Declaró Baraldini

El ex jefe de la Policía pampeana Luis Enrique Baraldini se manifestó ayer “orgulloso” del accionar policial durante la última dictadura cívico militar en la provincia y se jactó de que en su gestión, “absolutamente nadie hizo una denuncia ante un juez por apremios ilegales”.
“En mis cuatro años de jefe de Policía nunca nadie, absolutamente nadie, ningún detenido hizo una denuncia por apremios ilegales ante un juez y funcionaba el Superior Tribunal de Justicia. Pasaron los años, vino el gobierno constitucional y surgieron las denuncias”, dijo Baraldini.
Además, señaló estar “muy satisfecho de realizar la tarea durante cuatro años” y agregó que “tenía toda la seguridad para que ello no ocurra (en referencia a los apremios), había médicos que revisaban a los detenidos y me daban una planilla diaria con cada situación”.
En el banquillo de los acusados, el ex militar indicó que durante la dictadura la policía “cumplió su función de vigilar y cuidar a las personas. Estoy orgulloso de lo que ellos hicieron. Se exponían día a día en defensa de la población pampeana y me sentía reconfortado, tenía una obligación moral con todos los pampeanos”.
Baraldini, que a los 79 años permanece detenido en la Unidad 4 de Santa Rosa, es señalado como ícono de la dictadura cívico militar y eje central de la represión que se instaló en La Pampa. Está acusado de manejar el grupo de tareas que cometió delitos de secuestros, torturas, vejámenes, asociación ilícita.
En la requisitoria de elevación a juicio, la fiscalía federal le adjudicó a Baraldini un rol “expresamente activo y ofensivo” alegando “lucha contra la subversión”, y se lo señaló como “el principal responsable de la Inteligencia, base fundamental” para las detenciones ilegales y las torturas en la represión en la provincia con el objetivo de “detectar y aniquilar la subversión”.
En la quinta jornada del juicio de la Subzona 14 II, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de La Pampa rechazó los planteos de nulidad presentados por la defensa de Baraldini, el único de los acusados que decidió ayer declarar en indagatoria por los delitos cometidos en perjuicio de 214 víctimas en la provincia.

La declaración.
En su intervención, el ex policía realizó un relato detallado sobre su participación en el Ejército y su vida en Bolivia hasta que fue capturado el 24 de diciembre del año 2011 en ese país, adonde permanecía en condición de prófugo de la Justicia argentina que lo buscaba tras eludir en 2010 el juicio de la Subzona 14 I, donde fueron condenados ocho represores.
En principio, Baraldini dijo que a partir de 1984 fue citado en varias oportunidades por autoridades judiciales y militares por denuncias de apremios ilegales, y que por último intervino la Corte Suprema para “declarar extinguida la acción”, aplicando las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
Recordó que en 1990 participó del levantamiento carapintada encabezado por Mohamed Alí Seineldín, y ante el fracaso del “motín” permaneció en cárcel militar por 12 años hasta que fue indultado en 2002, y se fue a trabajar a Bolivia como profesor de equitación hasta 2011 donde según dijo, fue detenido en forma ilegal.
Por otro lado, Baraldini contó que el 24 de marzo de 1976 fue designado Jefe de Policía e intentó despegarse del grupo de tareas que funcionaba en la Subzona 14, y que según los testigos lo tenía a Baraldini como jefe operativo de la aplicación de las medidas y respondía al Comando Militar.
Sin embargo, afirmó que “al ser nombrado, me desprendí orgánicamente de la Subzona Militar 14, mi jefe era el gobernador a través del ministro de Gobierno, que en un primer momento era el coronel D’Amico, hasta que le dieron el pase y murió acribillado en Buenos Aires por la subversión cuando llevaba a su hija a la escuela”.
“Es una mentira decir que La Pampa fue un lugar de descanso. No fue así, tuve mucho apoyo del Ministerio de Obras Públicas, entonces se estableció un cordón de seguridad y disuasivo en los límites provinciales, con los puestos camineros. No quería en virtud de la guerra revolucionaria que se daba en otras provincias que ingresaran grupos de subversivos”.

