El arte de rapear: los payadores urbanos

Las “batallas” se hacen de uno contra uno o en parejas. Cada uno tiene determinado tiempo y el secreto del éxito es el estilo y la improvisación, el poder de descargar palabras certeras en la cara del rival para que convenzan al público y al jurado.
“Me bardean por lo gordo pero eso habla ¡mal de vos!”, dispara el chico robusto en la cara de su rival y el público estalla en una ovación. Acaba de acertar su mejor golpe y eso lo envalentona para seguir. Enfrente, a solo centímetros, la cabeza de otro adolescente va a mil improvisando la respuesta que tardará solo segundos en llegar. Es rap en estado puro, una batalla que no es de fuerza sino de creatividad e improvisación, las claves de uno de los componentes de ese arte callejero que es el hip hop y que, en Santa Rosa, tiene cada vez más cultores.
El salón de la Editorial Voces de la CPE fue escenario ayer de la “Underground Fest”, un encuentro que reunió a las distintas vertientes del hip hop: el rap, la música, el baile y los grafitis. Lo más atractivo de la tarde fue la competencia de Freestyle de dos contra dos, chicos que cara a cara compiten para ver quien rapea mejor, como los clásicos payadores gauchescos pero con un estilo un poco más áspero y desafiante.
La jornada fue auspiciada por la Cooperativa Popular de Electricidad (CPE) y también tuvo bandas en vivo como OFC Crew, 629, A15 y Antiazul Crew. Además hubo una exhibición de Beatbox, un formato musical que se basa en la habilidad de producir beats con la boca.
“El formato es más o menos el mismo que el del payador, en el caso del rap también es una forma de comunicación porque por ahí te juntás con un grupo de amigos en la calle y contás tus cosas rapeando. Más allá de que puede resultar agresivo por algunas palabras lo más importante es hablar con estilo, demostrar tu originalidad y tu poder de improvisación”, contó Agustín, de 18 años, un chico que empezó a rapear hace unos dos años y que ayer también fue el encargado de confeccionar los premios: dibujos de mucha calidad prolijamente enmarcados.
Cuando se habla de “batalla” se hace referencia a los chicos que rapean frente a frente. El freestyle (estilo libre) es una versión libre del rap en la que el MC (rapero) improvisa lo que dice con las rimas como aliadas, el recurso lingüístico clave en las letras del hip hop. Cada MC las usa de una manera diferente, tanto en su sonoridad como en la ubicación. En las batallas muchas veces el tono llega a lo agresivo, aunque nunca pasa el límite de las palabras y de las miradas desafiantes.

Payador.
En el encuentro en la CPE las batallas fueron de dos contra dos. Cada uno tenía 40 segundos para rapear y al final de la ronda con los cuatro competidores el jurado decidía el ganador o bien si había una “réplica”, una segunda vuelta de dos minutos hasta decidir qué pareja pasaba de ronda.
El jurado estuvo compuesto por dos jóvenes raperos locales y por Facundo Martínez, un payador de 19 años que vino especialmente desde Uriburu con su vestimenta típica de gaucho, un estilo que resaltaba claramente entre las decenas de gorritas, buzos con capucha, pantalones chupines y zapatillas skaters.
“El encuentro se convocó por el Facebook y por las redes sociales y yo me prendí enseguida para venir. Me encantan las batallas de rap, tienen muchas similitudes con las payadas y está muy bueno que los chicos tengan también este canal de expresión a través del hip hop”, le dijo Facundo a LA ARENA.

rap

En la calle.
El hip hop es un arte netamente callejero. Nació en los años ’70 en los barrios marginales de New York de la mano de jóvenes latinos y afroamericanos que encontraron en las rimas y en la música de rap una forma de expresión que, en poco tiempo, se expandió por todo el mundo.
En la Argentina hay miles de cultores y en los encuentros donde hay batallas, también conocidas como “Batallas de Gallos”, mueven multitudes y cuentan con sponsors internacionales para un circuito que reúne a artistas de todo el mundo. En Santa Rosa, la movida es mucho más austera pero también numerosa, en plena expansión. Cada sábado los chicos, y también algunas chicas, se juntan en la plaza San Martín o en las escalinatas de la Universidad y allí desgranan sus rimas o sus pasos de baile a través del break dance, ese estilo que Michael Jackson popularizó en todo el planeta en la década del ’80.
“El hip hop es un arte de la calle, es cierto que es mirado un poco de reojo y no se lo valora como tal porque justamente se vive en la calle, pero si te quitás los prejuicios ves que es un arte con imaginación y creatividad. Es un movimiento artístico y una forma de vivir. Para nosotros es una forma de vida, una vez que te enganchás no lo soltás más”, aseguró Agustín, que también se animó a un “cara a cara” con micrófono en mano y gestos desafiantes.

