Democratizando el espacio

El responsable del proyecto, Emiliano Kargieman, habló con Radio Noticias después del lanzamiento desde el desierto de Gobi, en China, y dijo que el costo de estos satélites es “diez mil veces menor” al de los tradicionales. El próximo también tendrá un nombre especial, “Manolito”, por el personaje de Mafalda.
Tras su exitoso lanzamiento el viernes a la madrugada, el nanosatélite argentino “Capitán Beto” está en su órbita a 150 kilómetros de altura y ya hizo las primeras transmisiones. Este desarrollo íntegramente nacional permitirá a universidades, laboratorios y empresas acceder a una tecnología hasta ahora limitada a los gobiernos o grandes corporaciones.
“Esto representa la ‘democratización del espacio’ porque el costo de un satélite de este tipo es muy inferior, mil o diez mil veces menor al costo de uno tradicional”, explicó a través de Radio Noticias, Emiliano Kargieman, líder del proyecto de construcción del nanosatélite Capitán Beto y del que le seguirá en poco tiempo, “Manolito”. “Algo que antes solo lo podían hacer las grandes empresas o gobiernos con mucho soporte tecnológico por detrás, ahora está al alcance de mucha más gente”, graficó el joven ingeniero.
Capitán Beto es la avanzada de esta tecnología, desarrollada por científicos y técnicos argentinos, financiada por el Ministerio de Ciencia e Innovación Productiva, y concretada en el ámbito de la empresa estatal rionegrina Investigaciones Aplicadas (Invap). Su función principal es verificar su comportamiento una vez en el espacio exterior.
Kargieman confirmó que fue su amor por el rock nacional y su admiración por Luis Alberto Spinetta lo llevó al equipo de trabajo a bautizar al pequeño ingenio con el nombre de uno de los temas más poéticos del cantautor argentino, fallecido cuando el proyecto daba sus primeros pasos.
“Ahora está haciendo sus primeras vueltas a la Tierra, estamos recibiendo señales y monitoreando que estén bien todos los sistemas”, comentó durante la entrevista. El próximo paso será transmitir las imágenes que tome con su cámara fotográfica -uno de los tres equipos a bordo del satélite-, información que servirá para su adecuada orientación.
“Después vamos a empezar a jugar con algunos de los componentes que tiene la plataforma, básicamente para hacer demostración tecnológica, porque lo que vamos a hacer con este satélite es verificar el funcionamiento de la tecnología que estuvimos desarrollando”, explicó el joven.

Pequeño.
El “Capitán Beto” se considera un nanosatélite porque “es chiquito, pequeñito”, al punto que sólo pesa 2 kilos, explicó Kaigerman. Su altura es de 20 centímetros y tiene 10 centímetros de lado. Los satélites tradicionales tienen el tamaño de un auto a un camión, y su peso oscila entre 2 y 3 toneladas.
Para ponerlo en órbita, indicó, se contrató un cohete chino que se lanzó desde una base en el desierto de Gobi. “El cohete tiene la función de llevar el satélite hasta 150 kilómetros de altura y dejarlo girando a una velocidad de 27.000 kilómetros por hora”, detalló. Cuando llega a esa altura, se abre la caja que transporta al satélite y con un pequeño empujón sale al espacio exterior.
Kaigerman contó que el control de control del pequeño satélite se encuentra en una sala del edificio principal de Invap. Allí estuvieron él y sus colegas siguiendo paso a paso el proceso de lanzamiento. Cuando el satélite estuvo, exitosamente, en órbita, llegó el momento del festejo. “Fue muy cinematográfico”, aseguró para reflejar cómo todos se fundieron en un abrazo atrás de otro, sin poder contener la alegría del momento.

Dos décadas de tecnología.
Emiliano Kargieman, conocido por sus amigos como “EK”, lleva dos décadas construyendo tecnología. A los 19 años cofundó Core Security Technologies, donde desarrolló el primer software automatizado de tests de penetración, ganando la confianza de multinacionales y agencias de seguridad de Estados Unidos (Apple, Cisco, Homeland Security, NSA, la NASA, Lockheed Martin y Darpa). En 2010, luego de una temporada en el parque de tecnología de NASA Ames, fundó Satellogic con el objetivo de democratizar el acceso al espacio. Sus hobbies a los 37 años son leer, escribir, jugar ajedrez y practicar deportes (actualmente snowboard).