Un contador.
Además, Baraldini señaló para su gestión como Jefe de Policía cierto respaldo del gobierno ante la policía que tenía “muchas” necesidades: “El gobernador entendió los problemas y me hizo llamar a un contador, ya me voy a acordar el nombre… creo que después fue gobernador. El me dijo que me iban a dar ayuda en tres partes”.
Posteriormente, la policía recibió 18 chevys nuevas, patrulleros, borceguíes, camisas. El Ministerio del Interior además aportó 10 Falcon, 16 camionetas Chevrolet y tres ambulancias. “Con esa ayuda que me daba el gobierno pude encarar el trabajo”, manifestó.
Ante las preguntas de su abogado defensor Pedro Mercado, Baraldini insistió en que durante su gestión como titular de la policía “no hubo ningún desaparecido, ningún atentado explosivo ni contrabando de bebés como ocurría en provincias vecinas. La Pampa era una provincia tranquila”, donde agregó que “no había ningún centro clandestino de detención”.

No quieren asistir a las audiencias
El juicio de la Subzona 14 II llegó a su quinta audiencia y continuará el 26 de septiembre, donde el Tribunal en lo Criminal Federal de La Pampa deberá resolver un planteo de los abogados defensores para que los acusados asistan solamente a la audiencia cuando los testimonios tengan relación directa con los hechos por los que se los investiga.
Ayer, solamente el ex policía y ex militar Luis Baraldini declaró en la causa. Baraldini está detenido en la Unidad 4 de esta capital junto a Carlos Roberto Reinhart. Son los únicos dos que están en la cárcel. El resto de los imputados tienen arresto domiciliario o están en libertad.
Los imputados son el ex jefe de Policía de La Pampa y de Inteligencia del Ejército, Baraldini que tiene 214 acusaciones por delitos de lesa humanidad; el ex coronel y ex secretario general de la Gobernación, Néstor Omar Greppi, por 91 víctimas; el ex subcomisario Fiorucci, por 216 casos; el ex policía Reta, por 34; el ex oficial Néstor Bonifacio Cenizo, por 33; el ex policía Yorio, por 31; el ex oficial Reinhart, por 35; el ex oficial Hugo Roberto Marenchino, por 7 casos; el ex oficial Oscar Alberto “Miseria” López, por 23; el ex agente Orlando Osmar Pérez, por 31; el ex comisario Juan Domingo Gatica, por 26; el ex policía Miguel Angel Ochoa, por 4; el ex oficial Quinteros, por 4; el ex comisario Luis Horacio Lucero, por 1; y el médico Máximo Alfredo Pérez Oneto por 22 víctimas.
En la investigación de casos de secuestros y torturas contra 234 víctimas, se consideran los hechos ocurridos a partir de enero de 1975 y que continuaron durante el gobierno militar de facto, en el período comprendido entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983.

