Declaró Aragonés, acusado de “buchón” de los militares en la dictadura

Carlos Osvaldo Aragonés brindó su testimonio ayer en una nueva audiencia del juicio de la Subzona 14 II, pero declaró como víctima, a pesar de que varios ex alumnos de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de General Pico lo acusaron de “buchón” de los militares.
La declaración se extendió por media hora y los querellantes prefirieron no realizar preguntas, al considerar que eso convalidaría la situación de víctima de Aragonés, al que pretenden interrogarlo como imputado. Contrariamente, solo recibió preguntas de la fiscalía y las defensas.

El golpe militar.
Aragonés, que fue detenido el 26 de marzo de 1976 -siendo diputado nacional-, contó lo que hizo el 24 de marzo cuando sucedió el golpe militar. “Una vez más iba a Buenos Aires junto a Roberto Coronel y Raúl López y paramos en una estación de Carlos Casares. Llega un vehículo donde iba Juan Carlos Bola, chofer del vicegobernador Rubén Marín y comentó que iba a buscarlo porque podía producirse un golpe de Estado”.
“Me pidió que lo acompañara, lo hice y entrando a Buenos Aires, por la cancha de River, había un operativo, ya se había producido el golpe, y a nosotros no nos requisaron, llegamos al hotel y ahí estaba Marín. Nos comentó la situación del país y me ofreció regresar con él pero desistí”, siguió.
Además, Aragonés contó que al día siguiente decidió volver y estando en su casa de General Pico fue secuestrado. “Tenía la cuadra llena de vehículos y personal del Ejército”, dijo. Fue trasladado a la comisaría piquense y luego a la Unidad 4 de Santa Rosa “Cuando pasan 20 días, me llevan a la Primera”, relató.
A la tarde, fue interrogado en el primer piso por “muchísimas horas” con una capucha en la cabeza y con las manos esposadas atrás. “Fue tremendo psicológicamente y todo el daño a posterior”, comentó el ex sindicalista.
Agregó que a las 4.15 de a madrugada lo llevaron a una sala con un policía: “Me sacan la capucha y las esposas, y me dijo que leyera y firmara la declaración. Era un momento difícil, firmé sin leer absolutamente nada. Después de unos días me dieron la libertad provisoria, donde amén de las secuelas que me dejaron en el cuerpo, solo me interrogaron, todo fue de palabra. No me habían golpeado”.
A partir de la pregunta del inicio el fiscal general Alejandro Cantaro, Aragonés comentó también que al volver a Pico transitó un tratamiento “por la tensión nerviosa” que vivió y recordó que le “llevó mucho tiempo” recuperarse la dolencia causada.

Otra detención.
“Para mí fue un tremendo dolor, porque realmente más allá de ese momento que me hizo tanto daño psicológicamente, venía de ser diputado de la Nación y me encontré con la necesidad laboral para mantener mi familia, mi mujer y dos niños. Se me cerraron las puertas porque había miedo y me contestaban que no era posible tomarme. Significó que tuviera que deambular, hasta que alguien que me dio una mano, logré que me alquilaran un salón y me puse a cuidar coches”, dijo.
“Me ofreció un señor de una compañía de seguros un porcentaje para tener estabilidad económica, pero a los pocos día me detuvieron porque infligía la ley que prohibía hacer actividad política”, continuó. Fue detenido otra vez en la Primera.
El testigo, además, señaló que “pasó otro tiempo y me detuvieron, diciéndome que había un ciudadano de apellido Carbonel que tenía dólares, si yo sabía de dónde los había sacado. Luego me dejaron en libertad”.

