Discos de vinilo: románticos del sonido

HISTORIAS DE VIDA Y BUENA MUSICA EN LA FERIA DE DISCOS

Feria del vinilo en el Social Bar Club.

Entre la nostalgia y la melomanía, se mueven los amantes de la música en discos de vinilo, un formato que regresa cuando el Spotify parece haberse tragado toda la música. Ayer, en un bar de la ciudad, se realizó una feria que tuvo al disco como protagonista.
“Esto es un fetiche. No hay otra explicación. El coleccionista es alguien que ansía algo imposible, volver el tiempo atrás. Quiere conservar un momento en el que piensa que fue feliz, quizás joven. Es alguien que siempre está pensando en volver”. Después de pasar 12 años en un videoclub, de haber visto el auge y el ocaso del VHS, y ser coleccionista de muchas cosas, Ezequiel tiene definiciones precisas sobre el mundillo de los discos de vinilo, conoce a la perfección el valor del pasado y los objetos que lo sobreviven. Un ejemplo: pese a que tiene más de 30 años, atesora juguetes de Star Wars en sus cajas originales (que nunca abrió).
Ezequiel es uno de los 10 vendedores de discos que participaron ayer en la Feria del Vinilo que se celebró en el Bar Social en medio de un ambiente en el que escuchó buena música y se respiró el olor que tenía la música antes del disco compacto: el cartón, la humedad que absorbe con los años el cartón. No solo participaron santarroseños, también hubo gente de Bahía Blanca, Cipolleti, Sierra de la ventana y Neuquén.
“Con respecto a los discos pienso que hay una necesidad de salir de la Internet, de volver al cartón y al plástico. De tocar un disco. Los pibes no pueden tocar los giga bites”, agrega Además de una caja con vinilos (que cuestan entre $100 y $600) Ezequiel trajo cajas con CD,s, DVD,s, algunos libros y casetes de VHS. Entre esas cosas está, inmaculado, un box edición limitada con las 5 primeras películas de Rocky. El único inconveniente es que las pelis están en VHS y la videocasetera no está a la venta.

El hacedor.
El primer disco que compró Miguel Benítez fue un simple de Piero. Lo recuerda como si fuera hoy. Después -dice- unos primos de Corrientes le hicieron escuchar a Hendrix, a Deep Purple, y Color Humano y entonces se fanatizó con la música y los discos. En pocos años ya tenía una buena cantidad de vinilos. Hoy, a sus 59 años, el hombre que hace 15 años abrió una disquería con sus propios álbumes, dice que el sonido del vinilo es superior al del CD y que hay una moda con los discos pero que también hay chicos que se cansaron de bajar música, que quieren el objeto físico.
“En todos estos años en La Cueva -así se llama la disquería- me desprendía de cosas que hoy me lamento. Pero estas ferias sirven para eso, para intercambiar, para recuperar cosas perdidas”, dijo Benítez, organizador de la feria, que además tiene dos programas de radio en emisoras de Santa Rosa y Toay.

Dueño del ritmo.
Silvio Rech pasó la mitad de su vida detrás de una bandeja. Musicalizó fiestas de cumpleaños y estuvo dentro del circuito electrónico en las discos de Buenos Aires. Ahora -dice- hace su música propia mezclando discos y computadoras. Es de los que creen en que la tecnología amplió las posibilidades del sonido, pero disfruta de manipular discos.
“A mí me gusta la manipulación que te permite el vinilo, saber que lo tenés en la mano y que no todo sale de ceros y unos (el sistema binario de decodificación que utilizan las computadoras). Hoy vengo por curiosidad, no consumo música retro pero algo siempre se puede encontrar. Vi algo de Depeche Mode que me interesó”.

Ingeniero del sonido.
Pablo tiene 44 años, es ingeniero en Petróleo, y como la mayoría de los que están en la feria, es un apasionado del vinilo. Lo que no quiere decir que tenga muchos, ni que venda en cantidad. No. En su casa de Cipolletti guarda una colección personal de 150 discos y otros 200 con los que se dedica a recorrer ferias del valle. Su hobby consiste en comprar y vender para, alguna vez, juntar los discos que quiere conservar.
“La gente que viene acá tiene más de 35 años. Yo diría que esto de los discos no es un fetiche, es más bien algo romántico. Antes un disco se escuchaba distinto. Te juntabas con tres o cuatro amigos, ponías un disco y lo escuchabas entero. No es como ahora que ponés Spotify en el teléfono o te descargas la discografía entera de un tipo en unos minutos”, dice el ingeniero que llegó con su mujer a Santa Rosa para vender discos, libros y revistas metaleras. “Mi primer disco fue Concert, de The Cure. Todavía lo tengo y lo escucho. Este ambiente, el de los discos, es una pasión, solamente puede entenderla gente que vivió, alguna vez, la felicidad de tener y escuchar un disco”.

De Mataderos para el mundo.
A principios de este año, el Grupo Laser Disc, compañía que tiene su planta en el barrio porteño de Mataderos y replica CD y DVD, comenzó a fabricar vinilos. Con dos prensas para crear discos producirán 40 mil unidades por mes.
“Hubo problemas y dudas, además de una larga lucha para conseguir las máquinas, pero ya estamos en el tramo final de la terminación de la fábrica. Esto es más sencillo que hacer un CD. Es mecánico”, dijo Nicolás Muscó, gerente general de Grupo Laser Disc. Y agregó que la inversión para llevar adelante esto es de “cerca de un millón de pesos”.
En el país ya existía Hallo Discos, un emprendimiento que cuenta con una elaboración más artesanal y no pensada en escala industrial. Por el momento, están en negociaciones con los principales sellos discográficos para empezar a producir.
Además, Laser Disc apunta a conquistar clientes en la región, sobre todo Chile porque Brasil tiene dos fábricas, “una en Río de Janeiro y otra en San Pablo”. Pero lo que no pudo asegurar Muscó es que al ser de fabricación nacional, los vinilos estén más baratos.

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