Códigos.
Las batallas generan un atractivo especial. Los raperos se ponen cara a cara y se mueven como boxeadores nerviosos adentro de un cuadrilátero, un ring donde las cuerdas es el público que grita por sus favoritos. Mientras uno lanza sus palabras el otro ya está procesando en su cabeza lo que va a contestar. El arte pasa por saber recibir los golpes al tiempo que contestar de la mejor manera, porque en el caso del rap no siempre gana el más fuerte, sino el más creativo y el de mejor improvisación. Palabras que puedan dar en el mentón para que el otro tambalee o directamente muerda la lona.
“Acá los códigos se respetan siempre, podés escuchar palabras fuertes o algún insulto pero apenas termina la batalla el saludo está siempre”, resaltaron los organizadores. Y es así, al final de cada batalla el saludo y el abrazo entre rivales no dan lugar a ningún tipo de agresión más que las pueden producir las palabras.

Candidatos y sorpresas.
En las batallas también hay sorpresas. Los David que vencen a Goliat. Llega el turno de MC “Musa” y ya desde la presentación se nota que es uno de los más conocidos de la escena. Es favorito y lo sabe. Tiene una remera que lo identifica y un compañero que lo sigue de la mejor manera. Enfrente, un carilindo rubio, un Justin Bieber santarroseño junto a otro flaquito de ojos celestes. Y “Musa” arranca con rimas que afirman que se los va “a comer crudos”. Pero los rubios sorprenden a todos y meten contragolpes que pegan fuerte en el orgullo del candidato: “Podés rapear con palabras que pegan, pero, me parece, Musa, te la estás creyendooo”. Después de una réplica pedida por todos el jurado, en fallo dividido, le da el pasaje a Goliat, aunque los “David” se van con la cabeza en alto y la felicitación de la masa.
Una base musical de rap es la cortina que se utiliza para la metralleta de palabras. En la tarde rapera hubo adolescentes de un promedio de 12 a 22 años y llegados desde diferentes barrios y zonas de la ciudad. Allí se juntan las clases sociales y se derriban los prejuicios aunque, claramente, todos están en la misma sintonía y con intereses parecidos.
“El rap es vivir el día a día, andar en la calle, conocer a la gente, es una cultura netamente urbana y por eso muchos chicos se acercan, porque si no es rapeando tienen otras vías para expresarse como el baile, con la música o con los grafitis. Y todas esas cosas que vos vivís en la calle te dan letra para el rapeo, para animarte y decir lo tuyo frente a la gente”, explicó Agustín.

En movimiento.
La escena hipo hop se consolidó en la Argentina en los últimos años. El movimiento evolucionó hasta otras vertientes y así aparecieron nuevas expresiones que rompen con la cuadratura básica del género. Por eso surgieron artistas con una identidad propia que mezclan con otros estilos, como la cantante Paz Ferreyra al frente de su grupo Miss Bolivia, que este año tocó por primera vez en Santa Rosa y su recital fue una muestra de que esa combinación ofrece excelentes resultados.
“El hip hop es calle, es movimiento, por eso siempre hay lugar para cosas nuevas. Y acá cualquiera puede participar, es cuestión de animarse, solo hay que tener algo para decir”, señaló Agustín mientras preparaba la garganta para su “batalla”, esa que se libra cara a cara y en la cual, los puños, son las palabras.

Pasión de multitudes.
Hace unas semanas atrás más de 8 mil personas se reunieron en el estadio cubierto de Tecnópolis para vivir la final de la “Batalla de Gallos”, la competencia de rap más importante de habla hispana. Sobre el escenario estuvieron los mejores haciendo gala de la improvisación, el ingenio, la picardía, la velocidad mental, el manejo del lenguaje y los nervios de acero que implican estar frente a una multitud rugiendo.
El certamen fue seguido por más de 600 mil personas en directo a través de streaming (reproducción en continuo) y el ganador fue “Papo”, alias rapero de Alejandro Lococo, un marplatense de 24 años que se quedó con la corona máxima de un campeonato cuyo lema fue “Muchos hablan. Pocos riman. Los mejores improvisan”.
Fue la décima edición de esa competencia que es auspiciada por una bebida energizante multinacional y entre el jurado estuvo el campeón internacional Dtoke (seudónimo de Gastón Serrano, 30 años), una estrella latinoamericana cuyos duelos más legendarios (contra el español Arkano y contra el chileno Stigma) rondan los 13 millones de vistas en la red social de videos YouTube.
En los últimos años en la Argentina se registró un crecimiento explosivo de esa subcultura urbana que es el hip hop. Y las redes sociales cumplen un papel fundamental en una movida que nace en el cemento callejero y se multiplica en pantallas y videos en dispositivos móviles, todo un signo de época que desde las grandes ciudades se expande hacia las más chicas, como sucede con la capital pampeana, donde el rap ya tiene su propio espacio.

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