aprendizaje. Hay de todo en la viña del señor…
Recurrentemente suelo recordar aquella aseveración que un amigo -enojado en medio de una discusión- nos disparaba a cronistas todavía noveles. "Ustedes son periodistas saben por qué. ¿Saben por qué?", repetía, y se contestaba: "Son periodistas porque no hay ninguna ley que lo prohíba". Fito Figueroa -dueño de la desaparecida casa de deportes Mariani Sport- era un polemista consuetudinario, y solía agregar pretendiendo ser aún más mordaz, y en un tono casi judicial: "Son periodistas… en grado de tentativa". A lo mejor algo de razón tenía, pero aquí estamos.

Una vida complicada.
Rememora Almeira que no tuvo "una vida fácil… A mi papá no lo conocí, y mi mamá se llamaba Mirta Isabel Almeira; murió cuando tenía nada más que 25 años, mi hermana Mirta tenía 7 y yo 5. Primero vivimos con mis abuelos, y pronto fuimos a la Escuela Hogar donde hicimos la primaria. Pero yo sólo hasta 6º grado, porque después entraron los militares al edificio y completé la primaria de noche… Los fines de semana íbamos a lo de mis abuelos, Silverio y Edubige, que vivían frente a la despensa El Palenque, en calle Don Bosco. En la Escuela Hogar nos daban un plato de comida, y nos enseñaban valores, pero por supuesto nos faltaba el afecto familiar. No me quedaron amigos de aquellos tiempos", admite.
Cuando dejó la Escuela Hogar, mientras completaba 7º empezó a trabajar con 14 años. "En una verdulería, como albañil y en una fábrica de pastas. Después decidí hacer el secundario en el Ayax Guiñazú".
Cuando fallecieron los abuelos Alberto quedó solo con su hermana y sus sobrinos, y ellos son el afecto cercano, el que lo contiene, y a quienes naturalmente apoya en todo momento. "Siempre estamos juntos, viajamos, pasamos las fiestas juntos". Mirta tiene hijos que a su vez le dieron siete nietos. "A mi me dicen El Tío Alberto, y yo los tomo como sobrinos. No me gusta que me digan abuelo. He tenido parejas pero ahora estoy solo", comenta.

Empezar un día.
"¿Cómo nace lo de la radio? Como siempre un poco de casualidad, pero de chico me gustaba leer las publicidades de las revistas, y practicaba, o hacía que relataba… como tantos. Escuchaba LU33, La Manija con El Negro Goncalvez; y recuerdo a mamá escuchando los radioteatros cerca del mediodía. Un día el Petiso Menéndez me invitó a acompañarlo en una transmisión de boxeo por ‘Los Duendes’. Le dije que no de entrada, pero lo acompañé y ahí empezó todo, en 1998; al principio casi no hablaba, pero me fui soltando".
En las FM aparecieron muchos jóvenes, y no tanto, que hicieron sus primeras armas y que siguen firmes en el periodismo radial. Uno de ellos es Alberto, un muchacho que -a esta altura de mi vida ya lo puedo definir así desde mi propia "veteranía"- como quedó dicho, comenzó en la FM "Los Duendes", que no está en el aire desde hace tiempo.
Reconoce que le dio una mano grande, en su momento, el infatigable Juan Carlos Vega. Éste, mi primo hermano -falleció un lustro atrás-, fue un tenaz laburante de esta hermosa profesión. Transmitiendo carreras de ciclismo, y además muy vinculado al atletismo, como que fue fundador de Agrupación Juventud y Deportes, que muchos años se dedicó a formar atletas. Juan Carlos era un todo terreno, capaz de anotarse en una "A Pampa Traviesa" para transmitir "desde adentro", mientras competía a la par de los demás deportistas. Con él empezaron muchos como Alberto Almeira, "Cuando me llamó Juan Carlos fue un momento importante porque me dio la chance de empezar en serio en esto que me gusta tanto", cuenta.

El presente, estudiando.
Hoy Alberto Almeira estudia Periodismo, precisamente con la intención de formarse mejor, y para eso antes ya había hecho el curso de director técnico de fútbol, "para conocer mejor el reglamento, y cuestiones tácticas y estratégicas".
Alberto admite que tiene algunos problemas con la computación -en estos tiempos fundamental en el estudio-, y que se apoya en chicos jóvenes que también cursan, en tanto él les aporta su experiencia que, a esta altura, no es poca.
Su gran pasión es el fútbol, pero lo comparte de la misma manera con el boxeo, aunque siempre estará dispuesto a una transmisión en cualquier escenario, y con cualquier deporte. Y en eso puede ser considerado un periodista "distinto", que tiene "la intención de hacer un aporte, de ayudar a los deportistas", que no la tienen fácil.
"El deporte me gustó siempre, soy hincha de Boca, y tengo afinidad con Sarmiento, porque es un club de barrio, me hice amigo de Armando Maguna (falleció en un accidente), también con algunos dirigentes como Héctor González, iba a los entrenamientos de fútbol… Pero en realidad tengo buena relación en todos los clubes, con los jugadores, como El Zurdo Miscov, Cachete Miranda y Morettini, entre otros; pero también con los utileros, de Avella en All Boys, de Roberto Rodríguez en Belgrano, con Juancito Vicco en Sarmiento… también con Villeguita en Santa Rosa, aunque es un poco renegado", se ríe.

Un amateur del micrófono.
Tiene méritos Alberto Almeira, como también los otros integrantes de su equipo. Están lejos de ganar dinero con las transmisiones deportivas, y casi que diría que deben perder, porque en cualquier acontecimiento, en cualquier lugar, allí aparecen a transmitir. A veces haciendo cientos de kilómetros, para estar siempre apoyando, al deporte… y a los deportistas.
Diría que Alberto es el periodista "preferido" de los deportistas. Es cierto que pocas veces utiliza el tono fustigador, y eso lo ayuda, pero también es verdad que prefiere una crítica por la positiva, para que al cabo no resulte tan dolorosa y de todos modos le sirva a quien la reciba.
Hoy, como cada domingo, mientras todos estén almorzando, gozando de la mesa familiar, Alberto estará en una cancha de fútbol, con frío o calor, con sol o con lluvia. "Sí, haciendo ‘la previa del fútbol’. A los protagonistas les gusta, a la gente también, y no importa si nos perdemos el almuerzo familiar", apunta.
Y de verdad, en tiempos de puro mercantilismo, resulta bueno que -aún un comentarista de fútbol- alguien pueda ser tan profesional y, a la vez, tan amateur. De verdad, así las cosas, es fácil explicarse la estima de los deportistas. ¡Qué mejor premio se podría pedir!