“No fue una guerra, fue un genocidio”, dijo Quartucci
El profesor Guillermo Quartucci, una de las víctimas de la dictadura cívico militar en la provincia, fue ayer el primer testigo en brindar declaración en el juicio de la Subzona 14 II y destacó que “aquello no fue una guerra, fue un genocidio, fuimos víctimas de barbaridades”.
“Jamás tuve un arma en mis manos. Nos pueden matar, pero las ideas perduran. Las ideas no se matan, como dijo Sarmiento. Aquello no fue una guerra, fue un genocidio, fue terrorismo de Estado. Fuimos víctimas de barbaridades y causas inventadas, situaciones que empezaron antes del golpe”, dijo Quartucci.
El docente contó en la quinta audiencia del juicio que se realiza en el Colegio de Abogados de Santa Rosa cómo fue secuestrado en medio del operativo del 14 de julio de 1976 en el Instituto Secundario José Ingenieros de Jacinto Arauz. Quartucci vivía en Bahía Blanca y viajaba a esa localidad a dar clases tres días por semana.
Aquel día, recordó, “llegué a Arauz para dar clases, en ómnibus alrededor de las 11 y cuando iba al colegio por la estación del ferrocarril un empleado me advirtió que había militares y policías, llevándose a profesores. Pese a este comentario, fui para cumplir con mi obligación”.
“Cuando estaba en la clase de historia ante 16 alumnos, abrieron la puerta dos uniformados con armas largas, y me sacaron, me metieron en un auto del gobierno de La Pampa, según la inscripción que tenía, me llevaron con los ojos vendados y con las manos atadas. Eran policías”.
Primero fue a la comisaría de Arauz, donde lo interrogaron “en principio en forma correcta” y después con golpes en el estómago, le gatillaron un arma en la cabeza y luego en el pecho, y fue “obligado a firmar una declaración sin poder leerla”.
Luego, Quartucci contó que fue trasladado vendado al Puesto Caminero junto al ingeniero Julián Angel Alvarez. “Reconocí la voz de Alvarez, cuando nos llevaban en un vehículo y pedí que me quitaran la venda porque me ardían los ojos. Y me respondieron: ‘para qué si en un rato con San Pedro allá no vas a necesitar nada’. Y Alvarez dijo ‘no, señor, no nos diga que nos van a matar’, ‘acá no estamos jugando pibe’, le dijeron”.
Según relató, en el Puesto Caminero, donde estaba alojado junto a otras tres personas, tenían una guardia que los controlaba y a la vez los insultaba. “Se oían gran cantidad de insultos, zurdos de mierda nos decían, en un momento nos manifestaron ‘ahora van a ver cuando venga el Gringo los va a fusilar’. Ahí decidí escaparme”.
“Logré sacar la mano izquierda de una de las esposas, me levanté la venda, vi que estábamos en una habitación oscura y venían una luz desde donde nos vigilaban. Saqué de mi abrigo, un gamulán, los lentes. En un momento, escuché un vehículo y decían ‘ahí viene el Gringo, los va a fusilar’. Ahí me decidí, abrí una puerta, y cuando empezaron a movilizarse y juntar unas cosas, aproveché una habitación vacía, donde había una ventana sin cortinas ni persianas. Salté, salí corriendo y me perdí en medio del campo. Eso fue el comienzo de este trayecto que me llevó caminando durante seis días hasta Bahía Blanca”.
Además, Quartucci explicó que “a partir de ese momento, la policía y los militares realizaron allanamientos en todos los domicilios de Arauz y chacras de la zona, rastrillajes, cortaron rutas, se hizo una circular interprovincial, se avisó a la policía de Bahía Blanca también”.
“Yo andaba caminando por el medio de los campos. Caminaba en la noche. En la segunda noche, vi venir dos vehículos por una calle de tierra con reflectores iluminando, me estaban buscando, pero me escondí en una cuneta bastante profunda y siguieron de largo. Me llamó la atención que nunca me buscaron con perros ni helicópteros. Entonces, llegué a Bahía luego de seis días, con 7 kilos menos, y la ropa toda rota”.
Para dar cuenta de la participación de Luis Baraldini y su dependencia con la Subzona 14, Quartucci señaló que “hay un documento de esos días”, donde Baraldini le dice en aquel momento al Comandante de la Subzona 14 (Fabio Iriart) que se realizó el operativo en Arauz, “tal como usted lo ordenó…”, es decir que “a pesar de ser jefe de Policía, el operativo fue encomendado por la Subzona. Fue un operativo militar”.

Marxistas.
“Fue un hecho traumático y causó mucho daño a los estudiantes y la comunidad. Inventaban cosas para demostrar que éramos marxistas”, expresó. Consideraban eso porque “había inscripciones soeces en los pupitres, los alumnos tenían pelo largo, y se leían textos de Borges, Cortazar y García Márquez. Eran cosas absurdas, decían que había una inclinación marxista. Los uniformados sembraron terror esos días en Arauz”.
El profesor también advirtió que el procedimiento se hizo por un informe de Inteligencia que había enviado a la Subzona 14 el CIN (Centro de Inteligencia Naval), como consecuencia de la denuncia de un grupo de “notables” de Arauz, y que sindicaba a una “célula de orientación marxista enquistada en el colegio, que corrompía la mentalidad de los jóvenes del pueblo”.
Ante una pregunta del fiscal general Alejandro Cantaro, en 2004, según dijo, se reencontró con el rector (Carlos) Samprón (también fue secuestrado y torturado) quien le contó que el ‘Gringo’ que había llegado para fusilarlos era Fiorucci, “pero lo que dijo me quedó muy ambiguo”, sostuvo.
Además, manifestó que luego del operativo, Iriart y Baraldini fueron homenajeados con un asado “por los vecinos notables” del pueblo. “Por fin se habían sacado de encima a los molestos rojos. No lo tengo verificado, pero supongo que el asado de festejo se habría realizado en la casa de Ricardo Rostán, quien era el que más fogoneaba este tema”.
Por último, Quartucci aseguró que el “el operativo fue encabezado por Baraldini” y detalló las situaciones que atravesó en su exilio en México donde se dedicó a la investigación de la literatura japonesa.