Videla.
Luego, es detenido otra vez porque Jorge Rafael Videla, que “estaba a cargo del país fue a inaugurar una sede de Aguas y Energía de Nación y lo panfletean recriminándole algunas cosas. Yo no estaba en Pico pero cuando volví me enteré que otras personas que habían sido detenidas, entre ellas el vicegobernador Marín y otros. Me detienen, me traen a Santa Rosa, esa noche que llego Marín estaba saliendo en libertad y me dejó el colchón. No recuerdo cuántos días estuve detenido”.
Por otro lado, Aragonés contó que además de ser diputado nacional, también en 1976 era delegado regional de la CGT, cargo que aceptó ante ciertos pedidos “como prenda de paz” entre diversos sectores gremiales. “Acepté para dar una solución”.
Durante la dictadura, después del golpe militar, fue acusado de robar un busto de Perón (tras la muerte del presidente) que los gremios habían comprado y colocado en la CGT. Contó que los militares le dijeron que desalojaran el edificio del sindicato y “a lo mejor equivocadamente o no” lo trasladó a la sede del Centro Empleados de Comercio. “Me denunciaron que lo había sustraído”.
Allí fue llevado a Santa Rosa y por la madrugada, un policía le dio una botella de agua. “Ese policía era de Pico, a la madre le había conseguido una pensión”, recordó. Y a la mañana fue trasladado al Regimiento de Toay donde lo interrogaron por el robo del busto de Perón y al otro día lo liberaron”.
Por otro lado, reconoció que en la comisaría de Pico, a donde fue trasladado en un primer momento, estaba el jefe militar Oscar Cobuta.
-¿Quién era el policía que le hizo firmar una declaración en la Primera?, preguntó el fiscal Cantaro.
-No lo reconocí ni lo reconocería hoy. Es un momento muy especial, no reconozco ni siquiera las voces; aparte que pasaron 41 años, hay muchas familias que viven la historia con dolor, nosotros tenemos la suerte de poder contarlo. Hay otros que pagaron un costo que no debieron haber pagado la mente enferma de estos señores.
-¿Pudo ver a otros detenidos?
-No, solo vi a un detenido cuando fui al baño. Era Roberto Gil. Al único que vi en la penal, que había sido llevado en una noche y lo habían golpeado muchísimo. Tenía lesiones en el cuerpo que me mostró. También estaba Accáttoli, que era diputado provincial, Rodríguez, Nicoletti.
-¿Se verificaba el estado de derecho en el ’75 en el país, estaba vigente la Constitución?
-Se ejerció el derecho, fueron dos etapas, una cuando fallece el general Perón. Viví tres presidencias, la de Cámpora, la de Perón, y la de Isabel. Fueron cosas distintas. La situación era normal, pero pasaban cosas, como ahora y como pasaron siempre. Estaba la base intacta hasta que ocurrió el golpe.
-¿Supo si antes del golpe militar hubo detenciones en la provincia por actividades subversivas?
-Puede haber habido, yo no las recuerdo.
-¿No lo fueron a ver para informarle de esa situación algún ciudadano pampeano?
-No, para nada.
-¿Recuerda quién era el juez federal hasta el golpe?
-No.
-¿Y el jefe de policía?
-No señor.
-¿A qué atribuye que en La Pampa no se produjeran muertos ni desaparecidos?
-En La Pampa no tenemos ningún antecedente de hecho luctuoso. Yo siendo presidente del PJ que accedió al gobierno en 1983, y con quien condujo los destinos de la provincia, Marín, inmediatamente de asumir y con la complacencia de las autoridades partidarias se dictó una normativa porque el doctor Marín tuvo la valentía, la fortaleza y la fuerza para llevar adelante el esclarecimiento de estos hechos en la provincia.
-¿Se lo acusó en alguna causa penal?
-Yo no tengo conocimiento.

“Era una cuestión política”
Adrián Adolfo Di Santo (72) también fue víctima de la dictadura y declaró ayer que estuvo detenido en forma ilegal en los años 1972, 1975 y 1977.
Dijo que en febrero de 1975 fue detenido en su casa, durante un allanamiento. “Se llevaron una pila de libros”, explicó.
Fue trasladado por personal policial y del Ejército a la Seccional Primera, donde permaneció “poco tiempo” hasta que fue liberado. “Veníamos de la lucha de la nacionalización de la Universidad”, siguió.
El testigo señaló que durante su detención participaron Baraldini, Fiorucci y Gualpas y luego interrogado sobre su militancia estudiantil. “Era una cuestión política”, aseguró sobre su detención.
Recordó que dos años después, en 1977, fue detenido otra vez en su casa y fue llevado vendado a la Primera y en esa oportunidad lo torturaron, porque “las normas de juego habían cambiado”.
Los tormentos consistieron en aplicarle picana eléctrica. Estuvo detenido en la Primera, en la Unidad 4 y en la 9 de La Plata, donde fue liberado. “Mientras tanto me hicieron un juicio, estaba el juez Lema”, agregó el testigo.
“Lema dice que yo no podía ser subversivo porque mi partido había defendido un gobierno constitucional. Eso firmó el juez. Me liberó pero estaba a disposición del Poder Ejecutivo”, manifestó.
En la Unidad 9 fue visitado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) pero no recordó si contó por escrito los tormentos.
“No sé quién me torturó, estaba vendado. Los tormentos no me dejaron marcas”, señaló Di Santo.

Sin recuerdo por decretos
En un momento de la declaración, Carlos Aragonés fue consultado sobre los decretos firmados por Isabel Perón contra el accionar subversivo en el país. Allí, simplemente se limitó a responder: “No lo recuerdo”. En ese momento, Aragonés se desempeñaba como diputado nacional.